Psicología y coaching; ¡Qué no te engañen!

Psicología: según la RAE, se refiere a la ciencia o estudio de la mente y de la conducta en personas o animales. A esta definición se añaden otras, sobre las que me gustaría destacar la siguiente: “manera de sentir de un individuo o de una colectividad”. El diccionario Oxford añade una definición más práctica: “Capacidad para conocer el carácter de las personas y comprender las causas de su comportamiento”.

Y el psicólogo, según la RAE, es el especialista en psicología. O aparece como adjetivo para quienes cuentan con una “especial sensibilidad para el conocimiento del comportamiento humano”.

Por el contrario, cuando nos dirigimos a buscar la palabra Coaching, no aparece en la RAE. De hecho, no aparece en ningún diccionario en español, por lo que para definirlo me basaré en las definiciones que realizan algunos autores relevantes en la materia:

Para T. Gallwey se trata de un arte, “el arte de crear un ambiente a través de la conversación y de la forma de ser, que facilite el proceso por el cual una persona se moviliza de manera exitosa para alcanzar sus metas”.

Para J. Whitmore sería algo así como una técnica para ayudar a una persona a pensar por sí misma, a descubrir su potencial.

Las personas encargadas de realizar coaching son llamados Coach, para esto la RAE si tiene definición (traducida del inglés), “Persona que asesora a otra para impulsar su desarrollo profesional y personal” o también lo define como un entrenador.

Bien, por el momento las diferencias son abismales. La psicología es una ciencia llena de técnicas y el coaching una sola técnica. Vamos a adentrarnos en más aspectos.

Dentro de la psicología, un pilar básico es lo que llamamos la “alianza terapéutica”, ese ambiente inicial que se crea con el paciente, a través de la conversación. No todos los psicólogos consiguen realizar esta alianza adecuadamente con sus pacientes o clientes, esto puede suceder por varios motivos, pero eso no es lo importante. ¿confías en un fisioterapeuta o un médico que no “te cae bien”, que crees “no sabe mucho sobre lo que te ocurre”, o que no te está ayudando a solucionar aquello que te molesta actualmente? La respuesta probablemente es no, con los psicólogos pasa lo mismo.

No todos los psicólogos pueden ayudar a todas las personas, cada uno es especialista en su área y por su forma de ser podrá ayudar o no a una serie de personas.

Otro aspecto clave de la psicología que me gustaría aclarar es que no solo soluciona problemas, las funciones de la psicología son mucho más amplias. Las áreas clínica y sanitaría son las más dedicadas a la solución de problemas, pero muchas otras áreas de psicología, e incluidas las anteriormente mencionadas, trabajan sobre todo para impulsar el desarrollo de las personas, su potencial.

Desde la psicología aplicada, en un gran porcentaje de ocasiones, se trabaja para el aumento del bienestar y el rendimiento de la persona. El desarrollo y el proceso de cambio son fundamentales en la intervención psicológica, es decir, ir al psicólogo no es “malo”, no tiene por qué haber un problema grave.

Ahora mismo siento que en pocos párrafos he desmontado la utilidad del coaching, y tampoco es esa mi intención. Como psicóloga he decidido formarme en coaching, ya que considero que no son enemigos, ni tienen por qué estar reñidos.

Mientras que el coaching es una técnica, una herramienta que facilita el proceso de cambio de la persona, mediante la conversación, las preguntas, la reflexión, y dando gran importancia a las emociones de la persona, la psicología cuenta con cientos de técnicas diferentes. Incluso podríamos decir que el coaching es una de ellas. También existen otras técnicas más tradicionales (y directivas) totalmente en la línea opuesta.

Con esto quiero decir que el coaching no sirve para todo ni para todos, será útil a aquella persona que esté dispuesta a llevar su proceso de cambio guiada por esta técnica. Tampoco todas las técnicas de psicología y todos los psicólogos podrán ayudar a todas las personas, pero si es cierto que, buscando el profesional adecuado, este contará con un mayor elenco de técnicas que podrá utilizar para ayudarnos a mejorar, a cambiar, a solucionar un problema, o a aumentar nuestro bienestar general. Antes de pedir ayuda, busca a la persona más adecuada a tus necesidades, aumentarás las probabilidades de éxito.

Para acabar me gustaría dedicar unas palabras, tanto a aquellos que vienen de otras profesiones y ayudan a algunas personas mediante la técnica del coaching, como a mis colegas de profesión, los psicólogos:  por favor, y por el bien de nuestra profesión, sed responsables con las personas a las que ayudáis, sed coherentes y sabed hasta donde podéis llegar. Es mejor decir “hasta aquí puedo llegar” y derivar a otro profesional, que continuar por miedo o inseguridad y perjudicar a la persona que depositó su confianza en nosotros.

 


Lara Jiménez
Nº Col. CL-4751

La magia del control

La magia existe.

Los elefantes vuelan.

Las matrículas se cuentan.

Los azulejos se saltan.

Y de todo esto, tú, puedes ser el director de orquesta.

En la lógica del Trastorno Obsesivo Compulsivo se puede controlar la existencia.  Esta es la gran trampa a la que se exponen casi el 1,6 por ciento de la población.

El trastorno obsesivo compulsivo es una enfermedad de curso crónico caracterizada por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son ideas no deseadas por la persona que inundan la conciencia y que suponen un estrés continuo; las compulsiones son los actos, las acciones formales diseñadas para neutralizar  o impedir  el malestar o algún acontecimiento temido.

Es fácil si recordamos al gran  Jack Nicholson en Mejor imposible con su juego de cubiertos desechables para no usar los mismos que otros clientes. La obsesión, en este caso, sería contaminarse y la compulsión utilizar siempre los cubiertos dispensables para evitar ser infectado.  Lo veíamos también alineando perfectamente sus zapatillas de andar por casa  y haciendo un gran esfuerzo por no pisar las líneas del suelo.

Un aspecto clave de cómo la mente construye esta prisión es que, en el proceso de desarrollo de un trastorno  obsesivo compulsivo, existen regularidades. Subyace una estructura lógica de pensamiento que en un principio ayuda al sujeto a aliviar la angustia provocada por lo desconocido, o como llamaría Giorgio Nardone en su libro sobre Obsesiones, compulsiones y manías; la tiranía de lo absurdo.

De hecho, entre las motivaciones fundamentales que activarían pensamientos y acciones compulsivos, una de ellas  consiste en la exacerbación de procesos de razonamiento racional hasta hacerlos completamente irracionales. “De lo lógico se llega, por exceso, a lo ilógico “ (Obsesiones, compulsiones, manías de Giorgio Nardone con Claudette Portelli)

El control actúa como una fuerza potente, una forma de combatir la angustia o los síntomas depresivos que frecuentemente acompañan a esta patología. “Si controlo todo, no podrá sucederme nada horrible o peligroso”. Sin embargo,  cada vez supone más esfuerzo y más dedicación y el trastorno acaba siendo uno de los más invalidantes en salud mental. El TOC influye en la vida del paciente y en la de su entono. Las obsesiones tienen un gran impacto negativo en las relaciones interpersonales y en la calidad de vida.  Los pacientes consumen mucho tiempo y esfuerzo en sus rituales y compulsiones para asegurarse de que no sucedan de las temibles consecuencias que imaginan.

La siguiente historia, contenida en el libo El arte de amargarse la vida de Paul Watzlawick, refleja con mucho humor el proceso obsesivo.

En ella, una persona aplaude de forma sistemática para espantar a los elefantes. El compañero, que presencia la escena, le recuerda que es poco probable que aparezcan elefantes en Nueva York a lo que nuestro protagonista contesta, “¿Ves? Porque los he espantado con las palmadas”.

Existen varios tipos de TOCs  ; lavadores, limpiadores, verificadores, somáticos e hipocondríacos. Repetidores, ordenadores, acumuladores, ritualizadores, numerales etc.   A su vez, las obsesiones pueden ser sobre la salud y apariencia física, contaminación, filosóficas y religiosas, de contenido agresivo… Paco León nos muestra algunos en su película TOC TOC, donde él interpreta a un taxista cuya obsesión es contar (toc numeral), Rossy de Palma representa al tipo verificado y repetidor y Alexandra Jimenez al TOC limpiador.

¿Se puede diagnosticar? ¿Se puede tratar?

Sí y Sí.

Pueden existir dificultades para diagnosticar el TOC porque los pacientes guardan secreto sobre sus síntomas o porque tienen una baja conciencia de enfermedad.  Además,  los síntomas obsesivos son, con frecuencia,  muy reforzados en ambientes laborales.  El punto estable de la sociedad reside en las obsesiones. Las personas con TOC pueden ser muy perfeccionistas, trabajadores muy disponibles y excelentes cumplidores. Sin embargo, en el estudio de Hollander y cols se contemplaba  que un cuarenta y  siete por ciento de las personas diagnosticadas con TOC tenían interferencias en el puesto de trabajo y el cuarenta por ciento presentaba una imposibilidad  de trabajar.

El tratamiento psicológico es el de elección  y consistirá en informar al paciente y a sus familiares y enseñar a modificar la respuesta a las obsesiones. Para esto, estamos nosotros.

Por último, y con la promesa de que es la última vez que cito a P. Watzlawick, Lo malo de lo bueno es una obra que versa sobre cómo aceptar la incertidumbre como parte de la vida cotidiana y lo necesario de actuar sin saber todos los detalles.

Y en lo bueno de lo malo, este extracto del  magnífico poema de Neil Hilborn “ OCD”:

“Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo en realidad no tienes momentos callados.

Incluso en la cama, estoy pensando:

¿Cerré las puertas? Sí.

¿Me lavé las manos? Sí.

¿Cerré las puertas? Sí.

¿Me lavé las manos? Sí.

Pero cuando la vi, la única cosa en la que pude pensar fue en la curva de sus labios”.

 


Laura Martínez
Nº Col. AN08993

 

¿Cuándo acudir a un sexólogo?

Actualmente la figura del sexólogo es desconocida para la mayoría de la población. La sexualidad continúa siendo un tema tabú para muchas personas en la sociedad de hoy en día, y es por ello que la gente omite hablar sobre ello si aparece alguna dificultad en ese ámbito, ya sea por vergüenza y pudor, por desconocimiento, etc.

Sin embargo, la sexualidad es un pilar básico en la vida y el bienestar de las personas. Además, la sexualidad no es algo que permanezca estático a lo largo de los años: es dinámica, cambia y evoluciona durante toda la vida, por ello se puede decir que no hay una única sexualidad, ni si quiera dentro de una misma persona. Podemos definir la sexualidad como una capacidad que todos tenemos, que podemos desarrollar y que es el resultado de todo lo que somos: nuestra sexualidad depende de nuestra historia de vida, en ella influyen tanto nuestra biología y nuestra personalidad como nuestra cultura, nuestra educación, etc.

Afortunadamente, los medios de comunicación están empezando a visibilizar esta profesión, pero en muchas ocasiones se muestra al sexólogo como aquel profesional que se dedica exclusivamente a dar consejos para disfrutar más de nuestra sexualidad, es decir, solamente hace hincapié en el placer que se puede obtener mediante la sexualidad. Y aunque esa es una parte importante de nuestro trabajo, un sexólogo sirve para muchas cosas más.

No podemos olvidar que la Sexología es una rama de las ciencias de salud, por lo que los sexólogos son profesionales que velan por la salud sexual de las personas, y esto abarca tanto la esfera física como la mental y emocional.

Para facilitar la accesibilidad de la población a estos servicios es necesario conocer qué ofrece un sexólogo, por lo que continuación se mencionan algunas de las muchas labores que puede desempeñar:

  • Da información adecuada:

“¿Es normal que solo me excite si mi pareja lleva tacones puestos?”

“¿De qué forma me afectará haber llegado a la menopausia?”

“Me han diagnosticado una enfermedad de transmisión sexual, ¿qué es?”

“Siempre me han dicho que si me masturbo me quedaré ciego y me da miedo que ocurra”

En ocasiones hay dudas sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad que nos inquietan y que si no se resuelven a tiempo pueden crear situaciones más complicadas de solucionar.

El profesional de la sexología también puede desmitificar algunas creencias que habitualmente pasan de boca en boca debido al tabú que existe sobre la sexualidad y a que muchas veces se recurre a fuentes poco fiables para resolver las dudas que pueden aparecer y  que no nos atrevemos a preguntar.

 

  • Aconseja y educa en sexualidad:

¿Qué método anticonceptivo sería el adecuado para mí?”

“Mi hijo con discapacidad intelectual se masturba mucho, ¿qué podemos hacer?”

“Ha llegado la hora de hablar con nuestra hija de sexo, ¿cómo lo hacemos?”

“Mis amigos dicen que si cae semen en mi ropa interior me puedo quedar embarazada”

Hay situaciones en las que no tenemos muy claro qué podemos hacer o qué opciones tenemos, generalmente por la falta de información que hay. Un sexólogo puede ayudarnos a resolver todas esas cuestiones en las que no sabemos muy bien cómo actuar.

 

  • Realiza terapia sexual:

“Soy incapaz de llegar al orgasmo”

“Me quitaron un pecho y no me siento atractiva ni deseable, evito el sexo”

“Nací en un cuerpo que siento que no me corresponde”

“Hace unos años sufrí acoso sexual y desde entonces no me atrevo a tener relaciones”

El profesional de la sexología puede realizar terapia cuando aparecen disfunciones sexuales, es decir, aquello que nos impide tener una relación sexual satisfactoria. Las más conocidas son la eyaculación precoz, la disfunción eréctil, un bajo deseo sexual…pero puede ser cualquier cosa que no permita que disfrutemos de las relaciones sexuales (autoestima, culpa…).

La terapia sexual también es útil en casos de adicción al sexo, de acoso o abusos sexuales, puede ser parte de una terapia de pareja, en casos en los que alguna medicación puede interferir en la vida sexual…etc.

Es decir, la terapia sexual es recomendable siempre que haya algo que nos incomode o no nos permita sentirnos satisfechos con nuestra sexualidad, no sólo con aquella que se reduce a los genitales, si no a todas sus dimensiones (emocional, cognitiva, sensorial, biológico, social…).

Esto ha sido solo una presentación muy resumida, estas y muchas otras cosas pueden solucionarse con la ayuda de un profesional de la sexología, que posiblemente también esté formado en psicología o medicina, por lo que brindará una atención adaptada a las necesidades de cada paciente.

Y ahora que conoces esta información….¿podemos ayudarte en algo?

 


Libertadl Clemente
Nº Col. CL-4218

Terapia psicológica vs terapia farmacológica

Que en España el nivel de antidepresivos y ansiolíticos haya llegado a impregnar los ríos (literalmente) hasta el punto de que de un tiempo a esta parte se esté estudiando el impacto de los restos de estas sustancias (que navegan desde las aguas residuales hasta diversos ecosistemas) no es una casualidad, y es que nuestro país es líder en Europa en el consumo de psicofármacos, y uno de los países con la tasa más alta de receta de ansiolíticos -¡atención!- del mundo.

Poca duda cabe de la popularidad, generalización y expansión de este tipo de fármacos, siendo cada vez más frecuente tener un familiar, un/a amigo/a, un/a conocido/a, o ser un/a mismo/a quien hace uso de ellos, a menudo, bajo la receta del médico de cabecera correspondiente. A excepción de algunas ciudades o comunidades autónomas en las que se está incluyendo la figura del/la psicólogo/a en atención primaria lo cierto es que lo más habitual es que no se produzca derivación a un especialista o que en última instancia se llegue a psiquiatría, no siendo todo lo frecuente que debería el poder acceder a otro tipo de soluciones a menudo más efectivas a largo plazo, como la psicoterapia o terapia psicológica.

Lo cierto es que muchas de las personas que reciben este tratamiento con fármacos acuden en algún punto a consulta psicológica, pero ¿porqué estando recibiendo ya un tratamiento precisan de una alternativa?, ¿cuáles son las limitaciones de la psicofarmacología?, ¿cómo tomar una decisión respecto a cuál es la mejor opción para mí si no hay un consenso en la comunidad científica?

Si actualmente tomas o has tomado alguna medicación, quieres dejar de tomarla después de mucho tiempo o si te estás planteando en la actualidad a qué profesional deberías acudir este post te interesa.

 

Psicofármacos: ni la panacea ni el demonio.

La psicofarmacología, en algunos casos, resulta útil, pero no es infalible: una ayuda, un empujón…una pequeña muleta. El problema de las muletas es que no caminan solas, es la persona la que debe recorrer el camino, un antidepresivo puede procurar que mi estado de ánimo esté un poco mejor, pero si nada más cambia en aquello que me ha llevado a la depresión eso no logrará que deje de sentirme deprimida.

La psicofarmacología, en algunos casos, resulta necesaria: existen determinados tipos de problemas para los cuales los fármacos suponen una mejora significativa en la calidad de vida de la persona, es el caso de la esquizofrenia, el trastorno bipolar, algunos tipos de psicosis…la medicación es una gran ayuda para mantener el equilibrio, un equilibrio desde el cual se puede fomentar la salud mental a través de la terapia psicológica, que a menudo se combina con la anterior.

En conclusión, este artículo no pretende demonizar todo aquello referente al consumo de psicofármacos, pues bien es cierto que como se ha apuntado anteriormente puede resultar beneficioso, con la salvedad de que el abuso de los mismos constituye una realidad y por ello es importante considerar que estamos ante un problema de sobremedicación. Muchas personas que no necesitan psicofármacos dependen de ellos en la actualidad.

¿Cómo sé si mi problema debe tratarse con medicación o no?

Consulta siempre a un especialista, los/las psicólogos/as están preparados/as para evaluar la necesidad de una derivación, o el requerimiento de emplear medicación para ser combinada con el tratamiento, si necesitas tomar algún psicofármaco el/ella te lo hará saber y te derivará. Al igual que ante una dolencia cardíaca acudimos al cardiólogo la recomendación es que deposites tu salud mental en profesionales que se dediquen a ello.

 

¿Puede la psicofarmacología solucionar mis problemas?

La psicofarmacología, en muchos casos, no es una solución, sino una medida paliativa.

Para la ejemplificación de esta cuestión hagamos un paralelismo con el colesterol, algo bastante frecuente en nuestra población.

A menudo las personas con el colesterol elevado utilizan medicación para reducir sus niveles, pero el colesterol alto, por muchas pastillas para ello que consuma la persona, no va a bajar “para siempre” si no se produce un cambio en el estilo de vida de la persona (mejora de sus hábitos de alimentación y actividad). A menos que ese cambio se produzca necesitará la medicación de por vida, y su problema no se habrá solucionado, sino que se estará “mantenido a raya” por algo externo, si retiramos la medicación el colesterol saldrá disparado.

Con la salud mental ocurre lo mismo, por ejemplo, en personas que padecen un Trastorno Obesivo Compulsivo es habitual que se receten ansiolíticos, y estos a su vez pueden disminuir la activación. Un descenso en ese nivel de activación per se no va a hacer que la persona, imaginemos el caso, deje de comprobar 30 veces si ha cerrado la llave del gas, porque los pensamientos, las creencias, el origen del problema, el mantenimiento del problema o cómo se ha reforzado esa conducta a lo largo del tiempo no tienen una relación causa-efecto con el nivel de activación, y por lo tanto no va a desaparecer con el consumo de una pastilla.

La recaída.

La terapia psicofarmacológica tiene una tasa de recaída significativamente superior a la de las terapias psicológicas (existiendo en este caso diferencias según el modelo), ¿a qué puede deberse este efecto?

Ciertamente si nos paramos a pensarlo es bastante lógico: si por las noches no puedo dormir, o me cuesta mucho conciliar el sueño porque estoy atravesando una situación difícil, porque mi trabajo es muy estresante, porque tengo dificultades en la relación con los demás y cuando llego a la cama no dejo de darle vueltas a lo que ocurre con mi pareja o por ejemplo si soy extremadamente autocrítico/a y vivo bajo un machaque tal que cuando llego a dormir me siento lo peor de la faz de la tierra es muy posible que ante la desesperación decida acudir al médico y pedir que me recete algo que me deje “kao” por las noches para poder dormir. ¿he aprendido a gestionar el estrés laboral?, ¿sé ahora cómo relacionarme mejor con mis seres queridos?, ¿se ha resuelto mi crisis de pareja? En efecto, la respuesta es no, puedo dormir y evidentemente esta cuestión no es baladí, pero nos quedamos en el corto plazo. ¿Cuál será el camino?

El camino al que lleva esta cuestión se bifurca:

– Por un lado, si quiero seguir durmiendo tomando la pastilla mi destino es la dependencia, con las implicaciones que puede tener en mi organismo a nivel de efectos secundarios. Además, la cronificación del tratamiento puede (y suele) conducir al fenómeno de la tolerancia: esto es que cada vez necesito una dosis mayor para lograr conciliar el sueño porque mi cuerpo se ha “acostumbrado” al efecto.

– De otro lado, puedo dejar la medicación. Ciertamente, este es el camino que en ocasiones lleva a la recaída: “no hay como no cambiar nada para que nada cambie”, si todo lo que hasta la fecha producía insomnio continúa presente al retirar lo que me hacía dormir la situación volverá al inicio. Es importante que en caso de querer abandonar la medicación siempre sea de forma pautada por tu psiquiatra, ya que lo contrario podría poner en riesgo tu salud.

Cuando los síntomas que padezco son mi sistema de alarma o cuando necesito sentirme así.

En una sociedad como la nuestra, en la que se fomenta de forma abusiva la importancia (y necesidad) de “ser feliz” de tal forma que lo que se escapa a esta premisa supone poco menos que el mayor de los fracasos, es cada vez más frecuente que determinadas emociones o estados emocionales se consideren “patológicos” y queramos “quitarnos eso de encima”.

El hecho es que, por ejemplo, la rabia o el enfado son emociones a menudo mal consideradas como “negativas”, cuando gracias a ellas logramos separarnos de algunas personas que nos dañan: si por ejemplo mi pareja me engaña mi rabia hacia ella favorece que me aleje, surge para ayudarme a salir de una situación dolorosa, si por contra sintiese alegría esa emoción no serviría de nada para el propósito de que yo sea capaz de separarme si ese es mi deseo. Las emociones tienen una función, si medicamos para no sentir en cierta medida nos estamos “desprotegiendo” e incluso podemos generar que los problemas empeoren o se cronifiquen.

Cuando las personas atraviesan un duelo la expresión de la tristeza o de las emociones vinculadas a esa pérdida de un ser querido es absolutamente necesaria para elaborar esa pérdida, si al poco tiempo de fallecer la persona pretendemos no estar tristes o deprimidos y recurrimos a la psicofarmacología para paliar un evento natural para el ser humano convertimos algo que simplemente sigue su curso en un problema, o puede que incluso nuestro duelo se complique porque queremos “evitar” la aceptación y/o el reconocimiento de la pérdida.

Las personas sentimos porque necesitamos los sentimientos, como el hambre o la sed, para avisarnos de que una necesidad no está cubierta, no todo son síntomas que debemos eliminar.

¿Es la psicoterapia una alternativa? ¿Cuáles son sus ventajas?

  • Utilizando la psicoterapia se puede ayudar a las personas a manejar los pensamientos, emociones o conductas que son de hecho las que les acaban llevando al consumo de psicofármacos.
  • La psicoterapia no sólo es una alternativa, sino que en muchos casos sus resultados son más satisfactorios y duraderos, siendo menos frecuente la recaída.
  • La psicoterapia no tiene los efectos secundarios nocivos para la persona ni su salud física que tienen los fármacos.
  • La psicoterapia, incluso aunque sea desde el ámbito privado, es más económica que toda una vida consumiendo fármacos.
  • Tiene propuestas de solución para problemas que la psicofarmacología no puede abarcar: desde la terapia se puede trabajar la autoestima, o las habilidades sociales, el conflicto de pareja… a día de hoy no hay ninguna pastilla para eso.
  • El autoconocimiento y el análisis de las causas de los problemas es lo único que puede probabilizar que ante la misma dificultad futura pueda actuar de forma diferente, de lo contrario puedo tender a la repetición y por ello tarde o temprano encontrarme en la misma situación indeseada.
  • Escuchar tus emociones y ser consciente de tus necesidades es el primer paso para cubrir la necesidad.
  • Muchas dificultades en las que tu psicólogo/a puede ayudarte no necesitan medicación, y si fuera necesario te lo hará saber.
  • Mediante la terapia psicológica tú tienes el control, no precisas de algo externo porque tú eres quien maneja tu mundo interno.
  • La terapia fomenta la aceptación frente a la patologización.
  • En ocasiones va a ser necesario que tomes medicación, también en combinación con la terapia, consulta siempre a un/a especialista tanto para comenzar el tratamiento como para su retirada.

En definitiva, desde la psicología se alza la propuesta de abogar por el crecimiento personal, la aceptación de las emociones, la resolución de problemas y la consecución de “la salud” como un concepto amplio al que le son transversales diferentes factores: la salud a nivel mental, físico, social o afectivo.

“La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”. – Sigmund Freud.

 


Pilar Rico
Nº Col. M-31466