Trastorno bipolar

El trastorno bipolar es una psicopatología del estado de ánimo, generalmente crónica, que ha recibido muchos nombres a lo largo del discurrir de la historia (enfermedad maníaco-depresiva, p.e.). De manera característica, las personas que lo padecen experimentan cambios inusuales en el modo en que se sienten, pudiendo diferenciarse periodos en los que cumplen criterios de un episodio maníaco y otros momentos en los que se muestran clínicamente deprimidos (ambos se desarrollarán posteriormente). Es importante destacar que estos altibajos no obedecen a una simple labilidad emocional, ni se corresponden con las naturales fluctuaciones del estado de ánimo que todos atravesamos en diferentes momentos, sino que la dimensión y alcance de los mismos reviste tal gravedad que condiciona la propia calidad de vida (alteraciones del sueño, modificaciones en el nivel percibido de energía y/o dificultad para pensar con claridad por enlentecimiento -bradipsiquia- o aceleración –taquipsiquia- de los contenidos mentales). El tratamiento farmacológico y psicológico es esencial, puesto que facilita el desarrollo de una vida satisfactoria. Aunque la patología puede afectar a cualquier persona en cualquier momento de su vida (prevalencia del 0,4-1,6% para el Trastorno Bipolar Tipo I y del 0,5% en el Tipo II), lo más común es que debute en la adolescencia tardía o inicios de la vida adulta.

EPISODIOS CLÍNICOS DE ALTERACIÓN DEL ESTADO DE ÁNIMO

Seguidamente abordaremos la forma que pueden adoptar los distintos periodos de alteración anímica que se presentan en el contexto de un Trastorno Bipolar. En términos generales pueden aparecer situaciones clínicas de exceso (manía) o déficit (depresión) claramente diferenciadas tanto en dimensiones cognitivas como conductuales y fisiológicas, y que tienden a reproducirse con el devenir del tiempo de un modo no necesariamente alternante (tres episodios maníacos seguidos de uno depresivo, por ejemplo).

Episodio maníaco

Se caracterizaría por un estado de ánimo anormalmente elevado durante, al menos, una semana (o menos tiempo en el caso de que requiera hospitalización). En este periodo la persona puede proyectar una autoestima exagerada/desproporcionada, junto a una serie de alteraciones en la forma del pensamiento (aceleración) y el contenido o el ritmo del lenguaje (verborrea que en casos graves se manifiesta como una ensalada de palabras sin aparente significado). Las ideas suelen parecer atropelladas, expresarse de un modo caótico e inconexo, y absorber la atención de una forma muy profunda (generando distraibilidad secundaria). La conducta se ve también exacerbada en términos cuantitativos, por lo que la persona tiende a moverse o desplazarse mucho más (agitación psicomotora e incremento de la actividad intencional) y a participar en actividades que suponen el derroche de los recursos personales y financieros. La necesidad de descanso puede verse también reducida en estos momentos, por lo que se mantiene una intensa activación fisiológica y conductual durante la noche, en detrimento de un progresivo estado de agotamiento (cuya percepción puede pasar inadvertida para el paciente). En casos muy graves los episodios maníacos adquieren entidad psicótica, con delirios y alucinaciones generalmente congruentes con el estado de ánimo (sentirse superior al resto de personas o merecedor de un trato privilegiado por pertenecer a un colectivo que lo amerite, p.e.) y condicionar severamente las relaciones sociales y las responsabilidades personales.

Episodio hipomaníaco

En estos casos, la alteración del estado de ánimo se mantiene al menos durante cuatro días y puede cursar con una elevación del mismo (menos intensa que en la manía) o con la emergencia de irritabilidad. La alteración supone un cambio importante en el funcionamiento habitual, pero no llega a requerir una hospitalización ni condiciona de manera decisiva el desarrollo normal de la cotidianidad. En este supuesto no aparecen, en ningún momento, síntomas psicóticos (pues los mismos implicarían -por su severidad- que el episodio en curso es en realidad maníaco).

Episodio depresivo

Los episodios depresivos en el contexto de un Trastorno Bipolar son muy similares a los que se observan en la Depresión Mayor, que es el más común de los trastornos del estado de ánimo en la población general. Durante al menos dos semanas se apreciarían dos síntomas característicos: la anhedonia (o dificultad para experimentar placer) y la tristeza, siendo esta última de una intensidad tal que comprometería la capacidad de la persona para participar en las actividades cotidianas de su vida. En algunas ocasiones, durante los episodios depresivos, pueden aparecer ideas autolíticas que deben ser convenientemente valoradas por un profesional de la salud mental, puesto que en ningún caso se trata de amenazas vacuas. Otros síntomas característicos pueden ser la alteración del apetito (tanto por exceso como por déficit), la dificultad para dormir o la somnolencia excesiva (hipersomnia), la tendencia al llanto, el deseo de permanecer aislado y la aparición de pensamientos negativos que atenazan a la persona. Al igual que ocurría en el episodio maníaco, los casos graves pueden cursar con sintomatología psicótica congruente con el estado de ánimo (culpabilización por actos sobre los que no se tiene ninguna responsabilidad, como una guerra o el sufrimiento de un colectivo históricamente malogrado, por ejemplo).

SUBTIPOS DE TRASTORNO BIPOLAR

Existen distintos subtipos de Trastorno Bipolar, que se diferencian entre sí tanto por la expresión clínica (manía, hipomanía o depresión) como por el pronóstico. Se detallarán seguidamente.

Trastorno Bipolar Tipo I

Para el diagnóstico de este subtipo solo es necesario que la persona manifieste o refiera haber sufrido un episodio maníaco, actualmente o en otro momento (pasado) de su vida. Así pues, no se requiere la co-ocurrencia de periodos en los que se cumplen los criterios diagnósticos de un episodio depresivo, aunque son muchas las personas que también los manifiestan de manera retrospectiva (más del 90%). El orden y la secuencia en la que se presentan estos episodios es también muy diverso, sin que pueda determinarse una lógica exacta. Aunque la gravedad del trastorno bipolar puede ser variable (oscilando entre leve y severa con síntomas psicóticos), en general es una condición de salud con peor pronóstico que el Trastorno Bipolar Tipo II. Existen algunas personas que presentan una dinámica de ciclos rápidos (cuatro o más episodios en un año) y otras que muestran un patrón claramente estacional (con episodios que coinciden con el inicio del otoño/invierno y que remiten o se polarizan -viraje a depresión en caso de los maníacos o a maníacos en caso de los depresivos- en la primavera).

Trastorno Bipolar Tipo II

En este caso se presentan tanto episodios depresivos como hipomaníacos, sin que nunca se haya apreciado o corroborado ninguno de naturaleza maníaca (pues impediría la confirmación clínica de este diagnóstico durante el proceso de valoración diferencial). Tiene mejor pronóstico que el Tipo I, pero en este caso sí es necesario que se manifiesten periodos de ánimo deprimido (con las potenciales consecuencias que pueden tener sobre la vida de la persona).

Trastorno Ciclotímico

Aunque anteriormente se incluía dentro de la categoría de los trastornos de la personalidad, en la actualidad se considera en la de los trastornos afectivos. En este caso se aprecian, durante al menos dos años, oscilaciones del estado de ánimo importantes por sus implicaciones sobre la vida de la persona (puesto que suponen un cambio significativo en su forma de proceder) pero que no llegan a alcanzar una intensidad suficiente para satisfacer los criterios diagnósticos de los episodios maníacos o los depresivos. Estas fluctuaciones (subclínicas en cualquiera de sus extremos) se mantienen durante dos años o más en el caso de los adultos, o durante un año en el de los niños y adolescentes. Lo más habitual, como forma de expresión característica de este particular subtipo bipolar, es que se muestren momentos relativamente breves (de entre dos a seis días) con cambios alternantes del estado de ánimo individualmente relevantes (subidas y bajadas).

Algunas recomendaciones

Tanto el tratamiento farmacológico como el psicológico son importantes en el caso del trastorno bipolar, por lo que no debe dudar en solicitar ayuda en caso de que crea que puede padecerlo. Su médico y su psicólogo le orientarán para que pueda disfrutar de una vida plena con este diagnóstico. Como recomendaciones generales, no obstante, destacamos: ser especialmente cuidadoso con la medicación (siguiendo de manera exacta la posología que su facultativo le haya indicado), mantener una rutina para la comida y el sueño, asegurarse de dormir lo suficiente (especialmente durante los periodos maníacos), aprender a reconocer los momentos iniciales en los que se está produciendo el cambio en el estado de ánimo (lo que puede requerir de un entrenamiento previo) y mantener la paciencia. Se trata, en definitiva, de una condición que impone ciertos cambios en la vida; pero con la cual sigue siendo posible alcanzar nuestros propósitos en las distintas áreas en las que nos los propongamos.

 


Joaquín Mateu
Nº Col. CV-11848

Anorgasmia femenina

Puede que este concepto no te resulte familiar, sin embargo, la anorgasmia o falta de orgasmo, es la dificultad sexual más prevalente entre las mujeres. Se estima que su incidencia abarca del 10 al 42% de la población femenina, donde alrededor del 10% nunca ha experimentado un orgasmo.

¿Qué es la anorgasmia femenina?

La anorgasmia vendrá definida como una incapacidad o imposibilidad de la mujer para alcanzar el orgasmo en casi todas o todas sus actividades sexuales tras una fase de excitación normal y una estimulación que puede considerarse adecuada en duración, tipo e intensidad. Según el DSM-5, esta situación tiene que haber persistido durante unos seis meses como mínimo y tiene que causar un malestar clínicamente significativo a la mujer.

En este punto, debemos tener en cuenta que a lo largo de nuestras vidas pasamos por circunstancias puntuales que pueden ocasionar esta falta de orgasmo, como periodos de gran estrés, sin que esto suponga la presencia del trastorno. También debemos tener en cuenta que el orgasmo no es un fenómeno de “todo o nada” y que su intensidad y duración puede ser diferente en cada una de nosotras e incluso en nosotras mismas en momentos distintos de nuestra vida, por lo que no debemos caer en el error de patologizar variaciones normales en el orgasmo. Por otro lado, cada una de nosotras puede conseguir el orgasmo a través de diferentes prácticas sexuales (coito pereano-vaginal, estimulación del clítoris, sexo oral…) sin que unas sean mejores que otras y que, como he mencionado arriba, los orgasmos de cada una en comparación con las demás pueden tener diferente intensidad y duración, sin ser, tampoco, unos orgasmos mejores que otros.

¿Cuáles son los diferentes tipos de anorgasmia?

Podemos diferenciar 4 categorías de anorgasmia:

  • Anorgasmia primaria: mujeres que no han tenido nunca un orgasmo ni a través del coito, ni mediante masturbación, ni estimulación directa por parte de otra persona ya sea con la mano, boca, juguete sexual o, cualquier combinación de lo anterior.
  • Anorgasmia secundaria: mujeres que, tras una época de haber experimentado orgasmos con normalidad, dejan de hacerlo.
  • Anorgasmia situacional: cuando solamente alcanza el orgasmo con determinados tipos de estimulación, persona o situación, pero no en todas las ocasiones.
  • Anorgasmia generalizada: la mujer no alcanza en orgasmo en ningún caso, independientemente de los factores y circunstancias que intervengan.

 

¿A qué se debe la anorgasmia?

Esta dificultad sexual es debida mayoritariamente a factores psicológicos, tal y como dicen Masters, Johnson y Kolodny (1987) el 95% de los casos se deben a dichos factores, estando tan solo un 5% desencadenados por factores orgánicos.

Causas orgánicas

  • Enfermedades crónicas (tales como la diabetes)
  • Estados de carencia hormonal
  • Lesiones o infecciones pélvicas
  • Trastornos neurológicos (como lesiones medulares)
  • Desgarros
  • Consumo de drogas o fármacos tales como alcohol o antihipertensivos.

Causas psicológicas

  • Falta de experiencia o práctica sexual
  • Ausencia o estilo de masturbación
  • Actitudes y creencias negativas hacia el sexo
  • Experiencias sexuales traumáticas, miedos y fobias sexuales
  • Rol pasivo de las relaciones sexuales
  • Culpabilidad por mantener relaciones eróticas
  • Baja autoestima e inseguridades respecto a la imagen corporal
  • Ansiedad excesiva asociada a la conducta sexual
  • Depresión, ansiedad o alteraciones de la personalidad
  • Comunicación ineficaz y hostilidad hacia la pareja sexual
  • Aburrimiento o monotonía en las prácticas sexuales
  • Disfunciones sexuales del compañero/compañera sexual como, por ejemplo, la eyaculación precoz
  • Miedo a perder el control (a gritar descontroladamente, a desmayarse o a perder el control de alguna de sus funciones corporales)

¿Cómo solucionarlo?

Aquí te vamos a dar algunas claves de cómo abordar esta dificultad desde el punto de vista psicológico, ya que, si sospechas que puede deberse a una causa orgánica, te aconsejo que acudas a tú médico para que evalué tú caso en particular. Algunas de nuestras propuestas son:

  1. Conócete. Es muy importante tener un buen conocimiento de nuestro cuerpo y genitales para poder saber lo que nos gusta y lo que no. Un primer paso puede ser la estimulación sensorial de diferentes zonas de nuestro cuerpo que no impliquen las zonas genitales, explorando y acariciando diferentes partes y atendiendo a que zonas nos resultan más gratas y placenteras. Puedes hacer esta actividad mientras te das una ducha. Sin prisas, olvidándote del reloj y de las preocupaciones, atenta solo a las sensaciones.
  2. Conócela. Si, efectivamente me refiero a la vulva. Es importante que realices una exploración igual que la anterior pero esta vez, centrada en las zonas genitales. Te invito a coger un espejo, que lo pongas entre tus piernas y observes cada rincón de tú vulva con calma, acariciando diferentes zonas de la misma y permitiéndote descubrir y sentir nuevas y placenteras sensaciones. Conoce también a ese compañero llamado clítoris y juega con él.
  3. Céntrate en ti. Cuando estés acompañada, es importante que te sitúes en tus necesidades, gustos, sensaciones y no únicamente estés pendiente del disfrute de la otra persona, ya que, si te centras demasiado en el otro/otra, corres el riesgo de desconectar de tus sensaciones y de tú disfrute.
  4. Comunícate. Otra de las claves es la comunicación, no dudes en indicarle a tu pareja sexual que tipos y formas de estimulación te resultan más agradables y placenteras.
  5. Relájate y date el permiso de disfrutar. Para disfrutar es fundamental prestar atención a tus sensaciones, excitación, deseo. Por lo que, si sientes que comienzas a pensar en otras cosas, puedes centrarte en tú respiración y en fantasías que te reporten placer y excitación. Si estas acompañada, una vez que te centres en tú respiración, puedes atender a la de tú pareja sexual, en su jadeo, en los besos, las caricias…
  6. Tócate durante el coito. Si te apetece conseguir el orgasmo durante la penetración puedes usar la técnica de apuntalamiento, que consiste en estimular el clítoris durante la misma. Se puede acompañar esta técnica con movimientos de empuje para favorecer también la estimulación de este.
  7. Ejercita tú suelo pélvico. Esto puedes conseguirlo a través de los ejercicios de Kegel, los cuales fortalecen los músculos del suelo pélvico que sostienen el útero, la vejiga y una porción del intestino. Ya que, muchas veces, una debilidad del suelo pélvico puede dar lugar a la disminución de la sensibilidad e intensidad del orgasmo.
  8. Utiliza juguetes sexuales. Otra opción es la incorporación a tú vida sexual de dildos que te ayuden a disfrutar de nuevas sensaciones placenteras.
  9. Juega en pareja. Si tienes pareja o un compañero/compañera sexual, podéis jugar a que los genitales están prohibidos, tocando y estimulando otras partes del cuerpo pero no los genitales. De esta manera, podréis experimentar sensaciones o descubrir nuevas zonas placenteras de las que anteriormente no os habíais percatado.

Estos son algunos de los consejos que puedes seguir, sin embargo, no debes olvidar que el objetivo primordial es disfrutar y no lograr nada concreto como podría ser el orgasmo.

El orgasmo es una parte más del placer, y se pueden tener relaciones eróticas altamente satisfactorias a pesar de no tenerlo o tenerlo con baja asiduidad. De hecho, muchas mujeres que rara vez o nunca experimentan orgasmos refieren un alto grado de placer en sus relaciones sexuales.  Al fin y al cabo, el orgasmo tiene el valor que nosotras le demos y hay mundo más allá de él.

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association. (2015). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. DSM 5. Madrid: Panamericana.

Belloch, A., Sandín, B., y Ramos f. (2008). Manual de Psicopatología. Volumen I. Madrid: Mc Graw Hill.

Outeiriño, J. P., Pérez, A. R., Duarte, A. V., Navarro, S. M., & Blasco, J. L. (2007). Tratamiento de la disfunción del suelo pélvico. Actas Urológicas Españolas31(7), 719-731.

Vallejo, M.A. (2016). Manual de terapia de conducta. Tomo I. Madrid: Dykinson.

 


Mónica Álvarez

Nº Col. O-03091

¿Quieres estudiar Psicología?

 

Psicología es una carrera universitaria muy demandada en la actualidad. Aunque es una de las carreras y, a la postre, una de las profesiones más bellas que existen, hay gente que fija unas expectativas poco realistas antes de decantarse por esta carrera.

Los mitos de la carrera de Psicología

La Psicología cuenta con más visibilidad que hace unas décadas. Aun con ello, el desconocimiento que aún se tiene sobre esta formación y sobre esta profesión hace que se formen determinadas creencias que no se corresponden con la realidad. Aquí van algunas de ellas:

  • «Voy a estudiar Psicología para encontrarme a mí mismo/a«. No es que no lo hagas estudiando Psicología. El asunto es que es posible que lo hagas estudiando ingeniería aeronáutica, filología, biomedicina, higiene bucodental o auxiliar de enfermería. La mejor forma de «encontrarse» es elegir una formación que te guste, que te ayude a desarrollarte como persona y que te haga feliz.
  • «Doy buenos consejos, así que esta es mi carrera«. Si realmente ese es el criterio por el cual eliges Psicología como carrera, tal vez deberías no cerrarte a otras. Los psicólogos y las psicólogas no damos consejos. De hecho, nuestra profesión es tan sumamente complicada porque hemos de llevar a cabo intervenciones a través de diálogos socráticos (diálogos guiados con el objetivo de que las personas lleguen a conclusiones que le hagan evocar cambios a varios niveles). Lo fácil, de hecho, es dar consejos, pero los consejos llevan implícito algo que no se nos permite, y es que no podemos ni debemos imponer nuestro criterio al de cualquier persona, aunque sea con la mejor de las intenciones.
  • «Me gusta ayudar a la gente y soy de letras; esta es mi carrera«. No cabe duda de que la Psicología, como el resto de ciencias de la salud, es una disciplina humana, que requiere de cierta vocación. Pero a pesar de lo que mucha gente se cree, Psicología no es una carrera de letras. Emana de la Filosofía, por supuesto, pero la carrera como tal tiene asignaturas de anatomía, fisiología o estadística. De hecho, la distinción entre «ciencias y letras» creo que es algo que empieza, por suerte, a quedar atrás.
  • «No soy nada sociable, así que la carrera me hará serlo». Por desgracia, esto no funciona así. Una cosa es que el paso por la carrera, como experiencia de vida, como un tiempo y un lugar en el que conoces a mucha gente, con muchos puntos de vista, en el que vas a sitios nuevos, etc. y otra, que el propio contenido de la carrera haga cambiar la base de tu personalidad.

Lo que sí te vas encontrar en la carrera de Psicología

Vistos los mitos y las creencias poco fieles a la realidad, la carrera de Psicología te va a aportar otras muchas cosas positivas, como estas:

  • La importancia del objeto de estudio. Esta ciencia estudia la conducta humana, que es tan sumamente amplia que ni estudiando toda nuestra vida podríamos comprender la conducta en todas las situaciones ni desde todos los prismas. Si estudias esta carrera vas a poder comprender muchos fenómenos de la condición humana que antes ni tan siquiera te habías planteado.
  • Aplicabilidad inmediata. Lo que estudies en la mayoría de materias vas a poder observarlo al salir a la calle, observando a la gente. Todo el mundo emite conductas, en un contexto lleno de estímulos, y la interacción entre las primeras y los segundos es algo que solo comprenderán quienes la hayan estudiado a fondo, es decir, los psicólogos y las psicólogas.
  • Curiosidad saciada a diario. Durante la carrera, es difícil que tengas un día en el que no aprendas algo nuevo, curioso e interesante. Eso es difícil en otras muchas carreras. Sin duda, es un potentísimo motivador más allá de calificaciones y exámenes.
  • Mucho donde elegir. Volviendo a aludir a la extensión del conocimiento psicológico, vas a ir estudiando materias que te van a empezar a llamar la atención y otras que vas a ir descartando. Lo bueno es que, probablemente pases por muchas fases en las que te apasione un ámbito concreto… hasta que descubres otro… y después otro… De tal manera que cuando decides que quieres ser psicólogo/a social, descubres la neuropsicología, y después la psicología del deporte, la psicología judicial…

Lo que te vas a encontrar cuando termines la carrera de Psicología

Se necesitan muchos psicólogos y muchas psicólogas. El estilo de vida occidental, junto con el modelo socioeconómico actual, amén de otras muchas circunstancias, hacen del profesional de la psicología una figura del todo necesaria.

Pero ahora, volvamos a la realidad. Por desgracia, esta carrera no goza de un prestigio, un recorrido o un reconocimiento social suficientes como para ser tenida en cuenta de la misma forma que otras. A modo de efecto dominó, el no ser una carrera muy reconocida hace que no sea considerada por las administraciones públicas como prioritaria a la hora de invertir en ella para desarrollar proyectos con los que mejorar la calidad de vida de las personas, al menos en relación a otras disciplinas o ámbitos.

Este contraste se traduce en que cada año miles de estudiantes de psicología se convierten en titulados/as. El nivel de competencia es muy alto, y además, para poder ejercer la psicología en el ámbito clínico (o general sanitario) no basta con la carrera, sino que has de hacer el Máster de Psicología General Sanitaria o, en su caso, obtener plaza para realizar la residencia de cuatro años del PIR (Psicólogo/a Interno/a Residente). Si no tienes ninguna de las dos, no puedes realizar las funciones propias de un psicólogo en consulta, tal como el 85% de los y las estudiantes de la carrera pretenden.

Pero existen muchísimas formaciones complementarias que, si bien no están encuadradas en las actividades de ámbito más clínico, también te permiten desarrollarte como psicólogo/a en un ámbito determinado. La psicología forense, la psicología del deporte o la psicología social son algunos ejemplos.

A pesar de que el panorama no es muy alentador, conviene no desistir si tienes claro el ámbito de la psicología al que quieres dedicar tu trabajo. De hecho, lo bueno de tener obstáculos es que te van a permitir evaluar tu motivación por conseguir tus objetivos.

Finalmente, a pesar de todo, te invito a que estudies esta preciosa carrera. No porque te vaya a hacer cambiar, ni ser mejor persona, ni leer la mente de nadie, sino porque es una de las profesiones que más puede ayudar a las personas, y que más responsabilidad conlleva.

 


Alberto Álamo
Nº Col. AN08736

Psicología Infanto-juvenil desde la terapia Gestalt

Qué es la Terapia Gestalt

Antes de comenzar a hablar de la psicología infanto-juvenil desde esta orientación psicológica vamos a conocer en qué consiste la Terapia Gestalt.

Según la Asociación Española de Terapia Gestalt “se encuadra dentro de las terapias humanistas, y participa por tanto de todos los principios de las mismas. Esta llamada “tercera vía de la Psicología” hace especial hincapié en el desarrollo del potencial del ser humano y pone el acento en reforzar las cualidades positivas de la persona”

Desde esta orientación, es necesario tener en cuenta que el paciente no viene a terapia a ser interpretado o a modificar su conducta mediante una serie de ítems a realizar, sino que viene a “confrontar su neurosis”, a darse cuenta de lo que hace y como lo hace, por eso ha de ser especialmente activo y responsable. Va a aprender a descubrir y lograr sus objetivos y satisfacer sus necesidades a través de sus propios esfuerzos. La persona es tratada como una totalidad. Además, un terapeuta gestáltico no interpreta ni condiciona, sino que acompaña. Es activo, atiende a la conducta, al darse cuenta, al aquí y ahora en lugar del allá y entonces. Evita decirle al paciente lo que ha descubierto acerca de él, le enseña a observarse y a experimentar sus conductas.

Como decía Piaget: “Cada vez que le damos a un niño la respuesta le quitamos la posibilidad de encontrar las suyas y de descubrir sus propios recursos” El foco del proceso terapéutico gira en torno a lo que el paciente hace, cómo lo hace y para qué lo hace. El objetivo de la terapia es que la persona logre la mayor integración posible para su desarrollo.

Esta ha sido una breve reseña e introducción para familiarizarnos con la terapia Gestalt, pues podríamos externos mucho más en desarrollar cada punto, pero eso podremos hacerlo en un artículo dedicado tan sólo a esta orientación psicológica, por lo que vamos a centrarnos más en el abordaje de la infancia y adolescencia desde esta perspectiva.

Qué trae a los niños a terapia

Es probable que, en respuesta  esta pregunta, todos en algún momento pensemos, bueno tiene algún trastorno, no les está yendo bien en el colegio, son agresivos o retraídos, han sufrido algún trauma, etc… Todos estos son síntomas y reacciones pero ¿ qué los está causando?

Partimos de dos problemas básicos:

  1. Les cuesta hacer un buen contacto con profesores, padres, pares y libros.
  2. Generalmente tienen un pobre sentido de sí mismos.

Para hacer un buen contacto con el mundo, necesitamos conocer las funciones de contacto que denominamos mirar, escuchar, tocar, saborear, oler, moverse, expresas sentimientos, ideas, pensamientos…Estas resultan ser las mismas modalidades que constituyen nuestro self o sí mismo. Los niños con trastornos emocionales debido a algún trauma u otra razón, tienden a aislarse de alguna manera, anestesian sus sensaciones, restringen su cuerpo, bloquean sus emociones y cierran su mente. Estos actos afectan profundamente su crecimiento sano y agravan más sus problemas. Ellos no pueden hacer un buen contacto y el sí mismo se inhibe aún más.

El bebé llega al mundo como un ser sensorial, su cuerpo está en constante movimiento. El organismo, compuesto por los sentidos, el cuerpo, el intelecto y la capacidad de expresar emociones, está funcionando en una forma integral tal como va creciendo el niño. Pero a cada niño-unos más que a otros- empieza a sucederle algo que interfiere con un sano desarrollo. Los sentidos se anestesian, el cuerpo se restringe, las emociones se bloquean y el intelecto no es lo que podría ser.

¿Por qué sucede esto? Ciertamente varios traumas como el abuso, divorcio, rechazo, abandono, enfermedades, pueden ocasionar que el niño se retraiga de algún modo. Esto lo hace instintivamente para protegerse. Pero hay una serie de etapas del desarrollo y factores sociales en su vida que también hacen que él se restrinja, se bloquee o se inhiba a sí mismo. Estos factores de desarrollo consisten en : confluencia y separación, egocentrismo, introyectos, satisfacción de necesidades, establecimiento de barreras y límites, el efecto de diversos sistemas, expectativas culturales y respuestas de los padres a él, particularmente sus expresiones de rabia.

El proceso terapéutico con niños y adolescentes

  • La relación. Nada sucede sin al menos una hebra de relación. Es algo tenue que requiere cuidado. Es la base del proceso terapéutico y puede, en sí misma, ser poderosamente terapeútica. No nos hacemos expectativas sobre él. Lo aceptamos tal cual es. Respetamos su ritmo y tratamos de unirnos a él, estar presente y conectados. Al relacionarte con él como un ser aparte, le das la oportunidad de experimentar su propio YO, sus propios límites, destacando así su sentido de sí mismo y mejorando y fortaleciendo sus habilidades de contacto.
  • Contacto. Es un asunto vital y existencial en cada sesión. Poco puede suceder sin contacto real. El contacto implica poseer la habilidad de estar completamente presente en una situación específica con todos los aspectos del organismo prestos y disponibles para su uso. Un buen contacto también implica la capacidad de retirarse apropiadamente antes que paralizarse en un espacio supuestamente de contacto. Cuando sucede esto, deja de ser contacto y pasa a ser un falso intento de mantenerse en contacto, por ejemplo, el niño que nunca deja de hablar o que no puede jugar solo y necesita estar acompañado todo el tiempo.
  • Resistencia.Los niños presentan una serie de manifestaciones conductuales,  comúnmente llamadas resistencias, como una manera de intentar lidiar y sobrevivir y hacer contacto con el mundo lo mejor posible. A veces funcionan, pero es más frecuente que al emplear estas conductas, no obtengan lo que necesitan. A medida que adquieren confianza en sí mismos a través de un sentido más fuerte de su yo, las conductas fallidas desaparecen y son reemplazadas por formas de contacto con el  mundo más satisfactorias y eficaces.Casi todos los niños son resistentes, se protegen, en cierta medida, si no hay ninguna resistencia, el yo de ese niño es tan frágil que debe hacer todo lo que le digan para sentir que puede sobrevivir. La resistencia es la aliada del niño, es su manera de protegerse, hay que respetarla.
  • Los sentidos. se trabaja con todos los sentidos, los estimulamos con todo tipo de actividades.
  • El cuerpo. Cada emoción tiene una conexión corporal. Los niños perturbados restringen su cuerpo y se desconectan de él. Hay que ayudarlos a desbloquearse, soltarse, respirar profundo, conocer su cuerpo, sentirse orgullosos de él…Por lo general se empieza con la respiración. Se hacen muchos ejercicios que involucran el cuerpo.
  • Fortalecer el yo. Ayudar al niño a desarrollar un fuerte sentido de sí mismo es un requisito primordial para que exprese sus emociones ocultas. Este sentimiento agudizado del yo suele evocar expresiones emocionales espontáneamente. Reforzar el yo implica, además de experiencias sensoriales corporales: definir el yo, elegir, experimental el dominio, reconocer proyecciones, establecer fronteras y límites, tener la habilidad de ser juguetón y usar la imaginación, experimentar algún poder y control, contactar la propia energía agresiva.
  • Expresión emocional. No es fácil enseñar a los niños a desenterrar sus emociones sepultadas y que aprendan formas sanas de expresar sus emociones en la vida diaria. Diversas técnicas proyectivas ayudan en este trabajo: dibujos, arcilla, fantasía e imaginación, dramatización, música, movimiento, bandeja de arena, fotografía, metáforas, juegos.
  • Autocuidado. Consiste en ayudar al niño a ser más receptivo, comprensivo y activamente nutritivos consigo mismos. Es difícil ya que los niños son  criados con la idea de que es egoísta y malo preocuparse de sí mismo. La aceptación de todas las partes de uno mismo, aun las mas odiosas, es un componente vital de un desarrollo sano y no deteriorado. El primer paso es desenterrar aquellas partes odiadas del yo. La integración empieza a producirse cuando ayudamos al niño a aceptar las partes de sí mismo que él aborrece, y a entender su función y propósito.
  • Procesos inapropiados persistentes. Dado que la terapia gestalt está mas orientada a los procesos que a los contenidos, ayudar a los niños a tomar conciencia de su proceso particular tiene prioridad sobre la modificación de la conducta a través de la resolución de problemas específicos, recompensas, conferencias u otro tipo de intervenciones. El cambio ocurre cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es. Esto se tiene aún más en cuenta cuando después de trabajar con los diversos procesos terapéuticos, ciertas conductas tienden a persistir, por lo que hay que centrarse en ellas y trabajarlas de esta manera.

Para terminar aquí les dejo del libro “Cuentos que curan”, el relato de Robert Bly donde nos explica cómo se produce el nacimiento de la sombra en cada uno de nosotros, algo que nos puede ser ilustrativo y comprender tanto esta orientación y el trabajo que se trata de hacer en la infancia y adolescencia:

“Cuando contábamos con uno o dos años de edad, teníamos lo que podemos visualizar como una personalidad de 360 grados. Irradíabamos energía desde todas las zonas de nuestro cuerpo y de nuestra psique. Un niño corriendo es un globo viviente de energía. Teníamos una bola de energía perfecta, pero un día vimos que a nuestros padres no les gustaban ciertas partes de esa bola. Decían cosas como: ¿ No puedes estarte quiere?; o… No está bien atormentar a tu hermano. Detrás de nosotros tenemos un saco invisible y en él ponemos la parte de nosotros que no gusta a nuestros padres a fin de conservar su amor. Cuando vamos al colegio nuestro saco ya es bastante grande. Entonces los profesores dicen una de las suyas: “Los niños buenos no se enfadan por pequeñeces”. Así que cogemos nuestro enfado y lo ponemos en el saco. Cuando mi hermano y yo teníamos doce años en Madison(Minnesota) nos llamaban “Los amables niños Bly”. Nuestros sacos ya medían un kilómetro.

Luego hacemos un buen relleno del saco en el instituto. Esta vez ya no son los malvados mayores quienes nos presionan, sino gente de nuestra edad. Así que la paranoia estudiantil contra los mayores podría estar fuera de lugar. Durante todos los años de instituto mentí sistemáticamente para intentar parecerme más a los jugadores de baloncesto. Cualquier parte de mí que fuera un poco lenta se iba al saco. Mis hijos están atravesando ese proceso ahora, contemplé cómo lo hacían mis hijas, que son más mayores. Vi consternación cuándo llegan a poner en el saco, pero no hubo nada que su madre ni yo pudiéramos hacer al respecto. A menudo mis hijas parecían decidirse en aras de la moda y de las ideas colectivas de belleza y sufrían tanto a causa de otras chicas como de los hombres. Así que mantengo que de todo un globo redondo de energía a los veinte años nos queda una fina rebanada. Antes de los veinte años nos pasamos la vida decidiendo qué partes de nosotros ponemos en el saco y pasamos el resto de nuestras vidas intentando sacarlas de nuevo. En ocasiones parece imposible recuperarlas, como si el saco estuviera sellado. Supongamos que el saco queda sellado ¿qué ocurre entonces? Un gran relato del siglo diecinueve sabe algo de eso. Una noche Robert LOUIS Stevenson se despertó y contó a su mujer un fragmento del sueño que acababa de tener. Ella le urgió a escribirlo, lo hizo y se convirtió en el Doctor Jekyll y Mister Hyde. El lado boniyo de nuestra personalidad se vuelve, en nuestra cultura idealista, más y más bonito. El hombre occidental, puede ser, por ejemplo, un generoso doctor que siempre piensa en el bien de los demás. Moral y éticamente es maravilloso, pero la sustancia del saco forma una personalidad por su cuenta, que no puede ignorarse. El relato nos dice que la sustancia encerrada en el saco aparece un día en algún otro lugar de la ciudad. La sustancia del saco está enfadada, y cuando la ves tiene forma de simio y se mueve como un simio”.

(Roberto Bly. En Jung y otros, 1994;45-47)

 


Iris Flores
Nº Col. P-02039