Las tareas en terapia

A lo largo de mi experiencia pasando consulta he podido comprobar que cuando una persona está pensando en acudir a terapia psicológica, en ocasiones, cree que consistirá solamente en unas sesiones en las que se tratarán los temas que le preocupan o que le producen malestar y que, por arte de magia, lo que se trabaja dentro de la consulta durante esas sesiones hará que se solucionen las cosas fuera de ese espacio y tiempo. Se plantean la terapia como un proceso en el que es el terapeuta quien lleva el timón y que sólo por acudir ya sucederán cambios. Entienden el proceso terapéutico como algo en el que el consultante es un agente pasivo.

Bien, esto no es así.

Me explico… es cierto que el trabajo realizado durante las sesiones de terapia ayudan a que el bienestar del paciente aumente, a reformular ciertas cosas que le están preocupando, a ordenar un poco las ideas y pensamientos, a contrastar ciertas creencias que puede tener con la realidad, a plantear objetivos que quiera conseguir y que muchas veces no están claros debido, precisamente, a la problemática que lo trae a consulta, etc. Pero los cambios no suceden solo porque aparezca la figura del terapeuta: es necesario que el paciente sea un agente activo.

Como agente activo, el paciente tiene que querer realizar cambios en su vida para poder conseguir los objetivos que se plantee. Esto requiere un esfuerzo que implica que el paciente tiene que poner de su parte para que la terapia sea efectiva. Y no solo tiene que adquirir este rol activo durante las sesiones.

Con el objetivo de agilizar el proceso terapéutico y que las sesiones sean más efectivas, y por lo tanto su número para conseguir resultados sea menor, los psicólogos vamos un paso más allá: mandamos tareas.

¿Cómo que tareas? Yo siempre les explico a mis pacientes que es como cuando a los niños les ponen deberes en el colegio, las tareas sirven para “reforzar y ampliar” lo que se trabaja durante las sesiones, exactamente igual que los niños hacen sumas y restas para reforzar lo que han explicado en clase de matemáticas.

Las tareas terapéuticas son propuestas que el terapeuta realiza a sus pacientes para que las lleven a cabo en el tiempo que estarán sin verse entre una sesión y otra. Al igual que los propios psicólogos, las tareas pueden tener diferentes orientaciones, estilos, etc.

Vamos a profundizar un poco más en esto de las tareas terapéuticas…

  • ¿A quién se mandan? Las tareas pueden ser individuales o grupales, en función de lo que queramos conseguir, de quién acuda a consulta, etc. Por ejemplo, en una terapia familiar podemos mandar una tarea que tienen que llevar a cabo todos o, por el contrario, diferentes tareas a cada miembro.

 

  • ¿Son siempre las mismas? Las tareas se modifican dependiendo de las características del paciente y del estilo y enfoque del psicólogo. Además, en función del momento del proceso terapéutico en el que nos encontremos se mandan unas tareas u otras.

 

  • ¿Para qué sirven? Esto es algo que a veces conviene explicar en el momento en el que se mandan estas tareas, pero en otros casos el paciente no sabrá cuál es el objetivo hasta la próxima sesión. Todo esto no lo podemos desvelar para no estropear el efecto que tienen… Basta con saber que siempre se plantean para conseguir que el proceso terapéutico avance hacia el objetivo final.

 

  • ¿Son difíciles de realizar? El concepto “dificultad” es muy subjetivo. Es cierto que algunas tareas cuestan más que otras, y también depende del momento del proceso terapéutico en el que se manden y de la voluntad para llevarlas a cabo del paciente. Sin embargo, una tarea nunca se envía al azar, y está muy pensado en qué momento y de qué forma se presentará al paciente para que no le sea demasiado complicado llevarla a cabo y para que cumpla con su cometido de forma adecuada.

 

  • ¿Se tardan mucho en hacer? De nuevo la respuesta depende de muchos factores, pero en general no son tareas que ocupen mucho tiempo o que impidan desempeñar el día a día con normalidad. En ocasiones son cosas que hay que hacer en un momento del día, en otras sólo en ocasiones puntuales…etc.

Por lo tanto y como conclusión, remarcar que las tareas son muy útiles en terapia, y en muchos casos incluso resultan imprescindibles para conseguir el éxito del proceso terapéutico.

 


Libertad Clemente
Nº Col. CL-4218

¿Es aburrida tu pareja?

Dos personas se conocen una tarde en una reunión de amigos comunes, se atraen, se gustan, se desean, pongamos que intercambian teléfonos. Podría ser este el comienzo de lo que luego se convertirá con el tiempo y los sucesivos encuentros en lo que conocemos como relación de pareja (entendiendo que esta tiene formas muy diversas en el aspecto más amplio del término).

Probablemente el/la lector/a habrá oído hablar en alguna ocasión de las “fases” que una pareja, (entendiendo la misma como la unión sentimental entre dos personas que se rige por una serie de reglas concretas y -generalmente- acordadas por sus miembros) atraviesa a lo largo del tiempo.

Y con esto introduciríamos el primer factor fundamental: el tiempo

Continuemos con la pareja de nuestro ejemplo. En un primer momento empieza el aluvión de sentimientos, una etapa en la que los protagonistas son el deseo de pasar momentos con la otra persona y la intensidad en las emociones. El descubrir al otro es un proceso caracterizado por la novedad, a nivel neuroquímico todos los días es fiesta en nuestro cerebro y aunque cada persona lo viva de forma diferente este periodo es en la mayoría de los casos recordado por la presencia de momentos positivos y la poca frecuencia de las diferencias, puesto que al inicio de la relación nos enfocamos en las cosas que nos unen, dejando a menudo “las cosas que no s separan” para más adelante, ya si eso. En esta etapa se puede correr el riesgo de generar una imagen idealizada del otro y de la relación, algo que podría arrastrarse a momentos posteriores, generando dificultades diversas.

Digamos que nuestra pareja ha pasado los primeros momentos de exaltación amorosa y se encuentra en un punto en el que la confianza aumenta y con ello aparecen más piezas del puzzle de la otra persona. Empiezan a advertir las manías y la mirada, poco a poco (también a medida que nuestra fiesta cerebral deja paso a la resaca) se vuelve más “realista”. Este suele ser uno de los momentos “críticos”: si el motivo para juntarnos con la otra persona se ha basado exclusivamente en un aspecto, como por ejemplo (aunque hay varios) la atracción física, es posible que al dejar de ser una novedad y no encontrar otros nexos de unión, como la confianza, el apoyo mutuo, la buena convivencia, la capacidad de resolución de conflictos… un miembro de la pareja (o ambos) pierdan el único hilo que los mantenía juntos, suponiendo esto el fin de la relación.

Este sería uno de los motivos de ruptura, y quizás el más “claro” para los miembros de la pareja, pues de forma unidireccional o con acuerdo de ambos se hacen conscientes de que no quedan en la relación aspectos que se compartan, y por ende, aquello no tiene demasiado sentido. Pero no es el único motivo de ruptura en esta fase que sigue al enamoramiento, sino que en este punto muchas veces encontramos situaciones de mayor complejidad, al hilo del concepto que le da nombre a este artículo profundizaremos en una de ellas: el aburrimiento.

Tengamos en cuenta que cada pareja vive su relación con unos tiempos diferentes y, aún más importante,  dentro de la propia pareja también pueden existir diferencias. En ocasiones estas son percibidas como falta de compromiso (cuando una de las partes empieza a demandar más actividades fuera de la pareja, o no está “tan encima”) cuando en realidad es posible que uno de los miembros se sitúe aún en una fase inicial y el otro ha avanzado hacia un amor en el que no reinan solamente las emociones del enamoramiento.

Apartado de “preguntas frecuentes”

¿Llevas tiempo con tu pareja y sientes que te aburre?, ¿vuestra actividad sexual ha cambiado en diferentes aspectos?, ¿cada vez son más frecuentes las discusiones en detrimento de experiencias positivas juntos?, ¿no sabes si esto es normal o deberías finalizar tu relación?, ¿te descubres a ti mismo/a preguntándote a menudo si has dejado de querer a la otra persona?, ¿te atraen otras personas?

Todas estas preguntas aparecen en las clínicas de psicología a menudo, aunque primero se rumian con fuerza y asiduidad en las cabezas de muchas personas, y no existe una respuesta única, mágica y universal. Sin embargo, a través de la terapia se pueden adquirir y desarrollar las herramientas necesarias para que la persona sea capaz de analizar su situación y tomar decisiones en consonancia con lo resuelto.

Además, todas estas preguntas, que quizás el/la lector/a que hojea este post ha tenido alguna vez en su vida, pueden contestarse alegando que estos aspectos son completamente normales y habituales, y que por ende no tienen que suponer el fin de la pareja, pero también, dependiendo de cómo se gestionen y atiendan pueden derivar en todo lo contrario y suponer el punto final de los finales.

Indaguemos brevemente algunas de estas cuestiones que giran en torno al “aburrimiento” en la pareja.

1. Nuestra vida sexual ha cambiado. Este es un aspecto que, en sí mismo, daría para mucho escribir. Lo que desde la psicología (aunque más específicamente desde la sexología) observamos los y las profesionales es que el deseo sexual, así como la atracción u otros factores que entran en juego en las relaciones afectivo-sexuales, no son elementos estáticos sino dinámicos. Esto implica que la pareja necesite adaptarse y readaptarse continuamente a lo largo del tiempo, que pase por periodos de mayor inactividad o deseo y que, en ocasiones, pueda beneficiarse de la búsqueda de ayuda en este sentido, ya sea para encontrar nuevas formas de disfrute, tener una mayor asertividad sexual o solucionar alguna dificultad a este nivel. 

2. Siento que mi pareja me aburre. ¿Recuerdas alguna relación que no sea de pareja en la que esto te haya ocurrido?, ¿un/a amigo/a?, ¿familiares?, ¿hermanos/as? los seres humanos estamos en constante construcción y muchas veces sentimos la necesidad de que éste se traslade también a las relaciones que mantenemos con los otros. Si ya eres adulto/a puede que recuerdes la época en la que vivías con tus padres de forma diferente según tu etapa vital, en la pareja puede suceder que llegados a un punto perdamos aquello de “todo es nuevo” y nos instauremos en la monotonía, creemos (y digo creemos porque esto no es posible) que ya hemos conocido todo de la otra persona y nos metemos en esa nube gris. Puede que si probásemos con un/a amigo/a a permanecer tanto tiempo como con nuestra pareja haciendo siempre cosas parecidas el hastío acabe con nosotros/as. Las relaciones (de todo tipo) son como las plantas, requieren un cuidado y una atención, si vemos que en un ambiente se marchitan quizás debamos colocarlas junto a la ventada. Esto no quiere decir que haya que esforzarse hasta la extenuación ni que haya que convertir la pareja en un parque de atracciones todo el tiempo de un lado para el otro para que no sea aburrida, pero es importante buscar el término medio, el tiempo para cada uno y las cosas positivas en conjunto. Es decir, que a menos que sea un cactus riegas tu planta se va a morir.

3. Estamos todo el día discutiendo. Las personas con las que convivimos pueden tornarse fácilmente en el objetivo de nuestros desplantes, el testigo de nuestros días rojos (como decía Audrey en desayuno con diamantes) y, en definitiva, también de la peor versión de nosotros, y así bidireccionalmente. Esto puede convertirse en un campo de batalla que vaya poco a poco generando una imagen de la otra persona al nivel del Grinch. Hagamos cuentas, pocos momentos positivos + discusiones frecuentes = aburrimiento e incluso hartazgo o indiferencia. De nuevo, si nos encontramos en esta situación debemos cambiar la dinámica, no estar de acuerdo en todo también nos permite flexibilizar y crecer a nivel personal, siempre y cuando reine el respeto y no estemos todo el día con la sensación de portar casco y chaleco antibalas. A veces la guerra se gana no peleando, y hay batallas que no merecen la pena.

4. Quizás esto es normal, le pasa a muchas parejas. Sí, le pasa a muchas parejas, y sí, determinadas de estas cuestiones son perfectamente “normales”, peeero…si vemos que un barco se hunde lo suyo sería que intentemos arreglarlo antes de que acabe en el fondo del mar, e incluso, esto puede hacer que salga fortalecido (sólo siempre y cuando nos guste nuestro barco). Nada cambia si no cambiamos nada, el aburrimiento puede ser un componente que no necesariamente sea nocivo para la pareja pero también funciona como un termostato para indicarnos el momento de actuar.

5. Igual ya no nos queremos. Llegados a este punto será muy importante diferenciar entre “ya no nos queremos” y “ya no nos queremos de la misma forma”. Si la resaca de la fiesta cerebral de la primera fase del enamoramiento ha pasado y no hemos construido nada más nos podemos encontrar en el “no quererse”. Sin embargo, si a esta fase de mariposeo le ha seguido la construcción de una relación en la que se comparten objetivos vitales (o éstos son compatibles), valores, necesidades, compresión, planes de futuro…en este caso es más probable que hayamos avanzado a un amor más futurible, lo cual no quiere decir que no haya también que trabajarlo.

6. Me atrae otra persona. Hay tantos tipos de pareja como parejas en el mundo, y cada una se rige por una serie de reglas explícitas o implícitas totalmente diferentes. La atracción por personas ajenas a la pareja, sin embargo, puede ser compartida independientemente de la apertura de la pareja (de si esta es más conservadora, monógama o todo lo contrario). Es decir, que no elegimos que las personas nos atraigan o no, porque la atracción no es una elección igual que tampoco lo es la tristeza o los pensamientos que rondan mi cabeza. Que otra persona nos resulte atractiva es algo que simplemente sucede, porque así es el ser humano. Por ello, este de por sí no debería ser considerado como un indicativo o una prueba de que ya no queremos a nuestra pareja. En este aspecto lo importante será gestionar esta nueva situación conforme a las reglas que se han establecido en la relación y con esto alcanzamos la conclusión fundamental de este artículo:

Háblalo

Comunicación, comunicación, y después, comunicación. Si hiciéramos un listado de los factores predictores de mayor éxito en las parejas éste es sin duda de los que encabezan la lista, y es que la mayoría de los conflictos en las relaciones surgen por problemas de comunicación (o la falta de ella). No es casualidad que sea de los aspectos que más se trabajan en terapia. Verbalizar cómo nos sentimos respecto a la otra persona (incluso si lo que sentimos es que sentimos menos) tiene un enorme poder para reconducir y mejorar la relación, o, en su defecto, para ayudar a ponerle fin de la forma más sincera y honesta.

En ocasiones ocurre que ese momento por el que estás pasando también lo está experimentando tu pareja, pero ninguno se atreve a pronunciarse por miedo a la reacción del otro, expresarlo y ponerlo encima de la mesa no sólo resulta liberador, sino que constituye en primer paso para buscar soluciones y a menudo contribuye a lograr una mayor unión de la pareja.

“Una pareja feliz no se elige un día para siempre, debe elegirse cada día”.

 


Pilar Rico
Nº Col. M-31466

 

Qué es un psicólogo y qué hace

El mundo de la psicología se ha encontrado históricamente asociado a multitud de mitos, prejuicios y falsas creencias, que han perpetuado el estigma de “ir al psicólogo”, asociando esto, a un estado de “locura” o bien, reduciendo la misma (la psicología) a una “cuestión de fe”. Muchos de estos clichés, todavía presentes en nuestra sociedad, ocasionan que algunas personas tengan fuertes resistencias a acudir a un psicólogo.  El objetivo del presente post es ayudar a comprender en qué consiste la figura de este y en qué puede ayudarnos, pero para ello; es necesario comprender el punto de partida: la psicología.

La Psicología, como tal, es la ciencia que se encarga de estudiar la conducta humana, entendiendo ésta; como un concepto que engloba cuestiones relacionadas con los procesos de aprendizaje, pensamiento, emociones y/o comportamientos. Desde la psicología, estudiamos tanto el desarrollo normativo y/o óptimo de determinados aspectos, como; aquellas situaciones problemáticas que puedan interferir en nuestro desarrollo adecuado. Así mismo, desde la vertiente más científica, disponemos de modelos explicativos de la conducta y de aquellas situaciones que puedan suponer una problemática, junto a técnicas adecuadas para la evaluación, el diagnóstico y/o su posterior tratamiento, además de estrategias eficaces, para la intervención.

Veamos, ahora sí, qué es un psicólogo, qué hace exactamente, en qué puede ayudarnos y cuando acudir.

Qué es un psicólogo

Al hablar de psicólogo nos estamos refiriendo a aquella persona, personal cualificado, que ha obtenido su título universitario (licenciatura o grado) en psicología. Dentro de la psicología como tal, existen distintas ramas y/o especialidades (clínica, social, educativa, laboral, comunitaria, etc.) pero, en lo que aquí concierne, nos vamos a referir a la vertiente más clínica. Se trataría de aquella persona, que, tras su licenciatura, ha realizado un máster en psicología general sanitaria y/o, su correspondiente habilitación de ésta, que le permite trabajar en el ámbito clínico privado.  El psicólogo clínico, como ya hemos comentado con anterioridad, está capacitado para evaluar, diagnosticar y tratar problemáticas de distinta índole que concierne a la psique humana.  El principal objetivo del psicólogo es que la persona adquiera las destrezas habilidades y /o recursos para hacer frente a su situación problema, así como, su correspondiente prevención de recaídas, para que esta logre una mayor calidad de vida.

Qué hace un psicólogo

Es importante comprender tal y como hemos comentado, que no es una cuestión de fe, sino que partimos de una ciencia que intenta dar respuesta y consta de distintos modelos explicativos hacia la conducta del ser humano. Tampoco damos consejos, ni leemos la mente, nos basamos en lo que hemos estudiado y lo que nos comunica el paciente, entendiendo este, como el principal agente activo de su proceso de cambio.

Partimos de distintas orientaciones como pueden ser: cognitiva, conductual, cognitivo-conductual, psicodinámica, humanista, gestáltica, etc. Estas distintas escuelas aportan su visión, pero todas, tienen el objetivo común de mejora de calidad de vida de sus pacientes. La psicoterapia como tal, es un proceso que implica cambio y que podríamos decir, a grandes rasgos, que consta de distintas fases:

  1. Demanda inicial: Es la primera toma de contacto entre psicólogo y paciente, generalmente se realiza por vía telefónica donde se recogen datos básicos de la persona y su motivo de consulta, el por qué quiere acudir a psicoterapia. Muchas veces lo que la persona verbaliza es simplemente un aspecto más de la complejidad de su situación.
  2. Fase de evaluación: Mediante entrevista y recogida de historia clínica, el psicólogo lleva a cabo la evaluación del caso, donde se pretende comprender qué nos ha llevado hasta la situación definida como problema actual.
  3. Fase de devolución y análisis del problema junto al paciente:  En esta parte del proceso, el psicólogo devuelve parte de los aspectos comentados y analizados con anterioridad, con el objetivo de hacer consciente y partícipe al paciente de su proceso de cambio. Cabe destacar que este es un agente activo y, por tanto, este será su rol en las sesiones de psicoterapia.
  4. Determinación de objetivos de tratamiento y plan de trabajo: Una vez comprendido que nos ha traído hasta aquí, se plantean objetivos de tratamiento que elaboran tanto paciente como psicólogo.
  5. Psicoterapia: Conocida como fase de trabajo donde se ponen en práctica los distintos objetivos estipulados con anterioridad. Se dan recursos y/o estrategias, el paciente se empodera y capacita para hacer frente a su día a día de forma autónoma.
  6. Prevención de recaídas: Es importante comentar previamente con el paciente, los estadios o procesos de cambio y contemplar la recaída, como un proceso más que no necesariamente lleva asociado “fracaso”, sino una señal más de su proceso, que hay que tener en cuenta y encajar.
  7. Alta/ Seguimiento: El alta se da cuando el paciente se encuentra con los recursos necesarios y evalúa que puede hacer frente su día a día, sin la necesidad de apoyo externo, es necesario facilitar la opción de posibles sesiones de seguimiento, la frecuencia de la mismas variará y será negociable entre ambos (tres, seis meses o un año) para ver cómo hemos seguido, transcurrido este tiempo.

Así mismo, el tiempo total del proceso terapéutico variará en función de la situación problema y del grado de cambio que tenga el paciente. 

En qué puede ayudarme

Ante cualquier situación donde la persona no se encuentre con las herramientas adecuadas para hacerle frente, como podrían ser, por ejemplo: situación de estrés, mala gestión emocional, proceso de duelo por pérdida de un ser querido y/o ruptura emocional, cambio de trabajo o despido. Ansiedad, depresión, estado de ánimo bajo, dificultades de aprendizaje, problemas de concentración y/o memoria, complejos, autoestima, asertividad, inseguridad personal y/o vital, habilidades sociales, timidez, etc.

Si te encuentras en una situación que no sabes como gestionar y te estás planteando iniciar un proceso terapéutico, te informamos que desde PSIKO, disponemos de un espacio habilitado para ti. Contamos con un amplio equipo de profesionales cualificados que estarán encantados de poder acompañarte durante tu proceso de cambio. ¡No temas pedir ayuda!

 


Verónica Vivero
Nº Col. COPC-19212

La Psicología y las personas mayores

Que la población está envejeciendo es un hecho indudable. Las mejores condiciones de salud, la ausencia de guerras en Occidente, entre otros factores, está promoviendo el aumento de la esperanza de vida. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) actualmente, en España, la esperanza de vida se sitúa en 85,7 años para las mujeres y de 80,4 en el caso de los hombres. Las predicciones sitúan que ésta continuará aumentando.

Necesidades de las personas mayores

Por todo ello, nuestros mayores suponen una población con unas necesidades especiales que deben ser abordadas desde las distintas disciplinas que componen el ámbito socio-sanitario. En este post, os hablaré, desde mi experiencia, cómo la psicología aborda el trabajo con personas mayores.

Dentro de las estrategias de envejecimiento activo, cada vez son más las personas que acuden a asociaciones y centros de día en los que realizan distintas actividades adaptadas a sus necesidades y que favorecen su bienestar físico, cognitivo y emocional. Además, este trabajo se realiza desde los recursos más clásicos para las personas mayores como son las residencias.

El primer hándicap que nos podemos encontrar en este trabajo es que, realmente, la mayoría de las personas no reconocen la figura del psicólogo o la necesidad de acudir a este profesional. Realmente, el perfil de las personas mayores es totalmente heterogéneo. Como en el trabajo con otros colectivos, es realmente importante adecuarse a las necesidades de cada uno. A continuación, os muestro, de manera resumida, las principales funciones del psicólogo en estos centros:

Estimulación cognitiva

Se diferencia entre declive cognitivo que consiste en la leve pérdida del rendimiento cognitivo y es fruto del envejecimiento. Por otra parte, está el deterioro cognitivo característico de los distintos tipos de demencia y de la Enfermedad de Alzheimer. Por ello, a través de la estimulación cognitiva (conocida coloquialmente como la gimnasia del cerebro) se promueve el enlentecimiento de estos procesos que son degenerativos y la preservación, cuando es posible, de las funciones cognitivas.

Psicoterapia
Preocupaciones, ansiedad, temores, duelos, etc. Las personas mayores pueden requerir la ayuda de un profesional para el desahogo emocional y el apoyo a nivel terapéutico. La vejez, en sí misma, supone un proceso de duelo. La persona ve mermada sus capacidades cognitivas y físicas y esto supone un fuerte impacto emocional. Por otra parte, es importante hacer una revisión vital en la que cerrar conflictos del pasado, así como de la liberación de cargas que provoquen malestar en la persona.

Atención Familiar
En ocasiones, resulta tremendamente importante trabajar la adaptación familiar a las nuevas circunstancias y necesidades de la persona. Dentro de este apartado, toma especial relevancia la atención a las personas cuidadoras, trabajando el desahogo y otras estrategias para no caer en el síndrome del cuidador quemado.

Modificación de la Conducta
Debido al deterioro, pueden aparecer conductas que resulten problemáticas y para disminuirlas o eliminarlas, hay que programar una intervención a nivel conductual.  

Actividades de ocio y tiempo libre
Desde el departamento de Psicología también se participa en la planificación y ejecución de actividades que potencien el bienestar de nuestros mayores. Entre ellas, puede haber: celebración de fiestas, excursiones y visitas culturales, visionado de películas, etc. También, se desarrollan talleres específicos como técnicas de relajación y risoterapia.

Todo este trabajo no sería posible sin el apoyo de un equipo interdisciplinar en el que, además del papel de la psicología, se encuentra la figura del trabajo social, la fisioterapia, la terapia ocupacional y la enfermería, además del importante papel que realizan los auxiliares de enfermería.

 


Alejandra Muñoz
Nº Col. AN09995

¿La felicidad consiste en no sufrir?: La terapia de aceptacion y compromiso

Imagínate una tortuga que se dirige hacia su cueva, donde están sus crías. Pero la tortuga cada vez que llueve, cuando sopla el viento, cuando se topa con piedras, se mete en su caparazón. A veces sale del caparazón, avanza un poco, pero en cuanto ocurre a su alrededor algo inesperado se vuelve a meter. ¿Crees que de esta forma puede alcanzar lo que pretende? A lo mejor la alternativa es avanzar con todo el cuerpo fuera, en pleno contacto con el suelo, abierta a todo lo que pueda surgir en ese camino, notando todo lo que surja mientras avanza en la dirección a sus crías, el resto de tortugas… Probablemente no le gusten muchas de las cosas que estén en ese camino, o tal vez sí, pero eso es absolutamente distinto de su compromiso de avanzar por el sendero…

Esta es una metáfora que se utiliza en la Terapia de Aceptación y Compromiso, que sirve además como un reflejo fiel de algunos de los principios de esta terapia.

Empecemos por el principio.

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es la terapia más conocida y utilizada dentro de las Terapias de Tercera Generación (o Terapias Contextuales). Aunque tiene un origen de hace casi 30 años, es en los últimos años en los que ha alcanzado más popularidad dentro y fuera de las consultas. Ya sea por la nueva “tecnología” que ofrece al psicoterapeuta para su ejercicio, su nuevo enfoque a la hora de abordar la salud psicológica, su visión de la psicopatología, o incluso sus coincidencias con la popularidad del mindfulness, lo cierto es que el lector puede que haya escuchado hablar de ella.

Pero ¿cómo entiende ACT el sufrimiento humano?

De forma explícita e implícita se impone la idea de que la felicidad se consigue con la ausencia de preocupaciones, miedos, dolor o cualquier sensación desagradable. Se enseña de forma sutil que lo desagradable no se debe tolerar, y que padecer algún problema es algo anormal que es incompatible con una vida adecuada. Es por ello que se orienta la vida para que sea más cómoda, placentera e indolora poniendo a disposición cualquier avance de nuestra sociedad.

Pero ahora viene lo paradójico, y es que lo lógico sería pensar que cuanto más desarrollado sea nuestro mundo y al ir disfrutando de mayores comodidades, nuestro sufrimiento y las cosas que nos perturban deberían disminuir. Lo lógico sería pensar que si se gana en calidad de vida los psicólogos y psicólogas cada vez harían menos falta. Pero respecto a los aspectos psicológicos la lógica a menudo pierde sentido. La realidad es todo lo contrario, no solo hay más personas sufriendo si no que aumenta la variedad de los problemas que se padecen.

Este el precio que se paga al vivir en una sociedad donde se exige estar bien continuamente, que enseña a reprimir cualquier emoción/sensación negativa, que bombardea con “pensar en positivo” y que implícitamente nos educa en que para actuar bien tengo que estar bien.

Toda esta lucha por evitar y/o controlar esas sensaciones desagradables casualmente genera más sufrimiento. Y por si fuera poco la gran mayoría de las veces, esta lucha nos aleja de las cosas que son valiosas en nuestra vida, como por ejemplo ir a la universidad, cuidar una relación de pareja o mantener en nuestra vida a personas importantes.

La visión de ACT respecto a este tema es muy sencilla, el sufrimiento humano es inherente a vivir. Es inevitable que mientras se viva se experimenten experiencias que aporten dolor o preocupaciones, eso significa que se está recorriendo el camino de la vida. Desde ACT se cree en que se puede “sentirse mal pero estar bien”.

¿Y esto como se hace?

Básicamente aceptando esas sensaciones desagradables y no dejando que lo que sentimos, pensamos o recordamos (esos eventos privados) controle nuestra vida. No se pueden eliminar pensamientos o emociones, pero si controlar cómo comportarse. Desde ACT se hace hincapié en abandonar la lucha con esos eventos privados desagradables que solo trae más sufrimiento, y dirigir la vida hacia donde se considere valioso para cada uno.

¿Qué herramientas utiliza ACT?

Se utilizan en ACT tanto técnicas ya utilizadas en otras terapias como otras novedosas. Al tener coincidencias en algunos principios con otras terapias, como por ejemplo terapias humanistas, hay ejercicios que se pueden incorporar plenamente a la terapia, sin olvidar en ningún momento los fundamentes y el marco teórico que diferencia a ACT de estas otras. Entre las técnicas utilizadas podemos encontrar las metáforas, ejercicios experienciales, ejercicios de mindfulness o clarificación de valores, sin olvidarnos de la más importante… el propio terapeuta.

En la metáfora que escribía al principio, para la tortuga, la lluvia, piedras, el viento serían como esos eventos internos desagradables (pensamientos, emociones, recuerdos, sensaciones…) que dificultan el camino. Por el contrario, el ir hacia sus crías simboliza el camino que a la tortuga le resulta valioso. Y el ir a su encuentro, a pesar de algunas cosas incómodas es el compromiso que tiene con lo que le importa en su vida.

Así pues, ACT es una terapia centrada en valores, en lo que de verdad le resulta valioso a cada persona. ACT no busca que se tome contacto y se acepten esos eventos privados incómodos sin motivo alguno, eso no tendría sentido. Lo que orienta la terapia es la dirección que marca cada uno hacia lo que considera importante.

Imaginemos un caballo y su jinete. El caballo representa todos esos eventos internos desagradables (emociones, pensamientos, recuerdos…). El objetivo de ACT es que, a pesar de hacia dónde intente ir el caballo, el jinete dirija su vida allá dónde considere importante y no en la dirección que su caballo prefiera, es decir, que coja las riendas.

Por eso, no estaría de más preguntarse, ¿quién marca el camino de mi vida?, ¿es mi caballo quién dirige?, o ¿soy yo quien lleva las riendas?

 


Jesús M. Calderón
Nº Col. M-31505