Locura deportiva, ¿Qué es y para que sirve un psicólogo deportivo?

Cuando digo que soy psicóloga deportiva suele suscitar reacciones de muy diversos tipos: desde aquellos que piensan que sólo trabajamos con deportista lesionados o que tienen problemas, hasta los que creen que sólo nos dedicamos a trabajar con deportistas como Rafa Nadal o Tiger Woods, o en equipos como el Real Madrid o Los Ángeles Lakers. Lo que si coincide siempre es que todo el mundo conoce alguien que lo necesita, pero nadie lo pide para su club, escuela o como deportista individual porque “está todo bien”.

Aunque por suerte, cada vez son más los que conocen esta disciplina, aún es curioso lo que suele pasar cuando se plantea la figura del psicólogo deportivo dentro de un club o equipo, muchos deportistas y personal del cuerpo técnico muestran reticencias, ya que ven innecesaria esta figura, ¡No estamos locos, no lo necesitamos! Suelen decir.

Bien, siento daros una “mala noticia”, (nótese la ironía) la psicología deportiva no es para los locos, ni sólo para los más TOP del deporte. Esta disciplina es eficaz no sólo en el ámbito del alto rendimiento deportivo; se ha demostrado ampliamente su utilidad desde las categorías competitivas más bajas a las primeras ligas nacionales e internacionales, y desde los primeros años de iniciación deportiva, hasta la retirada o abandono deportivo.

Todos tenemos claro que es importante la preparación física, la técnica, la táctica y la alimentación si queremos conseguir buenos resultados deportivos. Y en estos aspectos todos los equipos luchan cada día por mejorar, lo que hace que se encuentren en niveles muy similares. Sin embargo, sólo aquellos que se preocupan por trabajar aspectos psicológicos son los que marcan la diferencia.

Ahora bien, reflexionemos: ¿Cuánto tiempo dedicamos al entrenamiento semanal de aspectos psicológicos? Atención, concentración, toma de decisiones, comunicación, activación, control emocional, gestión del error… Seguramente no lo suficiente.

Además, aquellas canteras que han incluido estos aspectos en la formación de sus jugadores desde pequeños, no sólo obtienen por lo general mejor rendimiento deportivo; los valores que estos niños y niñas adquieren suelen ser valores útiles tanto en el deporte como en la vida, fomentando un desarrollo integral de su personalidad.

¿Cómo trabaja un psicólogo deportivo?

Los psicólogos deportivos trabajamos con las mismas técnicas que puede utilizar otro psicólogo, sólo que las aplicamos al ecosistema deportivo. Además, podemos trabajar a nivel individual y/o grupal, en función de las necesidades, el tipo de deporte, o el papel que esa persona desempeñe entro del deporte.

En primer lugar, evaluamos cuales son estas necesidades a través de entrevistas y cuestionarios. Lo que nos permite hacer un análisis de cuales son las habilidades que posteriormente debemos entrenar.

Posteriormente se plantean actividades y ejercicios, dentro y fuera de los entrenamientos, donde la práctica de esta habilidad por parte del deportista es clave para la integración de la misma en su rutina deportiva. No hacemos magia, dotamos a los deportistas de estrategias y herramientas para que mejoren sus habilidades y capacidades, y en consecuencia su rendimiento deportivo y su desarrollo personal y profesional; es el deportista el que debe poner en marcha esos aprendizajes y con la práctica ir integrando estos aprendizajes en sus rutinas.

Finalmente vamos acompañando al deportista y realizando los ajustes necesarios para continuar con este proceso de mejora.

En el caso del trabajo con canteras, con los más pequeños, los entrenadores y padres juegan un papel fundamental. Aunque se pueden hacer muchas actividades y juegos donde practicar ciertas habilidades psicológicas y donde desarrollar valores, los niños y niñas confían plenamente en sus padres y sus entrenadores.

Por ello, los psicólogos deportivos que trabajamos con deporte base centramos nuestras fuerzas en la formación de entrenadores y padres. Con la intención de que estos aprendizajes puedan trasladarse a actividades dentro y fuera del deporte.

¿Para que me puede servir a mí?

Bien, que los psicólogos deportivos somos útiles en la recuperación de lesiones y cuando hay un problema: ansiedad, mala gestión del error, depresión tras retirada deportiva, miedo ante una competición, etc. De eso no le cabe duda a nadie, sin embargo, vamos a ver en qué momentos puede ser útil la psicología deportiva cuanto “todo va bien”:

  • La pretemporada:

Los psicólogos deportivos ayudamos a directivas y cuerpos técnicos en la planificación de la temporada, el establecimiento de objetivos a corto, medio y largo plazo, y la evaluación continua de los mismos.

Además, lo inicios siempre cuestan, tener un apoyo para los deportistas en estos inicios de la nueva temporada es muy útil para poner en marcha estos objetivos y los propios de cada deportista. El asesoramiento aquí puede ser clave para evitar futuros conflictos.

Desarrollar una buena cohesión de grupo y un buen trabajo en equipo es fundamental en esta parte de la temporada.

  • La temporada:

Todo tipo de aspectos psicológicos tienen cabida durante la temporada, atención, concentración, comunicación, liderazgo, toma de decisiones, gestión emocional, autoconocimiento, autocontrol, trabajo en equipo, definición de roles, valores, etc.

  • El final de la temporada:

La carga de toda la temporada y el desarrollo de la misma pueden haber llevado a muchas situaciones diferentes que tendrán más o menos peso en la carrera de deportistas y cuerpo técnico. El psicólogo deportivo puede ayudar en la gestión de todas estas situaciones y en el cierre adecuado de la temporada.

Espero este post os anime a entrenar también el área psicológica en todos los momentos de la temporada, contando siempre con el asesoramiento de un psicólogo especializado en deporte.

 


Lara Jiménez
Nº Col. CL-4751

Puedo vivir sin ti, hay manera

Estamos ante un cambio social donde, por fin, nos vamos dando cuenta que una vida sin pareja no es una vida incompleta.   Donde empezamos a entender que esa media naranja que tanto buscábamos era parte de nosotros mismos y  que el autocuidado es esencial para mantenernos vivos en unas vidas de constante cambio. La era de la supervivencia emocional donde la ausencia no implica la carencia. 

A su vez, la pareja también está evolucionando, desarrollando modos más adaptados a los nuevos valores.

Cuando hablamos de pareja, vamos a intentar distanciarnos del enfoque del amor romántico. No la  entendemos como una culminación de una tarea de la adultez sino como un grupo de apoyo. Como todo grupo, estructura social o red de apoyo tiene mecanismos sesgados, inválidos, incorrectos, desactualizados sobre los que trabajar.  La privacidad es uno de ellos.

Cuando se conforma una pareja, a veces, se intuye una renuncia implícita a la privacidad.  Una negación de la vida pasada y de los roles que hemos ocupado en los distintos ambientes de nuestra vida. Nuestros papeles de hijos, de padres, de amigos, de profesionales, de clientes, de pacientes, pueden ser  eclipsados. A su vez, parece que la pareja fuera asociada a un abandono de la individualidad y la autonomía. En consecuencia, tener pareja supondría siempre desatendernos a nosotros mismos.

¿Existe alternativa? Si, necesitamos un espacio propio dentro y fuera de la pareja, y este espacio debe ser creado por ambos (o más si hablamos de otros tipos de uniones) miembros de forma consciente, libre y voluntaria. Es necesario disponer de un  equilibrio entre la singularidad, la autonomía y la vivencia segura de intimidad, conexión y apoyo.  Crear un sistema de normas flexibles que nos permita mantener nuestra cohesión interna e interaccionar con los demás sistemas.

Una de las claves para conseguirlo es la comprensión. No catalogar los espacios personales de mi pareja, donde no soy invitado, como amenazantes. Se trata de aceptar el deseo de nuestra pareja de estar con otras personas, en otras actividades o con él/ella mism@.  A su vez, permitirnos este espacio a nosotros mismos. Hacer un ejercicio de análisis para no interpretar esta voluntad como una falta de compromiso o de deseo.

Como consecuencia,  estaremos más alegres, nos sentiremos  más seguros, tendremos  más autoestima, y estaremos mucho menos aburridos. Otra de las claves es que alejarnos de la situación de pareja nos permite la posibilidad de reprocesar lo que pensamos o sentimos. Esto va a facilitar la resolución de conflictos y el mantenimiento del deseo.

Por último, hay otros artículos donde ofrecen consejos concretos para preservar la privacidad. Recomiendan no compartir las claves de teléfono, redes sociales etc. Dividir las cuentas bancarias, revisar firmas y por supuesto, estar siempre en posesión de nuestros documentos personales.  ¿Es este el problema?

Personalmente, abogo por seguir construyendo, deconstruyendo y reconstruyendo. Conocernos, hablar, leer y escribir sobre el amor, la pareja, nosotros etc. Saber que mi pareja no va a utilizar mis claves, no sólo porque no las tenga sino porque no se permitiría vulnerar mi intimidad.

 


Laura Martínez
Nº Col. AN08893