Puedo vivir sin ti, hay manera

Estamos ante un cambio social donde, por fin, nos vamos dando cuenta que una vida sin pareja no es una vida incompleta.   Donde empezamos a entender que esa media naranja que tanto buscábamos era parte de nosotros mismos y  que el autocuidado es esencial para mantenernos vivos en unas vidas de constante cambio. La era de la supervivencia emocional donde la ausencia no implica la carencia. 

A su vez, la pareja también está evolucionando, desarrollando modos más adaptados a los nuevos valores.

Cuando hablamos de pareja, vamos a intentar distanciarnos del enfoque del amor romántico. No la  entendemos como una culminación de una tarea de la adultez sino como un grupo de apoyo. Como todo grupo, estructura social o red de apoyo tiene mecanismos sesgados, inválidos, incorrectos, desactualizados sobre los que trabajar.  La privacidad es uno de ellos.

Cuando se conforma una pareja, a veces, se intuye una renuncia implícita a la privacidad.  Una negación de la vida pasada y de los roles que hemos ocupado en los distintos ambientes de nuestra vida. Nuestros papeles de hijos, de padres, de amigos, de profesionales, de clientes, de pacientes, pueden ser  eclipsados. A su vez, parece que la pareja fuera asociada a un abandono de la individualidad y la autonomía. En consecuencia, tener pareja supondría siempre desatendernos a nosotros mismos.

¿Existe alternativa? Si, necesitamos un espacio propio dentro y fuera de la pareja, y este espacio debe ser creado por ambos (o más si hablamos de otros tipos de uniones) miembros de forma consciente, libre y voluntaria. Es necesario disponer de un  equilibrio entre la singularidad, la autonomía y la vivencia segura de intimidad, conexión y apoyo.  Crear un sistema de normas flexibles que nos permita mantener nuestra cohesión interna e interaccionar con los demás sistemas.

Una de las claves para conseguirlo es la comprensión. No catalogar los espacios personales de mi pareja, donde no soy invitado, como amenazantes. Se trata de aceptar el deseo de nuestra pareja de estar con otras personas, en otras actividades o con él/ella mism@.  A su vez, permitirnos este espacio a nosotros mismos. Hacer un ejercicio de análisis para no interpretar esta voluntad como una falta de compromiso o de deseo.

Como consecuencia,  estaremos más alegres, nos sentiremos  más seguros, tendremos  más autoestima, y estaremos mucho menos aburridos. Otra de las claves es que alejarnos de la situación de pareja nos permite la posibilidad de reprocesar lo que pensamos o sentimos. Esto va a facilitar la resolución de conflictos y el mantenimiento del deseo.

Por último, hay otros artículos donde ofrecen consejos concretos para preservar la privacidad. Recomiendan no compartir las claves de teléfono, redes sociales etc. Dividir las cuentas bancarias, revisar firmas y por supuesto, estar siempre en posesión de nuestros documentos personales.  ¿Es este el problema?

Personalmente, abogo por seguir construyendo, deconstruyendo y reconstruyendo. Conocernos, hablar, leer y escribir sobre el amor, la pareja, nosotros etc. Saber que mi pareja no va a utilizar mis claves, no sólo porque no las tenga sino porque no se permitiría vulnerar mi intimidad.

 


Laura Martínez
Nº Col. AN08893

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