Psicología Infanto-juvenil desde la terapia Gestalt

Qué es la Terapia Gestalt

Antes de comenzar a hablar de la psicología infanto-juvenil desde esta orientación psicológica vamos a conocer en qué consiste la Terapia Gestalt.

Según la Asociación Española de Terapia Gestalt “se encuadra dentro de las terapias humanistas, y participa por tanto de todos los principios de las mismas. Esta llamada “tercera vía de la Psicología” hace especial hincapié en el desarrollo del potencial del ser humano y pone el acento en reforzar las cualidades positivas de la persona”

Desde esta orientación, es necesario tener en cuenta que el paciente no viene a terapia a ser interpretado o a modificar su conducta mediante una serie de ítems a realizar, sino que viene a “confrontar su neurosis”, a darse cuenta de lo que hace y como lo hace, por eso ha de ser especialmente activo y responsable. Va a aprender a descubrir y lograr sus objetivos y satisfacer sus necesidades a través de sus propios esfuerzos. La persona es tratada como una totalidad. Además, un terapeuta gestáltico no interpreta ni condiciona, sino que acompaña. Es activo, atiende a la conducta, al darse cuenta, al aquí y ahora en lugar del allá y entonces. Evita decirle al paciente lo que ha descubierto acerca de él, le enseña a observarse y a experimentar sus conductas.

Como decía Piaget: “Cada vez que le damos a un niño la respuesta le quitamos la posibilidad de encontrar las suyas y de descubrir sus propios recursos” El foco del proceso terapéutico gira en torno a lo que el paciente hace, cómo lo hace y para qué lo hace. El objetivo de la terapia es que la persona logre la mayor integración posible para su desarrollo.

Esta ha sido una breve reseña e introducción para familiarizarnos con la terapia Gestalt, pues podríamos externos mucho más en desarrollar cada punto, pero eso podremos hacerlo en un artículo dedicado tan sólo a esta orientación psicológica, por lo que vamos a centrarnos más en el abordaje de la infancia y adolescencia desde esta perspectiva.

Qué trae a los niños a terapia

Es probable que, en respuesta  esta pregunta, todos en algún momento pensemos, bueno tiene algún trastorno, no les está yendo bien en el colegio, son agresivos o retraídos, han sufrido algún trauma, etc… Todos estos son síntomas y reacciones pero ¿ qué los está causando?

Partimos de dos problemas básicos:

  1. Les cuesta hacer un buen contacto con profesores, padres, pares y libros.
  2. Generalmente tienen un pobre sentido de sí mismos.

Para hacer un buen contacto con el mundo, necesitamos conocer las funciones de contacto que denominamos mirar, escuchar, tocar, saborear, oler, moverse, expresas sentimientos, ideas, pensamientos…Estas resultan ser las mismas modalidades que constituyen nuestro self o sí mismo. Los niños con trastornos emocionales debido a algún trauma u otra razón, tienden a aislarse de alguna manera, anestesian sus sensaciones, restringen su cuerpo, bloquean sus emociones y cierran su mente. Estos actos afectan profundamente su crecimiento sano y agravan más sus problemas. Ellos no pueden hacer un buen contacto y el sí mismo se inhibe aún más.

El bebé llega al mundo como un ser sensorial, su cuerpo está en constante movimiento. El organismo, compuesto por los sentidos, el cuerpo, el intelecto y la capacidad de expresar emociones, está funcionando en una forma integral tal como va creciendo el niño. Pero a cada niño-unos más que a otros- empieza a sucederle algo que interfiere con un sano desarrollo. Los sentidos se anestesian, el cuerpo se restringe, las emociones se bloquean y el intelecto no es lo que podría ser.

¿Por qué sucede esto? Ciertamente varios traumas como el abuso, divorcio, rechazo, abandono, enfermedades, pueden ocasionar que el niño se retraiga de algún modo. Esto lo hace instintivamente para protegerse. Pero hay una serie de etapas del desarrollo y factores sociales en su vida que también hacen que él se restrinja, se bloquee o se inhiba a sí mismo. Estos factores de desarrollo consisten en : confluencia y separación, egocentrismo, introyectos, satisfacción de necesidades, establecimiento de barreras y límites, el efecto de diversos sistemas, expectativas culturales y respuestas de los padres a él, particularmente sus expresiones de rabia.

El proceso terapéutico con niños y adolescentes

  • La relación. Nada sucede sin al menos una hebra de relación. Es algo tenue que requiere cuidado. Es la base del proceso terapéutico y puede, en sí misma, ser poderosamente terapeútica. No nos hacemos expectativas sobre él. Lo aceptamos tal cual es. Respetamos su ritmo y tratamos de unirnos a él, estar presente y conectados. Al relacionarte con él como un ser aparte, le das la oportunidad de experimentar su propio YO, sus propios límites, destacando así su sentido de sí mismo y mejorando y fortaleciendo sus habilidades de contacto.
  • Contacto. Es un asunto vital y existencial en cada sesión. Poco puede suceder sin contacto real. El contacto implica poseer la habilidad de estar completamente presente en una situación específica con todos los aspectos del organismo prestos y disponibles para su uso. Un buen contacto también implica la capacidad de retirarse apropiadamente antes que paralizarse en un espacio supuestamente de contacto. Cuando sucede esto, deja de ser contacto y pasa a ser un falso intento de mantenerse en contacto, por ejemplo, el niño que nunca deja de hablar o que no puede jugar solo y necesita estar acompañado todo el tiempo.
  • Resistencia.Los niños presentan una serie de manifestaciones conductuales,  comúnmente llamadas resistencias, como una manera de intentar lidiar y sobrevivir y hacer contacto con el mundo lo mejor posible. A veces funcionan, pero es más frecuente que al emplear estas conductas, no obtengan lo que necesitan. A medida que adquieren confianza en sí mismos a través de un sentido más fuerte de su yo, las conductas fallidas desaparecen y son reemplazadas por formas de contacto con el  mundo más satisfactorias y eficaces.Casi todos los niños son resistentes, se protegen, en cierta medida, si no hay ninguna resistencia, el yo de ese niño es tan frágil que debe hacer todo lo que le digan para sentir que puede sobrevivir. La resistencia es la aliada del niño, es su manera de protegerse, hay que respetarla.
  • Los sentidos. se trabaja con todos los sentidos, los estimulamos con todo tipo de actividades.
  • El cuerpo. Cada emoción tiene una conexión corporal. Los niños perturbados restringen su cuerpo y se desconectan de él. Hay que ayudarlos a desbloquearse, soltarse, respirar profundo, conocer su cuerpo, sentirse orgullosos de él…Por lo general se empieza con la respiración. Se hacen muchos ejercicios que involucran el cuerpo.
  • Fortalecer el yo. Ayudar al niño a desarrollar un fuerte sentido de sí mismo es un requisito primordial para que exprese sus emociones ocultas. Este sentimiento agudizado del yo suele evocar expresiones emocionales espontáneamente. Reforzar el yo implica, además de experiencias sensoriales corporales: definir el yo, elegir, experimental el dominio, reconocer proyecciones, establecer fronteras y límites, tener la habilidad de ser juguetón y usar la imaginación, experimentar algún poder y control, contactar la propia energía agresiva.
  • Expresión emocional. No es fácil enseñar a los niños a desenterrar sus emociones sepultadas y que aprendan formas sanas de expresar sus emociones en la vida diaria. Diversas técnicas proyectivas ayudan en este trabajo: dibujos, arcilla, fantasía e imaginación, dramatización, música, movimiento, bandeja de arena, fotografía, metáforas, juegos.
  • Autocuidado. Consiste en ayudar al niño a ser más receptivo, comprensivo y activamente nutritivos consigo mismos. Es difícil ya que los niños son  criados con la idea de que es egoísta y malo preocuparse de sí mismo. La aceptación de todas las partes de uno mismo, aun las mas odiosas, es un componente vital de un desarrollo sano y no deteriorado. El primer paso es desenterrar aquellas partes odiadas del yo. La integración empieza a producirse cuando ayudamos al niño a aceptar las partes de sí mismo que él aborrece, y a entender su función y propósito.
  • Procesos inapropiados persistentes. Dado que la terapia gestalt está mas orientada a los procesos que a los contenidos, ayudar a los niños a tomar conciencia de su proceso particular tiene prioridad sobre la modificación de la conducta a través de la resolución de problemas específicos, recompensas, conferencias u otro tipo de intervenciones. El cambio ocurre cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es. Esto se tiene aún más en cuenta cuando después de trabajar con los diversos procesos terapéuticos, ciertas conductas tienden a persistir, por lo que hay que centrarse en ellas y trabajarlas de esta manera.

Para terminar aquí les dejo del libro “Cuentos que curan”, el relato de Robert Bly donde nos explica cómo se produce el nacimiento de la sombra en cada uno de nosotros, algo que nos puede ser ilustrativo y comprender tanto esta orientación y el trabajo que se trata de hacer en la infancia y adolescencia:

“Cuando contábamos con uno o dos años de edad, teníamos lo que podemos visualizar como una personalidad de 360 grados. Irradíabamos energía desde todas las zonas de nuestro cuerpo y de nuestra psique. Un niño corriendo es un globo viviente de energía. Teníamos una bola de energía perfecta, pero un día vimos que a nuestros padres no les gustaban ciertas partes de esa bola. Decían cosas como: ¿ No puedes estarte quiere?; o… No está bien atormentar a tu hermano. Detrás de nosotros tenemos un saco invisible y en él ponemos la parte de nosotros que no gusta a nuestros padres a fin de conservar su amor. Cuando vamos al colegio nuestro saco ya es bastante grande. Entonces los profesores dicen una de las suyas: “Los niños buenos no se enfadan por pequeñeces”. Así que cogemos nuestro enfado y lo ponemos en el saco. Cuando mi hermano y yo teníamos doce años en Madison(Minnesota) nos llamaban “Los amables niños Bly”. Nuestros sacos ya medían un kilómetro.

Luego hacemos un buen relleno del saco en el instituto. Esta vez ya no son los malvados mayores quienes nos presionan, sino gente de nuestra edad. Así que la paranoia estudiantil contra los mayores podría estar fuera de lugar. Durante todos los años de instituto mentí sistemáticamente para intentar parecerme más a los jugadores de baloncesto. Cualquier parte de mí que fuera un poco lenta se iba al saco. Mis hijos están atravesando ese proceso ahora, contemplé cómo lo hacían mis hijas, que son más mayores. Vi consternación cuándo llegan a poner en el saco, pero no hubo nada que su madre ni yo pudiéramos hacer al respecto. A menudo mis hijas parecían decidirse en aras de la moda y de las ideas colectivas de belleza y sufrían tanto a causa de otras chicas como de los hombres. Así que mantengo que de todo un globo redondo de energía a los veinte años nos queda una fina rebanada. Antes de los veinte años nos pasamos la vida decidiendo qué partes de nosotros ponemos en el saco y pasamos el resto de nuestras vidas intentando sacarlas de nuevo. En ocasiones parece imposible recuperarlas, como si el saco estuviera sellado. Supongamos que el saco queda sellado ¿qué ocurre entonces? Un gran relato del siglo diecinueve sabe algo de eso. Una noche Robert LOUIS Stevenson se despertó y contó a su mujer un fragmento del sueño que acababa de tener. Ella le urgió a escribirlo, lo hizo y se convirtió en el Doctor Jekyll y Mister Hyde. El lado boniyo de nuestra personalidad se vuelve, en nuestra cultura idealista, más y más bonito. El hombre occidental, puede ser, por ejemplo, un generoso doctor que siempre piensa en el bien de los demás. Moral y éticamente es maravilloso, pero la sustancia del saco forma una personalidad por su cuenta, que no puede ignorarse. El relato nos dice que la sustancia encerrada en el saco aparece un día en algún otro lugar de la ciudad. La sustancia del saco está enfadada, y cuando la ves tiene forma de simio y se mueve como un simio”.

(Roberto Bly. En Jung y otros, 1994;45-47)

 


Iris Flores
Nº Col. P-02039

Psicología y coaching; ¡Qué no te engañen!

Psicología: según la RAE, se refiere a la ciencia o estudio de la mente y de la conducta en personas o animales. A esta definición se añaden otras, sobre las que me gustaría destacar la siguiente: “manera de sentir de un individuo o de una colectividad”. El diccionario Oxford añade una definición más práctica: “Capacidad para conocer el carácter de las personas y comprender las causas de su comportamiento”.

Y el psicólogo, según la RAE, es el especialista en psicología. O aparece como adjetivo para quienes cuentan con una “especial sensibilidad para el conocimiento del comportamiento humano”.

Por el contrario, cuando nos dirigimos a buscar la palabra Coaching, no aparece en la RAE. De hecho, no aparece en ningún diccionario en español, por lo que para definirlo me basaré en las definiciones que realizan algunos autores relevantes en la materia:

Para T. Gallwey se trata de un arte, “el arte de crear un ambiente a través de la conversación y de la forma de ser, que facilite el proceso por el cual una persona se moviliza de manera exitosa para alcanzar sus metas”.

Para J. Whitmore sería algo así como una técnica para ayudar a una persona a pensar por sí misma, a descubrir su potencial.

Las personas encargadas de realizar coaching son llamados Coach, para esto la RAE si tiene definición (traducida del inglés), “Persona que asesora a otra para impulsar su desarrollo profesional y personal” o también lo define como un entrenador.

Bien, por el momento las diferencias son abismales. La psicología es una ciencia llena de técnicas y el coaching una sola técnica. Vamos a adentrarnos en más aspectos.

Dentro de la psicología, un pilar básico es lo que llamamos la “alianza terapéutica”, ese ambiente inicial que se crea con el paciente, a través de la conversación. No todos los psicólogos consiguen realizar esta alianza adecuadamente con sus pacientes o clientes, esto puede suceder por varios motivos, pero eso no es lo importante. ¿confías en un fisioterapeuta o un médico que no “te cae bien”, que crees “no sabe mucho sobre lo que te ocurre”, o que no te está ayudando a solucionar aquello que te molesta actualmente? La respuesta probablemente es no, con los psicólogos pasa lo mismo.

No todos los psicólogos pueden ayudar a todas las personas, cada uno es especialista en su área y por su forma de ser podrá ayudar o no a una serie de personas.

Otro aspecto clave de la psicología que me gustaría aclarar es que no solo soluciona problemas, las funciones de la psicología son mucho más amplias. Las áreas clínica y sanitaría son las más dedicadas a la solución de problemas, pero muchas otras áreas de psicología, e incluidas las anteriormente mencionadas, trabajan sobre todo para impulsar el desarrollo de las personas, su potencial.

Desde la psicología aplicada, en un gran porcentaje de ocasiones, se trabaja para el aumento del bienestar y el rendimiento de la persona. El desarrollo y el proceso de cambio son fundamentales en la intervención psicológica, es decir, ir al psicólogo no es “malo”, no tiene por qué haber un problema grave.

Ahora mismo siento que en pocos párrafos he desmontado la utilidad del coaching, y tampoco es esa mi intención. Como psicóloga he decidido formarme en coaching, ya que considero que no son enemigos, ni tienen por qué estar reñidos.

Mientras que el coaching es una técnica, una herramienta que facilita el proceso de cambio de la persona, mediante la conversación, las preguntas, la reflexión, y dando gran importancia a las emociones de la persona, la psicología cuenta con cientos de técnicas diferentes. Incluso podríamos decir que el coaching es una de ellas. También existen otras técnicas más tradicionales (y directivas) totalmente en la línea opuesta.

Con esto quiero decir que el coaching no sirve para todo ni para todos, será útil a aquella persona que esté dispuesta a llevar su proceso de cambio guiada por esta técnica. Tampoco todas las técnicas de psicología y todos los psicólogos podrán ayudar a todas las personas, pero si es cierto que, buscando el profesional adecuado, este contará con un mayor elenco de técnicas que podrá utilizar para ayudarnos a mejorar, a cambiar, a solucionar un problema, o a aumentar nuestro bienestar general. Antes de pedir ayuda, busca a la persona más adecuada a tus necesidades, aumentarás las probabilidades de éxito.

Para acabar me gustaría dedicar unas palabras, tanto a aquellos que vienen de otras profesiones y ayudan a algunas personas mediante la técnica del coaching, como a mis colegas de profesión, los psicólogos:  por favor, y por el bien de nuestra profesión, sed responsables con las personas a las que ayudáis, sed coherentes y sabed hasta donde podéis llegar. Es mejor decir “hasta aquí puedo llegar” y derivar a otro profesional, que continuar por miedo o inseguridad y perjudicar a la persona que depositó su confianza en nosotros.

 


Lara Jiménez
Nº Col. CL-4751

La magia del control

La magia existe.

Los elefantes vuelan.

Las matrículas se cuentan.

Los azulejos se saltan.

Y de todo esto, tú, puedes ser el director de orquesta.

En la lógica del Trastorno Obsesivo Compulsivo se puede controlar la existencia.  Esta es la gran trampa a la que se exponen casi el 1,6 por ciento de la población.

El trastorno obsesivo compulsivo es una enfermedad de curso crónico caracterizada por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son ideas no deseadas por la persona que inundan la conciencia y que suponen un estrés continuo; las compulsiones son los actos, las acciones formales diseñadas para neutralizar  o impedir  el malestar o algún acontecimiento temido.

Es fácil si recordamos al gran  Jack Nicholson en Mejor imposible con su juego de cubiertos desechables para no usar los mismos que otros clientes. La obsesión, en este caso, sería contaminarse y la compulsión utilizar siempre los cubiertos dispensables para evitar ser infectado.  Lo veíamos también alineando perfectamente sus zapatillas de andar por casa  y haciendo un gran esfuerzo por no pisar las líneas del suelo.

Un aspecto clave de cómo la mente construye esta prisión es que, en el proceso de desarrollo de un trastorno  obsesivo compulsivo, existen regularidades. Subyace una estructura lógica de pensamiento que en un principio ayuda al sujeto a aliviar la angustia provocada por lo desconocido, o como llamaría Giorgio Nardone en su libro sobre Obsesiones, compulsiones y manías; la tiranía de lo absurdo.

De hecho, entre las motivaciones fundamentales que activarían pensamientos y acciones compulsivos, una de ellas  consiste en la exacerbación de procesos de razonamiento racional hasta hacerlos completamente irracionales. “De lo lógico se llega, por exceso, a lo ilógico “ (Obsesiones, compulsiones, manías de Giorgio Nardone con Claudette Portelli)

El control actúa como una fuerza potente, una forma de combatir la angustia o los síntomas depresivos que frecuentemente acompañan a esta patología. “Si controlo todo, no podrá sucederme nada horrible o peligroso”. Sin embargo,  cada vez supone más esfuerzo y más dedicación y el trastorno acaba siendo uno de los más invalidantes en salud mental. El TOC influye en la vida del paciente y en la de su entono. Las obsesiones tienen un gran impacto negativo en las relaciones interpersonales y en la calidad de vida.  Los pacientes consumen mucho tiempo y esfuerzo en sus rituales y compulsiones para asegurarse de que no sucedan de las temibles consecuencias que imaginan.

La siguiente historia, contenida en el libo El arte de amargarse la vida de Paul Watzlawick, refleja con mucho humor el proceso obsesivo.

En ella, una persona aplaude de forma sistemática para espantar a los elefantes. El compañero, que presencia la escena, le recuerda que es poco probable que aparezcan elefantes en Nueva York a lo que nuestro protagonista contesta, “¿Ves? Porque los he espantado con las palmadas”.

Existen varios tipos de TOCs  ; lavadores, limpiadores, verificadores, somáticos e hipocondríacos. Repetidores, ordenadores, acumuladores, ritualizadores, numerales etc.   A su vez, las obsesiones pueden ser sobre la salud y apariencia física, contaminación, filosóficas y religiosas, de contenido agresivo… Paco León nos muestra algunos en su película TOC TOC, donde él interpreta a un taxista cuya obsesión es contar (toc numeral), Rossy de Palma representa al tipo verificado y repetidor y Alexandra Jimenez al TOC limpiador.

¿Se puede diagnosticar? ¿Se puede tratar?

Sí y Sí.

Pueden existir dificultades para diagnosticar el TOC porque los pacientes guardan secreto sobre sus síntomas o porque tienen una baja conciencia de enfermedad.  Además,  los síntomas obsesivos son, con frecuencia,  muy reforzados en ambientes laborales.  El punto estable de la sociedad reside en las obsesiones. Las personas con TOC pueden ser muy perfeccionistas, trabajadores muy disponibles y excelentes cumplidores. Sin embargo, en el estudio de Hollander y cols se contemplaba  que un cuarenta y  siete por ciento de las personas diagnosticadas con TOC tenían interferencias en el puesto de trabajo y el cuarenta por ciento presentaba una imposibilidad  de trabajar.

El tratamiento psicológico es el de elección  y consistirá en informar al paciente y a sus familiares y enseñar a modificar la respuesta a las obsesiones. Para esto, estamos nosotros.

Por último, y con la promesa de que es la última vez que cito a P. Watzlawick, Lo malo de lo bueno es una obra que versa sobre cómo aceptar la incertidumbre como parte de la vida cotidiana y lo necesario de actuar sin saber todos los detalles.

Y en lo bueno de lo malo, este extracto del  magnífico poema de Neil Hilborn “ OCD”:

“Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo en realidad no tienes momentos callados.

Incluso en la cama, estoy pensando:

¿Cerré las puertas? Sí.

¿Me lavé las manos? Sí.

¿Cerré las puertas? Sí.

¿Me lavé las manos? Sí.

Pero cuando la vi, la única cosa en la que pude pensar fue en la curva de sus labios”.

 


Laura Martínez
Nº Col. AN08993

 

¿Cuándo acudir a un sexólogo?

Actualmente la figura del sexólogo es desconocida para la mayoría de la población. La sexualidad continúa siendo un tema tabú para muchas personas en la sociedad de hoy en día, y es por ello que la gente omite hablar sobre ello si aparece alguna dificultad en ese ámbito, ya sea por vergüenza y pudor, por desconocimiento, etc.

Sin embargo, la sexualidad es un pilar básico en la vida y el bienestar de las personas. Además, la sexualidad no es algo que permanezca estático a lo largo de los años: es dinámica, cambia y evoluciona durante toda la vida, por ello se puede decir que no hay una única sexualidad, ni si quiera dentro de una misma persona. Podemos definir la sexualidad como una capacidad que todos tenemos, que podemos desarrollar y que es el resultado de todo lo que somos: nuestra sexualidad depende de nuestra historia de vida, en ella influyen tanto nuestra biología y nuestra personalidad como nuestra cultura, nuestra educación, etc.

Afortunadamente, los medios de comunicación están empezando a visibilizar esta profesión, pero en muchas ocasiones se muestra al sexólogo como aquel profesional que se dedica exclusivamente a dar consejos para disfrutar más de nuestra sexualidad, es decir, solamente hace hincapié en el placer que se puede obtener mediante la sexualidad. Y aunque esa es una parte importante de nuestro trabajo, un sexólogo sirve para muchas cosas más.

No podemos olvidar que la Sexología es una rama de las ciencias de salud, por lo que los sexólogos son profesionales que velan por la salud sexual de las personas, y esto abarca tanto la esfera física como la mental y emocional.

Para facilitar la accesibilidad de la población a estos servicios es necesario conocer qué ofrece un sexólogo, por lo que continuación se mencionan algunas de las muchas labores que puede desempeñar:

  • Da información adecuada:

“¿Es normal que solo me excite si mi pareja lleva tacones puestos?”

“¿De qué forma me afectará haber llegado a la menopausia?”

“Me han diagnosticado una enfermedad de transmisión sexual, ¿qué es?”

“Siempre me han dicho que si me masturbo me quedaré ciego y me da miedo que ocurra”

En ocasiones hay dudas sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad que nos inquietan y que si no se resuelven a tiempo pueden crear situaciones más complicadas de solucionar.

El profesional de la sexología también puede desmitificar algunas creencias que habitualmente pasan de boca en boca debido al tabú que existe sobre la sexualidad y a que muchas veces se recurre a fuentes poco fiables para resolver las dudas que pueden aparecer y  que no nos atrevemos a preguntar.

 

  • Aconseja y educa en sexualidad:

¿Qué método anticonceptivo sería el adecuado para mí?”

“Mi hijo con discapacidad intelectual se masturba mucho, ¿qué podemos hacer?”

“Ha llegado la hora de hablar con nuestra hija de sexo, ¿cómo lo hacemos?”

“Mis amigos dicen que si cae semen en mi ropa interior me puedo quedar embarazada”

Hay situaciones en las que no tenemos muy claro qué podemos hacer o qué opciones tenemos, generalmente por la falta de información que hay. Un sexólogo puede ayudarnos a resolver todas esas cuestiones en las que no sabemos muy bien cómo actuar.

 

  • Realiza terapia sexual:

“Soy incapaz de llegar al orgasmo”

“Me quitaron un pecho y no me siento atractiva ni deseable, evito el sexo”

“Nací en un cuerpo que siento que no me corresponde”

“Hace unos años sufrí acoso sexual y desde entonces no me atrevo a tener relaciones”

El profesional de la sexología puede realizar terapia cuando aparecen disfunciones sexuales, es decir, aquello que nos impide tener una relación sexual satisfactoria. Las más conocidas son la eyaculación precoz, la disfunción eréctil, un bajo deseo sexual…pero puede ser cualquier cosa que no permita que disfrutemos de las relaciones sexuales (autoestima, culpa…).

La terapia sexual también es útil en casos de adicción al sexo, de acoso o abusos sexuales, puede ser parte de una terapia de pareja, en casos en los que alguna medicación puede interferir en la vida sexual…etc.

Es decir, la terapia sexual es recomendable siempre que haya algo que nos incomode o no nos permita sentirnos satisfechos con nuestra sexualidad, no sólo con aquella que se reduce a los genitales, si no a todas sus dimensiones (emocional, cognitiva, sensorial, biológico, social…).

Esto ha sido solo una presentación muy resumida, estas y muchas otras cosas pueden solucionarse con la ayuda de un profesional de la sexología, que posiblemente también esté formado en psicología o medicina, por lo que brindará una atención adaptada a las necesidades de cada paciente.

Y ahora que conoces esta información….¿podemos ayudarte en algo?

 


Libertadl Clemente
Nº Col. CL-4218

Terapia psicológica vs terapia farmacológica

Que en España el nivel de antidepresivos y ansiolíticos haya llegado a impregnar los ríos (literalmente) hasta el punto de que de un tiempo a esta parte se esté estudiando el impacto de los restos de estas sustancias (que navegan desde las aguas residuales hasta diversos ecosistemas) no es una casualidad, y es que nuestro país es líder en Europa en el consumo de psicofármacos, y uno de los países con la tasa más alta de receta de ansiolíticos -¡atención!- del mundo.

Poca duda cabe de la popularidad, generalización y expansión de este tipo de fármacos, siendo cada vez más frecuente tener un familiar, un/a amigo/a, un/a conocido/a, o ser un/a mismo/a quien hace uso de ellos, a menudo, bajo la receta del médico de cabecera correspondiente. A excepción de algunas ciudades o comunidades autónomas en las que se está incluyendo la figura del/la psicólogo/a en atención primaria lo cierto es que lo más habitual es que no se produzca derivación a un especialista o que en última instancia se llegue a psiquiatría, no siendo todo lo frecuente que debería el poder acceder a otro tipo de soluciones a menudo más efectivas a largo plazo, como la psicoterapia o terapia psicológica.

Lo cierto es que muchas de las personas que reciben este tratamiento con fármacos acuden en algún punto a consulta psicológica, pero ¿porqué estando recibiendo ya un tratamiento precisan de una alternativa?, ¿cuáles son las limitaciones de la psicofarmacología?, ¿cómo tomar una decisión respecto a cuál es la mejor opción para mí si no hay un consenso en la comunidad científica?

Si actualmente tomas o has tomado alguna medicación, quieres dejar de tomarla después de mucho tiempo o si te estás planteando en la actualidad a qué profesional deberías acudir este post te interesa.

 

Psicofármacos: ni la panacea ni el demonio.

La psicofarmacología, en algunos casos, resulta útil, pero no es infalible: una ayuda, un empujón…una pequeña muleta. El problema de las muletas es que no caminan solas, es la persona la que debe recorrer el camino, un antidepresivo puede procurar que mi estado de ánimo esté un poco mejor, pero si nada más cambia en aquello que me ha llevado a la depresión eso no logrará que deje de sentirme deprimida.

La psicofarmacología, en algunos casos, resulta necesaria: existen determinados tipos de problemas para los cuales los fármacos suponen una mejora significativa en la calidad de vida de la persona, es el caso de la esquizofrenia, el trastorno bipolar, algunos tipos de psicosis…la medicación es una gran ayuda para mantener el equilibrio, un equilibrio desde el cual se puede fomentar la salud mental a través de la terapia psicológica, que a menudo se combina con la anterior.

En conclusión, este artículo no pretende demonizar todo aquello referente al consumo de psicofármacos, pues bien es cierto que como se ha apuntado anteriormente puede resultar beneficioso, con la salvedad de que el abuso de los mismos constituye una realidad y por ello es importante considerar que estamos ante un problema de sobremedicación. Muchas personas que no necesitan psicofármacos dependen de ellos en la actualidad.

¿Cómo sé si mi problema debe tratarse con medicación o no?

Consulta siempre a un especialista, los/las psicólogos/as están preparados/as para evaluar la necesidad de una derivación, o el requerimiento de emplear medicación para ser combinada con el tratamiento, si necesitas tomar algún psicofármaco el/ella te lo hará saber y te derivará. Al igual que ante una dolencia cardíaca acudimos al cardiólogo la recomendación es que deposites tu salud mental en profesionales que se dediquen a ello.

 

¿Puede la psicofarmacología solucionar mis problemas?

La psicofarmacología, en muchos casos, no es una solución, sino una medida paliativa.

Para la ejemplificación de esta cuestión hagamos un paralelismo con el colesterol, algo bastante frecuente en nuestra población.

A menudo las personas con el colesterol elevado utilizan medicación para reducir sus niveles, pero el colesterol alto, por muchas pastillas para ello que consuma la persona, no va a bajar “para siempre” si no se produce un cambio en el estilo de vida de la persona (mejora de sus hábitos de alimentación y actividad). A menos que ese cambio se produzca necesitará la medicación de por vida, y su problema no se habrá solucionado, sino que se estará “mantenido a raya” por algo externo, si retiramos la medicación el colesterol saldrá disparado.

Con la salud mental ocurre lo mismo, por ejemplo, en personas que padecen un Trastorno Obesivo Compulsivo es habitual que se receten ansiolíticos, y estos a su vez pueden disminuir la activación. Un descenso en ese nivel de activación per se no va a hacer que la persona, imaginemos el caso, deje de comprobar 30 veces si ha cerrado la llave del gas, porque los pensamientos, las creencias, el origen del problema, el mantenimiento del problema o cómo se ha reforzado esa conducta a lo largo del tiempo no tienen una relación causa-efecto con el nivel de activación, y por lo tanto no va a desaparecer con el consumo de una pastilla.

La recaída.

La terapia psicofarmacológica tiene una tasa de recaída significativamente superior a la de las terapias psicológicas (existiendo en este caso diferencias según el modelo), ¿a qué puede deberse este efecto?

Ciertamente si nos paramos a pensarlo es bastante lógico: si por las noches no puedo dormir, o me cuesta mucho conciliar el sueño porque estoy atravesando una situación difícil, porque mi trabajo es muy estresante, porque tengo dificultades en la relación con los demás y cuando llego a la cama no dejo de darle vueltas a lo que ocurre con mi pareja o por ejemplo si soy extremadamente autocrítico/a y vivo bajo un machaque tal que cuando llego a dormir me siento lo peor de la faz de la tierra es muy posible que ante la desesperación decida acudir al médico y pedir que me recete algo que me deje “kao” por las noches para poder dormir. ¿he aprendido a gestionar el estrés laboral?, ¿sé ahora cómo relacionarme mejor con mis seres queridos?, ¿se ha resuelto mi crisis de pareja? En efecto, la respuesta es no, puedo dormir y evidentemente esta cuestión no es baladí, pero nos quedamos en el corto plazo. ¿Cuál será el camino?

El camino al que lleva esta cuestión se bifurca:

– Por un lado, si quiero seguir durmiendo tomando la pastilla mi destino es la dependencia, con las implicaciones que puede tener en mi organismo a nivel de efectos secundarios. Además, la cronificación del tratamiento puede (y suele) conducir al fenómeno de la tolerancia: esto es que cada vez necesito una dosis mayor para lograr conciliar el sueño porque mi cuerpo se ha “acostumbrado” al efecto.

– De otro lado, puedo dejar la medicación. Ciertamente, este es el camino que en ocasiones lleva a la recaída: “no hay como no cambiar nada para que nada cambie”, si todo lo que hasta la fecha producía insomnio continúa presente al retirar lo que me hacía dormir la situación volverá al inicio. Es importante que en caso de querer abandonar la medicación siempre sea de forma pautada por tu psiquiatra, ya que lo contrario podría poner en riesgo tu salud.

Cuando los síntomas que padezco son mi sistema de alarma o cuando necesito sentirme así.

En una sociedad como la nuestra, en la que se fomenta de forma abusiva la importancia (y necesidad) de “ser feliz” de tal forma que lo que se escapa a esta premisa supone poco menos que el mayor de los fracasos, es cada vez más frecuente que determinadas emociones o estados emocionales se consideren “patológicos” y queramos “quitarnos eso de encima”.

El hecho es que, por ejemplo, la rabia o el enfado son emociones a menudo mal consideradas como “negativas”, cuando gracias a ellas logramos separarnos de algunas personas que nos dañan: si por ejemplo mi pareja me engaña mi rabia hacia ella favorece que me aleje, surge para ayudarme a salir de una situación dolorosa, si por contra sintiese alegría esa emoción no serviría de nada para el propósito de que yo sea capaz de separarme si ese es mi deseo. Las emociones tienen una función, si medicamos para no sentir en cierta medida nos estamos “desprotegiendo” e incluso podemos generar que los problemas empeoren o se cronifiquen.

Cuando las personas atraviesan un duelo la expresión de la tristeza o de las emociones vinculadas a esa pérdida de un ser querido es absolutamente necesaria para elaborar esa pérdida, si al poco tiempo de fallecer la persona pretendemos no estar tristes o deprimidos y recurrimos a la psicofarmacología para paliar un evento natural para el ser humano convertimos algo que simplemente sigue su curso en un problema, o puede que incluso nuestro duelo se complique porque queremos “evitar” la aceptación y/o el reconocimiento de la pérdida.

Las personas sentimos porque necesitamos los sentimientos, como el hambre o la sed, para avisarnos de que una necesidad no está cubierta, no todo son síntomas que debemos eliminar.

¿Es la psicoterapia una alternativa? ¿Cuáles son sus ventajas?

  • Utilizando la psicoterapia se puede ayudar a las personas a manejar los pensamientos, emociones o conductas que son de hecho las que les acaban llevando al consumo de psicofármacos.
  • La psicoterapia no sólo es una alternativa, sino que en muchos casos sus resultados son más satisfactorios y duraderos, siendo menos frecuente la recaída.
  • La psicoterapia no tiene los efectos secundarios nocivos para la persona ni su salud física que tienen los fármacos.
  • La psicoterapia, incluso aunque sea desde el ámbito privado, es más económica que toda una vida consumiendo fármacos.
  • Tiene propuestas de solución para problemas que la psicofarmacología no puede abarcar: desde la terapia se puede trabajar la autoestima, o las habilidades sociales, el conflicto de pareja… a día de hoy no hay ninguna pastilla para eso.
  • El autoconocimiento y el análisis de las causas de los problemas es lo único que puede probabilizar que ante la misma dificultad futura pueda actuar de forma diferente, de lo contrario puedo tender a la repetición y por ello tarde o temprano encontrarme en la misma situación indeseada.
  • Escuchar tus emociones y ser consciente de tus necesidades es el primer paso para cubrir la necesidad.
  • Muchas dificultades en las que tu psicólogo/a puede ayudarte no necesitan medicación, y si fuera necesario te lo hará saber.
  • Mediante la terapia psicológica tú tienes el control, no precisas de algo externo porque tú eres quien maneja tu mundo interno.
  • La terapia fomenta la aceptación frente a la patologización.
  • En ocasiones va a ser necesario que tomes medicación, también en combinación con la terapia, consulta siempre a un/a especialista tanto para comenzar el tratamiento como para su retirada.

En definitiva, desde la psicología se alza la propuesta de abogar por el crecimiento personal, la aceptación de las emociones, la resolución de problemas y la consecución de “la salud” como un concepto amplio al que le son transversales diferentes factores: la salud a nivel mental, físico, social o afectivo.

“La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”. – Sigmund Freud.

 


Pilar Rico
Nº Col. M-31466

Las Personas Altamente Sensibles (PAS)

¿Qué significa ser una persona altamente sensible?

Capacidad para detectar las sutilezas en el ambiente, un enorme sentido de la intuición, empatía e intensidad emocional, son sólo, algunos de los rasgos característicos de las personas altamente sensibles. El perfil de persona altamente sensible (PAS) afecta alrededor de un 20% de la población y se da en igual proporción en ambos sexos. Poseer esta personalidad puede ser una gran cualidad, sobretodo, si sabemos canalizarlo adecuadamente, si por el contrario, no lo gestionamos de forma adecuada, puede ocasionarnos cierto malestar. Hablemos de ello.

Características de la persona altamente sensible

A grandes rasgos podemos decir que una persona con perfil altamente sensible se caracteriza por:

.1. Mayor receptividad a la estimulación ambiental: Son personas que responden más intensamente a los estímulos que les rodean.  Con una marcada hiperactividad para captar señales ambientales y/o “sutilezas” aspecto que puede ocasionarles, en ciertas ocasiones, malestar, ya que, toleran negativamente los ruidos o luces, resultándoles altamente molestos y sintiéndose abrumados con mayor facilidad que el resto de las personas.

.2. Tendencia a la introversión: Se caracterizan por ser personas socialmente consideradas tímidas, con ciertas inseguridades a la exposición social. Son personas que disfrutan de la soledad y de periodos de reflexión. Los grandes grupos suelen abrumarlos, aunque esto no significa que no disfruten de la compañía y el contacto con los demás.

.3. Empatía e intuición: Su desarrollada sensibilidad les permite ver con el corazón, no resultándoles difícil empatizar con el otro. Esto, unido a su capacidad perceptiva y su habilidad de observación, les dota de cierta intuición (cuestión de piel, tal vez).

.4. Generosidad y altruismo: Debido a sus elevados dotes de empatía, les resulta fácil mostrarse generosos con los demás y son altamente altruistas.

.5. Dificultad para establecer límites: Su dificultad, en ocasiones, para establecer límites con respecto al otro y sus problemas al decir “NO” puede llevarlos a ser considerados de “ingenuos” y “fácilmente explotables”, siendo habitual que determinados perfiles más abusivos se aprovechen de ello. El trabajo en asertividad será de vital importancia.

.6. Exigentes y perfeccionistas: Son personas con altos grados de autoexigencia y perfeccionismo, aspecto que los puede llevar a vivir con cierto malestar, situaciones que resulten triviales para otro. Aprender a ajustar expectativas, será de gran importancia.

.7. Dificultades para la toma de decisiones: Les cuesta tomar decisiones, dado que tienden a darles muchas vueltas a las cosas y suelen gestionar mal los cambios, requiriendo de un mayor tiempo para adaptarse a ellos.

.8. Gestión de la crítica:Debido a su alta sensibilidad es relativamente sencillo herirles, por lo que suelen ser personas con ciertas dificultes para encajar las críticas. Aprender a encajarlas será un reto para ellos.

.9. Apegos y enamoramientos:Tienen una mayor tendencia a sufrir de apegos y una mayor facilidad para el enamoramiento.Siendo vistos por los demás como enamoradizos.

.10. Reflexivos: Son personas reflexivas, con un procesamiento de la información profundo, que tienden a darle vueltas a las cosas, a analizarlas, pero de forma fructuosa. No son de pensamientos cíclicos sino, de desmenuzar mucho un tema para poder sacarle el máximo partido y así extraer, las conclusiones más acertadas.

.11. Abrumados con facilidad: Se suelen sentir abrumados con facilidad y soportan peor los periodos de estrés. De acuerdo con la teoría del Arousal, las personas con PAS presentan una mayor estimulación cortical que el resto, esto explica, por qué tienen menos necesidad de contacto externo y una vida interna tan profunda.

.12. Bajo umbral del dolor: Presentan una baja tolerancia al dolor, siendo más sensible a ello. Sus receptores del dolor se activan con mayor facilidad que el resto.

.13. Orientación al servicio: Por ello es habitual viéndolos ocupar cargos que requieran de la atención al otro: enfermeras, médicos, psicólogos y también profesiones donde desarrollen la creatividad: música, pintura, literatura… A su vez, esta creatividad se ha asociado con una mayor inteligencia emocional.

Las personas altamente sensibles tienen un cerebro reactivo

Los sujetos con PAS poseen un cerebro emocional, región conocida con el término de sistema límbico, más desarrollado que el resto de las personas. Presentando una mayor actividad bioquímica en estas regiones cerebrales. Los estudios realizados al respecto demuestran que las áreas del cerebro que presentan mayor actividad son las conocidas como “sistema de neuronas espejo” relacionadas con las capacidades empáticas, así como regiones vinculadas a la conciencia, el procesamiento de la información sensorial y la planificación de acciones.

Las PAS pueden tener una mayor proporción a padecer trastornos nerviosos de tipo depresivo, ansiógeno, psicosomático y también de fatiga y dolor crónico, dado que presentan un umbral más bajo al dolor; por ello, es tan importante conocerse y saber cómo gestionar esta personalidad que como comentamos al inicio, puede ser una gran virtud si sabemos “utilizarla” adecuadamente.

Cómo sacar el máximo provecho a tu personalidad altamente sensible

Lo primero que debes hacer es conocerte y aceptarte como eres para ello debes entender una serie de aspectos y sobretodo aprender a vivir con esto. No vas a cambiar tu sensibilidad, sino a sacarle el máximo provecho a ello.  Si aprendes a conocerte y te respetas, lograrás una mayor estabilidad emocional y podrás vivir mejor.

.1. Entiende que eres una persona especial y que tu forma de sentir es única. Muchas cosas que a ti pueden herirte al resto les pasa desapercibido, conocer esto te reportará una mayor empatía para evitar conflictos.

.2. Entiende que vives a un ritmo diferente, más pausado y que es el que tú necesitas para funcionar óptimamente. No intentas llevar un ritmo que tu organismo no tolere.

.3. Respétate y quiérete, valora tu don. Sólo un 20% de la población lo tiene.

.4. Intenta hacer actividades donde ayudes a otros, tal vez un voluntariado. Ello te reportará un buen feedback para forjar un buen autoconcepto, a la vez, que te sentirás productivo y funcional.

.5. Busca un arte donde expresarte: Explota tu vertiente creativa. ¡Escribe, pinta, innova!

.6. Haz actividad física:Te ayuda a liberar endorfinas y te hará sentir mejor.

.7. Practica con la meditación o técnicas alternativas donde gestiones tu estrés, aprendas a respirar y conectes con tu organismo.

.8. Aprende a poner límites con los demás, no temas decir NO. Respetarte es primordial para tener una buena relación contigo mismo.

.9. Respeta tus momentos de soledad y entiende que es posible que los necesites más que el resto. Los grandes grupos te abruman.

.10. Explota al máximo tu intuición, tu capacidad de observación y tu percepción del detalle.

 


Verónica Vivero
COPC-19202

5 claves para combatir la dependencia a internet

Whatsapp, Facebook, Instagram, Linkedin, Spotify, Youtube, Netflix, Tinder, apps de salud… Así podría seguir enumerando multitud de aplicaciones que usamos a lo largo del día y que abrirlas en nuestro móvil, ordenador o Tablet se ha convertido en un gesto muy cotidiano desde que nos despertamos a primera hora de la mañana.  

Lo cierto es que el universo de internet ha entrado en nuestra rutina y ha llegado para quedarse, cambiando algunos de nuestros hábitos tremendamente. ¿Tenemos fácil eso de desconectarnos, aunque sea por 24 horas? 

Este post lo he escrito a raíz de una experiencia personal. Recientemente, me he mudado y he sufrido estar más de quince días sin red wifi (¡menos mal que ha aguantado mi tarifa de datos!). Lo cierto es que, al principio, parece todo muy idílico. Yo misma me convencía de que estaría bien desintoxicarme por algún tiempo de todo esto, pero me he dado cuenta de que somos grandes dependientes de las nuevas tecnologías.  

No cabe ninguna duda de todas las facilidades de comunicación, conocer toda la actualidad, entretenimiento, cultura y posibilidades de formación que nos ofrece Internet. He encontrado múltiples estadísticas de distintas fuentes, pero la que más me ha llamado la atención es que el uso que hacemos de las redes sociales equivales a más de 5 años de nuestra vida, sin tener en cuenta el visionado de series y películas que hoy nos ofrece internet, por ejemplo. 

A continuación, te ofrezco una serie de claves para hacer un consumo más responsable y otras cosas que podemos hacer y hacíamos antes de que llegasen los módems a nuestras casas. ¡Espero que las disfrutéis tanto como yo!   

1. Conocer gente.
Llegas a un sitio nuevoen el que no conoces a nadie y, como necesidad del ser humano, buscar socializar. Actualmente, las nuevas tecnologías nos lo facilitan bastante, pero ¿dónde quedó eso de llamar a la puerta del vecino y presentarte?, ¿no os parece algo más cercano?

2. Leer.
Quizás sea una de las aficiones más comunes que solemos dejar para el verano, cuando solemos tener más tiempo libre. Siéntate, desconecta el teléfono y ponlo bien lejos para no caer en la tentación de echar un vistazo y sumérgete en un libro. Incluso, podemos dedicar tiempo a escribir lo que nos pasa por la cabeza, a contar esa historia que teníamos pendiente y hace tiempo que no encontrábamos el momento para ponerla en orden.

3. Hacer deporte.
Es tan importante cuidar nuestra salud psicológica como la física. Salir a correr, ir al gimnasio, acudir a clases de pilates o yoga, practicar algún deporte, incluso salir a dar un paseo. En definitiva, escuchar nuestro cuerpo y cuidarlo. Muchas veces ignoramos las señales que nos manda y es importante guardar en nuestra agenda semanal un espacio para dedicarnos a nosotros mismos.Recuerda: mens sana in corpore sano.
  

4. Pintar Mandalas.
Sin lugar a dudas, mi gran descubrimiento. Nunca se me dieron bien las manualidades ni llamaron mi atención. Cuando comenzó la moda de pintar mandalas, me atreví a comprar un libro y una caja de lápices que han estado aparcados más de dos años y que decidí incluir en mi mudanza, como reto personal. ¿Sabéis qué? He coloreado ya unos cuantos y he descubierto lo que me relaja. Pensar la composición, dejar volar mi imaginación e ir rellenando huecos. Explora distintas disciplinas artísticas que seguro que tienes potencial y mucho por descubrir: editar fotografías, hacer punto o coser, el bricolaje, etc.

5. Meditar.
¿Cuántas veces has estado buscando algo que justo tenías en la mano o en el bolsillo?, ¿o llegas a una habitación de la casa y te preguntas para qué habías ido? Nos estamos acostumbrando a llevar un ritmo de vida muy alto y exigente qué está consumiendo nuestra energía y nuestros recursos atencionales. Muchas veces creemos olvidar las cosas y tener problemas de memoria cuando lo que de verdad ocurre es que no hacemos las cosas con atención y, por ello, no almacenamos esa información. La práctica de la atención plena, también conocida como Mindfulness, es una tarea que requiere mucho entrenamiento pero que, sin lugar a dudas, ofrece múltiples resultados positivos. Por ejemplo, favorece el autoconocimiento y nos ayuda a desarrollar nuestra inteligencia emocional, así como a potenciar algunos procesos cognitivos como la atención y la memoria. De hecho, está probado que mejora el estado de salud en personas con dolor crónico, entre otras patologías.  

Si bien es cierto que, si no fuera por Internet, yo no podría transmitir mi experiencia a través de este post, ni sería posible que funcionara una web como PSIKO. Lo que sí es real es que hemos de otorgar a las nuevas tecnologías el espacio que merecen sin invadir otras parcelas de nuestras vidas.

¡Hasta pronto!

 


Alejandra Muñoz
Nº Col. AN09995

 

 

El Duelo: Una adaptación a la pérdida

La vida es una continua suma de experiencias, y estas pueden ser tan agradables como desagradables. Una de las experiencias más desagradables que se puede experimentar es la muerte de un ser querido. Inevitablemente tarde o temprano se vive esa situación y ahí es cuando se inicia todo un proceso complejo en el que se experimentan de forma muy intensa gran cantidad de sensaciones que a veces pueden abrumar, es lo que se llama el duelo.

 

¿Qué es el duelo?

El duelo es la experiencia y el proceso que experimenta una persona para adaptarse a una pérdida. Cuando nos referimos a pérdida podemos referirnos a una gran variedad de situaciones, como por ejemplo el fallecimiento de un ser querido, la ruptura de una pareja o la pérdida de un empleo. A veces se puede experimentar un duelo con situaciones que nos son tan tangibles, como por ejemplo unos padres que sufren un duelo por la pérdida de un bebé que estaba por llegar, del cual ya tenían una representación y unas expectativas creadas.

Al ser seres sociales, todos/as nosotros/as, más tarde o más temprano pasaremos por esta experiencia. A veces la viviremos por primera vez siendo pequeños o bien siendo adultos, protagonizando esta situación o porque la sufre alguien cercano.

Cuando se está en un proceso de duelo se puede experimentar un amplio repertorio de sensaciones que en otras situaciones no se producen o lo hacen de una manera menos intensa. Esto que se presenta es totalmente normal en un proceso de duelo, y que lo que experimenta cada persona es único e individual respecto a las demás. Se pueden agrupar en estas cuatro categorías: Sentimientos, pensamientos, sensaciones físicas y conductas.

Sentimientos: La emoción más habitual es la tristeza y una de las formas más habituales de expresarla (que no la única) es el llanto. También es frecuente experimentar ira hacia los demás o hacia el propio fallecido, culpa, ansiedad, nostalgia, alivio, soledad o desamparo.

Pensamientos: Durante el proceso pueden aparecer diferentes tipos de pensamiento que o bien desaparecen al poco tiempo o permanecen un tiempo considerable. Algunos ejemplos son confusión, preocupación, incredulidad o sensación de presencia.

Sensaciones físicas: Hay ciertas sensaciones que son normales mientras se produce un duelo pero que pueden llegar a asustar si se cree que se deben a otros motivos. Algunas sensaciones físicas son presión en el pecho y garganta, falta de aire, vacío en el estómago, debilidad muscular o falta de energía.

Conductas: Es frecuente que se experimente alguna alteración en el sueño que se irá corrigiendo poco a poco. También es normal un cambio en la conducta alimentaria tanto por un aumento como por disminución de la ingesta. Además se puede presentar una conducta distraída, cierto aislamiento, sueños con el fallecido o intentos de evitar acordarse de él, llorar o acumular objetos que le pertenecieran.

Como se ha visto la cantidad de cosas que se pueden experimentar en el duelo es enorme, y todas y cada una de ellas son normales y totalmente válidas. Pero también hay que apuntar que si bien son normales dentro de este proceso, hay que tener cuidado de que se alarguen demasiado en el tiempo e intensidad.

 

 

El duelo como proceso

Dependiendo de los autores o teoría de referencia se puede entender el proceso de duelo de diferentes maneras. Uno de los más aceptados es el referente a las tareas, según el cual, la elaboración y la adaptación de una persona a la muerte de un ser querido se produce realizando cuatro tareas. Estas tareas no son lineales y aunque el orden tenga cierto sentido no son totalmente rígidas.

 

Tarea 1. Aceptar la realidad de la pérdida.

Cuando se muere alguien cercano se puede experimentar en un primer momento cierta irrealidad del acontecimiento, como si no pudiera ser verdad. Esto también puede ocurrir cuando la muerte es esperada, y es lógico que para adaptarse al fallecimiento de un ser querido el primer paso sea la aceptación de que se ha ido y no va a volver. Es normal experimentar, sobre todo al principio, cierta negación de la muerte. Esta se puede experimentar de gran cantidad de formas desde unas más sutiles, como por ejemplo seguir poniendo su plato y cubiertos a la mesa, a otras más intensas. Asistir al funeral o ver el cuerpo del fallecido son cosas que pueden ayudar a aceptar la realidad. La elaboración de esta tarea se lleva a cabo cuando se acepta la pérdida tanto “racionalmente” como “emocionalmente”.

 

Tarea 2. Elaborar el dolor de la pérdida.

Es inevitable sentir cierto dolor cuando se pierde a alguien con el que se ha estado unido. Como se ha comentado anteriormente el abanico de sentimientos y sensaciones que se pueden experimentar es enorme. Es normal que en un primer momento, se intente amortiguar el impacto emocional de la pérdida, para que ese sufrimiento no nos sobrepase. Incluso la negación de la pérdida tiene una función protectora, pero si no se elaboran todos esos sentimientos pueden afectar más a largo plazo. A veces somos nosotros mismos quienes intentamos evitar experimentar todo el malestar, y otras veces son las personas cercanas quienes (por intentar ayudar o no sentirse incómodas) mandan mensajes de este tipo como por ejemplo “él no querría que estuvieras así de triste”. Cada uno puede sentir de diferente manera e intensidad el dolor de la pérdida pero es necesario realizar esta tarea para adaptarse de forma adecuada a una vida sin el fallecido.

 

Tarea 3. Adaptarse a un mundo sin el fallecido.

Tras la pérdida de alguien cercano es necesaria una adaptación en una gran cantidad de situaciones. No se suele ser consciente de las consecuencias de la falta de una persona hasta que se produce y no solo se pierde a ella si no también ese rol y todo lo que conlleva. Por ejemplo si un miembro de una pareja fallece puede perderse también a quien se encargaba de la contabilidad de la casa, realizaba las tareas domésticas, el cuidado de la mascota o la educación de los hijos. Además también puede verse afectado el futuro si ambas personas habían planificado unas metas juntas. A veces también puede haber un impacto en la propia identidad si alguien se define a sí mismo o a su valía en función o como complemento de la otra persona. Esta tarea puede llevar a adquirir nuevas habilidades o a una redefinición de la identidad y valores que en algunos casos puede aportar algo positivo.

 

Tarea 4. Hallar una conexión perdurable con el fallecido al embarcarse en una vida nueva.

La muerte de alguien cercano no supone eliminar todo recuerdo, vínculo u objeto ni es posible hacer esto. Esta tarea consiste en establecer otra conexión con el fallecido que nos permita recordarlo y llevarlo con nosotros mientras seguimos con nuestras vidas. Esta nueva forma supone relacionarse con la persona perdida sin sufrimiento intenso y ayuda a llevar una vida nueva de manera eficaz haciendo también sitio para las nuevas relaciones.

 

¿Cuánto dura un duelo?

El duelo es un proceso único para cada persona que varía en duración e intensidad, pues hay numerosos factores (muchos de ellos individuales) que influyen en su vivencia y elaboración. Por este motivo no es conveniente establecer unos tiempos inflexibles. Algunos autores hablan de entre un año y dos. Según este modelo de tareas, el duelo finaliza cuando se llevan a cabo las cuatro.

Al final de este proceso el superviviente podrá acordarse del fallecido, aunque experimente cierta tristeza o nostalgia, pero sin sentir ese dolor. Se retoma con interés la vida, se establecen nuevas relaciones, expectativas e ilusiones.

 

Duelo complicado

Cuando hay algo que impide la elaboración del duelo y este se estanca se puede decir que hay un duelo complicado o patológico. En el duelo complicado la persona se puede sentir sobrepasada por sus emociones, sentir que su vida se ha quedado anclada con ese acontecimiento o recurrir a conductas inadecuadas.

Se podría decir que un duelo complicado no tiene tanto que ver con lo que siente o hace una persona, si no con la intensidad y duración de estas respuestas. Lo que puede ser normal al principio de un proceso de duelo puede que sea problemático pasado un tiempo.

 

¿Cuándo acudir al psicoterapeuta por un duelo?

Cuando una persona acaba de perder a un ser querido es normal que se sienta abrumada por toda la situación, las emociones y sensaciones que siente y todos los cambios que ello conlleva. Aunque al principio la intensidad de esta situación sea muy elevada no quiere decir que se necesite ir a consulta. Una persona puede superar de forma normal un duelo sin necesidad de un profesional.

Dicho esto hay algunas variables que pueden hacer que sea positivo acudir a un psicoterapeuta. Hay ciertas características de cómo se ha producido la muerte del ser querido que pueden hacer más difícil el duelo como por ejemplo un suicidio o una muerte repentina. El tipo de vínculo que se tenga con el fallecido también influye bastante en la elaboración o como se gestionen todas las emociones presentes en el proceso.

Si se es consciente de que hay alguna dificultad en la elaboración de alguna de las tareas sería adecuado pedir ayuda, porque una mala gestión de estas tendrá repercusión en el futuro. O bien si uno se siente que no avanza en su vida y no se siente capaz de continuar. En cualquier caso, si hay alguna duda siempre se puede consultar a un profesional.

 


Jesús M. Calderón

M-31505

Depresión Mayor

QUÉ ES LA DEPRESIÓN MAYOR

La depresión mayor es uno de los problemas psicológicos más frecuentes en todo el mundo (5-12% en hombres y 10-25% en mujeres a lo largo de la vida). Se manifiesta a través de dos síntomas de enorme relevancia por su capacidad para erosionar el bienestar emocional: una tristeza de relevancia clínica y una dificultad notable para experimentar placer (anhedonia) ante situaciones que anteriormente lo proporcionaban (extendiéndose ambas durante un periodo de dos semanas como mínimo). Es importante destacar aquí, no obstante, que la tristeza en una emoción fundamental en el ser humano como reacción adaptativa ante una pérdida importante; por lo que sólo deberá ser considerada como sugerente de psicopatología cuando su intensidad exceda de lo previsible (dadas las características objetivas de la situación que la precipitó) y/o cuando condicione de un modo profundo el funcionamiento de la persona en diferentes áreas (académica, laboral, etc.). Además de estos dos importantísimos fenómenos clínicos, pueden emerger síntomas adicionales relacionados con procesos fisiológicos (pérdida/ganancia de peso o insomnio/hipersomnia), cognitivos (vivencias de inutilidad, culpa excesiva, enlentecimiento psicomotor, reducción de la capacidad para concentrarse, etc.) y conductuales (retirada social, aislamiento, etc.); así como otras alteraciones de etiología compleja (fatiga, acentuación del dolor, etc.). Es importante tener en cuenta también que se han descrito algunas diferencias en la experiencia depresiva de los niños (reaparición de algunos hitos del desarrollo previamente superados, como volver a orinar en la cama), los adolescentes (irritabilidad en lugar de tristeza) y las personas mayores (síntomas similares a los de una demencia cortical con una clara filiación emocional) respecto al modo en que ésta se manifiesta en personas adultas; precisándose una especial sensibilidad clínica en estos casos particulares. Por otra parte, la irrupción de ideación suicida es frecuente (60% de los que cometen suicidio padecían depresión), requiriendo en su caso una atención independiente.

En los últimos años la prevalencia total de la depresión mayor está experimentando un aumento significativo en países occidentales; erigiéndose como uno de los problemas de salud que más estrechamente se vinculan a mayor morbimortalidad, pérdida de capacidad productiva y sufrimiento personal. Por todo ello, su detección temprana y su tratamiento (basado en la evidencia) son de gran relevancia económica, humana y sanitaria.

LA RECURRENCIA DE LA DEPRESIÓN MAYOR

La depresión es un trastorno con una fuerte tendencia a la recurrencia, especialmente entre las personas que no han recibido un tratamiento adecuado para el mismo. Se estima que el 75% de los pacientes experimentará nuevos episodios en un momento posterior de sus vidas, especialmente en el primer año desde que se resolviera el anterior. Los principales factores de riesgo para las recidivas de este problema de salud son: que hayan transcurrido pocas semanas desde el último episodio (la tasa de recaída desciende progresivamente a medida que transcurre el tiempo desde la última vez en que se cumplieron los criterios diagnósticos), que el primer episodio haya ocurrido en una edad avanzada (especialmente durante la vejez), que la depresión emerja en el contexto de un cuadro físico crónico (enfermedades oncológicas, p.e.), la presencia de un trastorno bipolar subyacente, la mala respuesta al tratamiento (químico y/o psicológico) y la presencia de situaciones estresantes que se prolongan excesivamente en el tiempo.

CAUSAS DE LA DEPRESIÓN

Las primeras aproximaciones a las raíces de la depresión mayor vinieron de la mano de autores procedentes del ámbito del psicoanálisis, que fijaban su origen en un estancamiento en la fase evolutiva oral (lo que conducía a sentimientos hostiles que acababan dirigiéndose a la propia persona debido a la represión que ejercía el superyó sobre éstos). También indicaron que las pérdidas tempranas (en la infancia) propiciarían una situación permanente de vulnerabilidad ante experiencias posteriores difíciles (en la vida adulta), lo que se traduciría en la aparición de cuadros depresivos como una respuesta patológica al distrés emocional. En la actualidad, estas hipótesis han quedado relegadas por los avances derivados de campos de estudio más rigurosos
en su metodología de análisis, algunos de los cuales (conductual, cognoscitivo, social y biológico) señalaremos seguidamente.

Desde una perspectiva conductual, la depresión mayor se entiende como una pérdida de circunstancias/objetos/personas que anteriormente proporcionaban refuerzos (una relación con otra persona, una función del organismo, una expectativa de futuro, una oportunidad, etc.), desprendiéndose de ello que la retirada (aislamiento, p.e.) característica del trastorno pueda constituir un mecanismo que contribuye a su aparición y su mantenimiento. En otras palabras, la emergencia de una tristeza adaptativa como resultado de una pérdida significativa, junto a la evitación como estrategia pasiva de afrontamiento, conducirían a la acumulación progresiva de pequeñas pérdidas y a la consecuente evolución del estado de ánimo hacia la depresión mayor. Por lo tanto la conducta sería clave para entender la depresión desde este prisma, mientras que la articulación de un programa de contingencias supondría una parte esencial del tratamiento.

Desde un punto de vista cognitivo, entenderíamos que la depresión es el resultado del modo en que la persona percibe e interpreta su realidad. Así pues, la existencia de determinadas creencias rígidas sobre el modo en que el mundo, las personas y nosotros mismos deberíamos ser o comportarnos (conocidas en su conjunto como los debería absolutistas) se traducirían en
pensamientos autolimitantes que estarían a la base de nuestras emociones difíciles. Desde esta perspectiva, la depresión no se relacionaría directamente con los hechos que podrían haberla provocado en apariencia, sino que lo haría con el discurso interno que cada uno de nosotros lleva a cabo para explicar el porqué de esos acontecimientos y el papel que desarrollamos en ellos (“como esto ha salido mal todo va a salirme mal a partir de ahora”, “es algo insoportable que esta persona no se fije en mí”, etc.). Este tipo de contenidos mentales, que se caracterizan por ser poco objetivos e inútiles desde un punto de vista práctico, reciben la etiqueta genérica de pensamientos irracionales. La labor del psicoterapeuta consistiría en enseñar a identificar esos contenidos mentales nocivos, y proporcionar herramientas adecuadas para que la persona deprimida pueda debatirlos en busca de una visión más ajustada de los hechos y de su alcance.

Desde una perspectiva cognitivo-social, se ha intentado buscar el origen de la depresión en el modo en que las personas percibimos el grado de control que poseemos sobre los hechos negativos que concurren en nuestras vidas. En este contexto resultaría de especial relevancia la teoría de la indefensión aprendida, que describe la aparición de emociones difíciles como resultado de creer que ningún esfuerzo posible evitará la ocurrencia de un suceso aversivo que tememos intensamente (expectativa de incontrolabilidad). Esta reacción afectiva se debería a un sesgo de atribución, en el que la causa de ese hecho adverso particular quedaría asociada a factores externos (ajenos a uno mismo), estables (que no cambian con el devenir del tiempo) y globales (con incidencia en aspectos múltiples de la vida). Un concepto muy similar a éste sería el de desesperanza, que recoge la concurrencia de emociones depresivas y ansiedad (alto afecto negativo) de manera simultánea (al ser dos fenómenos clínicos con elementos comunes).

Por último, existe una perspectiva biológica para explicar el origen de la depresión, que toma como referencia la actividad (exceso o déficit) de ciertos neurotransmisores en nuestro sistema nervioso central (SNC). El conocimiento en esta área respalda la idea de la heredabilidad que se presupone a la depresión (evidenciada en estudios de gemelos monocigóticos adoptados por padres diferentes), y se sustenta fundamentalmente sobre la función de los ejes HHA y HHT (hipotálamo hipofisiario adrenal y tiroideo). En este sentido se ha observado una relación con la noradrenalina (acción farmacoterapéutica de los inhibidores de la enzima MAO que degrada a
este neurotransmisor), serotonina (reguladora del sueño, el apetito y la sexualidad; así como de las funciones ejecutivas que pueden verse comprometidas durante la depresión) y la dopamina
(relacionada con la experiencia subjetiva de placer mediada por la actividad del área tegmental ventral y el núcleo accumbens con sus respectivas proyecciones prefrontales, esto es, el sistema cerebral de recompensa). Desde esta perspectiva neurobiológica, la terapia de elección sería la
farmacológica. No obstante, resulta importante señalar que la mayor parte de estudios indican que el abordaje psicológico es tan eficaz como el uso de medicamentos (o incluso más), con la añadidura de que aquel permite obtener beneficios más duraderos y estables. También resulta el abordaje de preferencia para la mayoría de personas que sufren un trastorno depresivo.

LA DEPRESIÓN NO ES UNA CUESTIÓN DE ACTITUD

La depresión es, sin ningún atisbo de duda, una experiencia que reviste un significado profundo y que puede condicionar de manera importante la capacidad para ser felices y vivir en plenitud. Viktor Frankl, que recurría a una perspectiva humanista para el estudio de la misma, entendía que la depresión emergía cuando éramos incapaces de dotar de significado a una
experiencia difícil de nuestras vidas; y otorgaba a éste (la búsqueda de significado) el poder para trascender cualquier dificultad que pudiera tener lugar a lo largo del ciclo de nuestra existencia. Se trata de un ejemplo más de la complejidad fenomenológica de la depresión mayor, que aúna en su seno aspectos relacionados con la cognición, la conducta, la biología e incluso el propio sentido de trascendencia.

La búsqueda de ayuda para ella no supone en modo alguno una señal de debilidad, sino de fortaleza. En caso de estar sufriendo problemas del estado de ánimo es importante solicitar asistencia de forma temprana, pues un tratamiento adecuado e individualizado (proporcionado por un profesional con las competencias adecuadas) mejorará el pronóstico tanto a medio como
a largo plazo. La depresión no es, en definitiva, una cuestión de actitud.

 


Joaquín Mateu
Nº Col. CV-11848

8 técnicas para dormir mejor

Todas las personas sabemos que dormir bien es muy importante para que podamos hacer frente a nuestras múltiples tareas diarias, pero esto no siempre es posible. El sueño es una función corporal bastante vulnerable que puede verse afectada, en mayor o menor medida, por enfermedades físicas, estrés, ansiedad, preocupaciones y otros problemas psicológicos.  De hecho, es muy habitual que en situaciones conflictivas o adversas las personas experimentemos problemas para conciliar o mantener el sueño, que nos despertemos sobresaltadas por pesadillas o que nos quejemos de no tener un sueño reparador. Superada esta situación conflictiva solemos volver a nuestros patrones normales del sueño. Pero… ¿qué hacer para dormir mejor mientras estamos en esas situaciones? A continuación, os plantearé 8 medidas que os pueden ser útiles para mejorar el sueño:

1. Acuéstate para dormir SOLO cuando tengas sueño. Aunque haya llegado la hora acostumbrada de irte a dormir, si aún no tienes sueño y te acuestas, seguramente te pongas a recordar los eventos del día, a planear las actividades del día siguiente o, en el peor de los casos, a preocuparte por no quedarte dormido. Estas conductas son incompatibles con conciliar el sueño y, a la larga, producen insomnio ya que vas a asociar estar en la cama con estar despierto.

2. No estés despierto en la cama MÁS de 15-20 Si pasa ese tiempo y no te has dormido, lo ideal es que te levantes de la cama y realices una actividad relajante fuera del dormitorio como puede ser meditar, hacer relajación o tomar un vaso de leche. Solo puedes volver a acostarte cuando sientas sueño.

3. Si vuelves nuevamente a la cama, y sigues sin poder dormirte, tienes que repetir la medida dos tantas veces como sea necesaria. Esta medida puede ser difícil de seguir, ya que implica un esfuerzo considerable, pero es muy beneficiosa para restablecer la asociación entre la cama y dormirse rápidamente, por lo que su cumplimiento aporta más beneficios que daños.

4. Acuéstate y levántate regularmente a la misma hora. Es importante que mantengas horarios regulares para permitir que el organismo se oriente y favorecer y acoplar el ciclo sueño-vigilia a las exigencias de horario de tú vida habitual.

5. Evita dormir durante el día ya que así tendrás más sueño por la noche.

6. Usa la cama y el dormitorio exclusivamente para dormir, es decir, no realices en la habitación y especialmente en la cama, ninguna actividad diferente a dormir (como leer, ver la TV, utilizar el teléfono móvil, comer…) con la única excepción de las relaciones sexuales.

7. Realiza una rutina antes de Esta rutina consistirá en una serie de conductas relajantes (por ejemplo, lavarse los dientes, darse un baño, leer algo agradable…) que se realizan todas las noches antes de irse a la cama y acaban señalando el acto de acostarse y dormir.

8. No ingieras estimulantes, alcohol o fumes por la tarde-noche (entre 4-6 horas antes de acostarte). Los estimulantes tales como el té, café o la nicotina del tabaco producen una activación en el cerebro y dificultan la conciliación del sueño. Por su parte, el alcohol, aunque acelera el inicio del sueño y puede hacer que este sea más profundo la primera parte de la noche, provoca pesadillas y despertares durante la segunda mitad de la noche, impidiendo un sueño reparador.

Todas estas medidas están destinadas a reestablecer la asociación entre el sueño y ciertos estímulos relacionados con el dormir como son la cama, el dormitorio y la hora de acostarse y han mostrado ser efectivas en la conciliación y mantenimiento del sueño.

Bibliografía:

Vallejo, M.A. (2016). Manual de terapia de conducta. Tomo II. Madrid: Dykinson.

 


Mónica Álvarez

O-03091