La Psicología y las personas mayores

Que la población está envejeciendo es un hecho indudable. Las mejores condiciones de salud, la ausencia de guerras en Occidente, entre otros factores, está promoviendo el aumento de la esperanza de vida. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) actualmente, en España, la esperanza de vida se sitúa en 85,7 años para las mujeres y de 80,4 en el caso de los hombres. Las predicciones sitúan que ésta continuará aumentando.

Necesidades de las personas mayores

Por todo ello, nuestros mayores suponen una población con unas necesidades especiales que deben ser abordadas desde las distintas disciplinas que componen el ámbito socio-sanitario. En este post, os hablaré, desde mi experiencia, cómo la psicología aborda el trabajo con personas mayores.

Dentro de las estrategias de envejecimiento activo, cada vez son más las personas que acuden a asociaciones y centros de día en los que realizan distintas actividades adaptadas a sus necesidades y que favorecen su bienestar físico, cognitivo y emocional. Además, este trabajo se realiza desde los recursos más clásicos para las personas mayores como son las residencias.

El primer hándicap que nos podemos encontrar en este trabajo es que, realmente, la mayoría de las personas no reconocen la figura del psicólogo o la necesidad de acudir a este profesional. Realmente, el perfil de las personas mayores es totalmente heterogéneo. Como en el trabajo con otros colectivos, es realmente importante adecuarse a las necesidades de cada uno. A continuación, os muestro, de manera resumida, las principales funciones del psicólogo en estos centros:

Estimulación cognitiva

Se diferencia entre declive cognitivo que consiste en la leve pérdida del rendimiento cognitivo y es fruto del envejecimiento. Por otra parte, está el deterioro cognitivo característico de los distintos tipos de demencia y de la Enfermedad de Alzheimer. Por ello, a través de la estimulación cognitiva (conocida coloquialmente como la gimnasia del cerebro) se promueve el enlentecimiento de estos procesos que son degenerativos y la preservación, cuando es posible, de las funciones cognitivas.

Psicoterapia
Preocupaciones, ansiedad, temores, duelos, etc. Las personas mayores pueden requerir la ayuda de un profesional para el desahogo emocional y el apoyo a nivel terapéutico. La vejez, en sí misma, supone un proceso de duelo. La persona ve mermada sus capacidades cognitivas y físicas y esto supone un fuerte impacto emocional. Por otra parte, es importante hacer una revisión vital en la que cerrar conflictos del pasado, así como de la liberación de cargas que provoquen malestar en la persona.

Atención Familiar
En ocasiones, resulta tremendamente importante trabajar la adaptación familiar a las nuevas circunstancias y necesidades de la persona. Dentro de este apartado, toma especial relevancia la atención a las personas cuidadoras, trabajando el desahogo y otras estrategias para no caer en el síndrome del cuidador quemado.

Modificación de la Conducta
Debido al deterioro, pueden aparecer conductas que resulten problemáticas y para disminuirlas o eliminarlas, hay que programar una intervención a nivel conductual.  

Actividades de ocio y tiempo libre
Desde el departamento de Psicología también se participa en la planificación y ejecución de actividades que potencien el bienestar de nuestros mayores. Entre ellas, puede haber: celebración de fiestas, excursiones y visitas culturales, visionado de películas, etc. También, se desarrollan talleres específicos como técnicas de relajación y risoterapia.

Todo este trabajo no sería posible sin el apoyo de un equipo interdisciplinar en el que, además del papel de la psicología, se encuentra la figura del trabajo social, la fisioterapia, la terapia ocupacional y la enfermería, además del importante papel que realizan los auxiliares de enfermería.

 


Alejandra Muñoz
Nº Col. AN09995

¿La felicidad consiste en no sufrir?: La terapia de aceptacion y compromiso

Imagínate una tortuga que se dirige hacia su cueva, donde están sus crías. Pero la tortuga cada vez que llueve, cuando sopla el viento, cuando se topa con piedras, se mete en su caparazón. A veces sale del caparazón, avanza un poco, pero en cuanto ocurre a su alrededor algo inesperado se vuelve a meter. ¿Crees que de esta forma puede alcanzar lo que pretende? A lo mejor la alternativa es avanzar con todo el cuerpo fuera, en pleno contacto con el suelo, abierta a todo lo que pueda surgir en ese camino, notando todo lo que surja mientras avanza en la dirección a sus crías, el resto de tortugas… Probablemente no le gusten muchas de las cosas que estén en ese camino, o tal vez sí, pero eso es absolutamente distinto de su compromiso de avanzar por el sendero…

Esta es una metáfora que se utiliza en la Terapia de Aceptación y Compromiso, que sirve además como un reflejo fiel de algunos de los principios de esta terapia.

Empecemos por el principio.

¿Qué es la Terapia de Aceptación y Compromiso?

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es la terapia más conocida y utilizada dentro de las Terapias de Tercera Generación (o Terapias Contextuales). Aunque tiene un origen de hace casi 30 años, es en los últimos años en los que ha alcanzado más popularidad dentro y fuera de las consultas. Ya sea por la nueva “tecnología” que ofrece al psicoterapeuta para su ejercicio, su nuevo enfoque a la hora de abordar la salud psicológica, su visión de la psicopatología, o incluso sus coincidencias con la popularidad del mindfulness, lo cierto es que el lector puede que haya escuchado hablar de ella.

Pero ¿cómo entiende ACT el sufrimiento humano?

De forma explícita e implícita se impone la idea de que la felicidad se consigue con la ausencia de preocupaciones, miedos, dolor o cualquier sensación desagradable. Se enseña de forma sutil que lo desagradable no se debe tolerar, y que padecer algún problema es algo anormal que es incompatible con una vida adecuada. Es por ello que se orienta la vida para que sea más cómoda, placentera e indolora poniendo a disposición cualquier avance de nuestra sociedad.

Pero ahora viene lo paradójico, y es que lo lógico sería pensar que cuanto más desarrollado sea nuestro mundo y al ir disfrutando de mayores comodidades, nuestro sufrimiento y las cosas que nos perturban deberían disminuir. Lo lógico sería pensar que si se gana en calidad de vida los psicólogos y psicólogas cada vez harían menos falta. Pero respecto a los aspectos psicológicos la lógica a menudo pierde sentido. La realidad es todo lo contrario, no solo hay más personas sufriendo si no que aumenta la variedad de los problemas que se padecen.

Este el precio que se paga al vivir en una sociedad donde se exige estar bien continuamente, que enseña a reprimir cualquier emoción/sensación negativa, que bombardea con “pensar en positivo” y que implícitamente nos educa en que para actuar bien tengo que estar bien.

Toda esta lucha por evitar y/o controlar esas sensaciones desagradables casualmente genera más sufrimiento. Y por si fuera poco la gran mayoría de las veces, esta lucha nos aleja de las cosas que son valiosas en nuestra vida, como por ejemplo ir a la universidad, cuidar una relación de pareja o mantener en nuestra vida a personas importantes.

La visión de ACT respecto a este tema es muy sencilla, el sufrimiento humano es inherente a vivir. Es inevitable que mientras se viva se experimenten experiencias que aporten dolor o preocupaciones, eso significa que se está recorriendo el camino de la vida. Desde ACT se cree en que se puede “sentirse mal pero estar bien”.

¿Y esto como se hace?

Básicamente aceptando esas sensaciones desagradables y no dejando que lo que sentimos, pensamos o recordamos (esos eventos privados) controle nuestra vida. No se pueden eliminar pensamientos o emociones, pero si controlar cómo comportarse. Desde ACT se hace hincapié en abandonar la lucha con esos eventos privados desagradables que solo trae más sufrimiento, y dirigir la vida hacia donde se considere valioso para cada uno.

¿Qué herramientas utiliza ACT?

Se utilizan en ACT tanto técnicas ya utilizadas en otras terapias como otras novedosas. Al tener coincidencias en algunos principios con otras terapias, como por ejemplo terapias humanistas, hay ejercicios que se pueden incorporar plenamente a la terapia, sin olvidar en ningún momento los fundamentes y el marco teórico que diferencia a ACT de estas otras. Entre las técnicas utilizadas podemos encontrar las metáforas, ejercicios experienciales, ejercicios de mindfulness o clarificación de valores, sin olvidarnos de la más importante… el propio terapeuta.

En la metáfora que escribía al principio, para la tortuga, la lluvia, piedras, el viento serían como esos eventos internos desagradables (pensamientos, emociones, recuerdos, sensaciones…) que dificultan el camino. Por el contrario, el ir hacia sus crías simboliza el camino que a la tortuga le resulta valioso. Y el ir a su encuentro, a pesar de algunas cosas incómodas es el compromiso que tiene con lo que le importa en su vida.

Así pues, ACT es una terapia centrada en valores, en lo que de verdad le resulta valioso a cada persona. ACT no busca que se tome contacto y se acepten esos eventos privados incómodos sin motivo alguno, eso no tendría sentido. Lo que orienta la terapia es la dirección que marca cada uno hacia lo que considera importante.

Imaginemos un caballo y su jinete. El caballo representa todos esos eventos internos desagradables (emociones, pensamientos, recuerdos…). El objetivo de ACT es que, a pesar de hacia dónde intente ir el caballo, el jinete dirija su vida allá dónde considere importante y no en la dirección que su caballo prefiera, es decir, que coja las riendas.

Por eso, no estaría de más preguntarse, ¿quién marca el camino de mi vida?, ¿es mi caballo quién dirige?, o ¿soy yo quien lleva las riendas?

 


Jesús M. Calderón
Nº Col. M-31505

Trastorno bipolar

El trastorno bipolar es una psicopatología del estado de ánimo, generalmente crónica, que ha recibido muchos nombres a lo largo del discurrir de la historia (enfermedad maníaco-depresiva, p.e.). De manera característica, las personas que lo padecen experimentan cambios inusuales en el modo en que se sienten, pudiendo diferenciarse periodos en los que cumplen criterios de un episodio maníaco y otros momentos en los que se muestran clínicamente deprimidos (ambos se desarrollarán posteriormente). Es importante destacar que estos altibajos no obedecen a una simple labilidad emocional, ni se corresponden con las naturales fluctuaciones del estado de ánimo que todos atravesamos en diferentes momentos, sino que la dimensión y alcance de los mismos reviste tal gravedad que condiciona la propia calidad de vida (alteraciones del sueño, modificaciones en el nivel percibido de energía y/o dificultad para pensar con claridad por enlentecimiento -bradipsiquia- o aceleración –taquipsiquia- de los contenidos mentales). El tratamiento farmacológico y psicológico es esencial, puesto que facilita el desarrollo de una vida satisfactoria. Aunque la patología puede afectar a cualquier persona en cualquier momento de su vida (prevalencia del 0,4-1,6% para el Trastorno Bipolar Tipo I y del 0,5% en el Tipo II), lo más común es que debute en la adolescencia tardía o inicios de la vida adulta.

EPISODIOS CLÍNICOS DE ALTERACIÓN DEL ESTADO DE ÁNIMO

Seguidamente abordaremos la forma que pueden adoptar los distintos periodos de alteración anímica que se presentan en el contexto de un Trastorno Bipolar. En términos generales pueden aparecer situaciones clínicas de exceso (manía) o déficit (depresión) claramente diferenciadas tanto en dimensiones cognitivas como conductuales y fisiológicas, y que tienden a reproducirse con el devenir del tiempo de un modo no necesariamente alternante (tres episodios maníacos seguidos de uno depresivo, por ejemplo).

Episodio maníaco

Se caracterizaría por un estado de ánimo anormalmente elevado durante, al menos, una semana (o menos tiempo en el caso de que requiera hospitalización). En este periodo la persona puede proyectar una autoestima exagerada/desproporcionada, junto a una serie de alteraciones en la forma del pensamiento (aceleración) y el contenido o el ritmo del lenguaje (verborrea que en casos graves se manifiesta como una ensalada de palabras sin aparente significado). Las ideas suelen parecer atropelladas, expresarse de un modo caótico e inconexo, y absorber la atención de una forma muy profunda (generando distraibilidad secundaria). La conducta se ve también exacerbada en términos cuantitativos, por lo que la persona tiende a moverse o desplazarse mucho más (agitación psicomotora e incremento de la actividad intencional) y a participar en actividades que suponen el derroche de los recursos personales y financieros. La necesidad de descanso puede verse también reducida en estos momentos, por lo que se mantiene una intensa activación fisiológica y conductual durante la noche, en detrimento de un progresivo estado de agotamiento (cuya percepción puede pasar inadvertida para el paciente). En casos muy graves los episodios maníacos adquieren entidad psicótica, con delirios y alucinaciones generalmente congruentes con el estado de ánimo (sentirse superior al resto de personas o merecedor de un trato privilegiado por pertenecer a un colectivo que lo amerite, p.e.) y condicionar severamente las relaciones sociales y las responsabilidades personales.

Episodio hipomaníaco

En estos casos, la alteración del estado de ánimo se mantiene al menos durante cuatro días y puede cursar con una elevación del mismo (menos intensa que en la manía) o con la emergencia de irritabilidad. La alteración supone un cambio importante en el funcionamiento habitual, pero no llega a requerir una hospitalización ni condiciona de manera decisiva el desarrollo normal de la cotidianidad. En este supuesto no aparecen, en ningún momento, síntomas psicóticos (pues los mismos implicarían -por su severidad- que el episodio en curso es en realidad maníaco).

Episodio depresivo

Los episodios depresivos en el contexto de un Trastorno Bipolar son muy similares a los que se observan en la Depresión Mayor, que es el más común de los trastornos del estado de ánimo en la población general. Durante al menos dos semanas se apreciarían dos síntomas característicos: la anhedonia (o dificultad para experimentar placer) y la tristeza, siendo esta última de una intensidad tal que comprometería la capacidad de la persona para participar en las actividades cotidianas de su vida. En algunas ocasiones, durante los episodios depresivos, pueden aparecer ideas autolíticas que deben ser convenientemente valoradas por un profesional de la salud mental, puesto que en ningún caso se trata de amenazas vacuas. Otros síntomas característicos pueden ser la alteración del apetito (tanto por exceso como por déficit), la dificultad para dormir o la somnolencia excesiva (hipersomnia), la tendencia al llanto, el deseo de permanecer aislado y la aparición de pensamientos negativos que atenazan a la persona. Al igual que ocurría en el episodio maníaco, los casos graves pueden cursar con sintomatología psicótica congruente con el estado de ánimo (culpabilización por actos sobre los que no se tiene ninguna responsabilidad, como una guerra o el sufrimiento de un colectivo históricamente malogrado, por ejemplo).

SUBTIPOS DE TRASTORNO BIPOLAR

Existen distintos subtipos de Trastorno Bipolar, que se diferencian entre sí tanto por la expresión clínica (manía, hipomanía o depresión) como por el pronóstico. Se detallarán seguidamente.

Trastorno Bipolar Tipo I

Para el diagnóstico de este subtipo solo es necesario que la persona manifieste o refiera haber sufrido un episodio maníaco, actualmente o en otro momento (pasado) de su vida. Así pues, no se requiere la co-ocurrencia de periodos en los que se cumplen los criterios diagnósticos de un episodio depresivo, aunque son muchas las personas que también los manifiestan de manera retrospectiva (más del 90%). El orden y la secuencia en la que se presentan estos episodios es también muy diverso, sin que pueda determinarse una lógica exacta. Aunque la gravedad del trastorno bipolar puede ser variable (oscilando entre leve y severa con síntomas psicóticos), en general es una condición de salud con peor pronóstico que el Trastorno Bipolar Tipo II. Existen algunas personas que presentan una dinámica de ciclos rápidos (cuatro o más episodios en un año) y otras que muestran un patrón claramente estacional (con episodios que coinciden con el inicio del otoño/invierno y que remiten o se polarizan -viraje a depresión en caso de los maníacos o a maníacos en caso de los depresivos- en la primavera).

Trastorno Bipolar Tipo II

En este caso se presentan tanto episodios depresivos como hipomaníacos, sin que nunca se haya apreciado o corroborado ninguno de naturaleza maníaca (pues impediría la confirmación clínica de este diagnóstico durante el proceso de valoración diferencial). Tiene mejor pronóstico que el Tipo I, pero en este caso sí es necesario que se manifiesten periodos de ánimo deprimido (con las potenciales consecuencias que pueden tener sobre la vida de la persona).

Trastorno Ciclotímico

Aunque anteriormente se incluía dentro de la categoría de los trastornos de la personalidad, en la actualidad se considera en la de los trastornos afectivos. En este caso se aprecian, durante al menos dos años, oscilaciones del estado de ánimo importantes por sus implicaciones sobre la vida de la persona (puesto que suponen un cambio significativo en su forma de proceder) pero que no llegan a alcanzar una intensidad suficiente para satisfacer los criterios diagnósticos de los episodios maníacos o los depresivos. Estas fluctuaciones (subclínicas en cualquiera de sus extremos) se mantienen durante dos años o más en el caso de los adultos, o durante un año en el de los niños y adolescentes. Lo más habitual, como forma de expresión característica de este particular subtipo bipolar, es que se muestren momentos relativamente breves (de entre dos a seis días) con cambios alternantes del estado de ánimo individualmente relevantes (subidas y bajadas).

Algunas recomendaciones

Tanto el tratamiento farmacológico como el psicológico son importantes en el caso del trastorno bipolar, por lo que no debe dudar en solicitar ayuda en caso de que crea que puede padecerlo. Su médico y su psicólogo le orientarán para que pueda disfrutar de una vida plena con este diagnóstico. Como recomendaciones generales, no obstante, destacamos: ser especialmente cuidadoso con la medicación (siguiendo de manera exacta la posología que su facultativo le haya indicado), mantener una rutina para la comida y el sueño, asegurarse de dormir lo suficiente (especialmente durante los periodos maníacos), aprender a reconocer los momentos iniciales en los que se está produciendo el cambio en el estado de ánimo (lo que puede requerir de un entrenamiento previo) y mantener la paciencia. Se trata, en definitiva, de una condición que impone ciertos cambios en la vida; pero con la cual sigue siendo posible alcanzar nuestros propósitos en las distintas áreas en las que nos los propongamos.

 


Joaquín Mateu
Nº Col. CV-11848

Anorgasmia femenina

Puede que este concepto no te resulte familiar, sin embargo, la anorgasmia o falta de orgasmo, es la dificultad sexual más prevalente entre las mujeres. Se estima que su incidencia abarca del 10 al 42% de la población femenina, donde alrededor del 10% nunca ha experimentado un orgasmo.

¿Qué es la anorgasmia femenina?

La anorgasmia vendrá definida como una incapacidad o imposibilidad de la mujer para alcanzar el orgasmo en casi todas o todas sus actividades sexuales tras una fase de excitación normal y una estimulación que puede considerarse adecuada en duración, tipo e intensidad. Según el DSM-5, esta situación tiene que haber persistido durante unos seis meses como mínimo y tiene que causar un malestar clínicamente significativo a la mujer.

En este punto, debemos tener en cuenta que a lo largo de nuestras vidas pasamos por circunstancias puntuales que pueden ocasionar esta falta de orgasmo, como periodos de gran estrés, sin que esto suponga la presencia del trastorno. También debemos tener en cuenta que el orgasmo no es un fenómeno de “todo o nada” y que su intensidad y duración puede ser diferente en cada una de nosotras e incluso en nosotras mismas en momentos distintos de nuestra vida, por lo que no debemos caer en el error de patologizar variaciones normales en el orgasmo. Por otro lado, cada una de nosotras puede conseguir el orgasmo a través de diferentes prácticas sexuales (coito pereano-vaginal, estimulación del clítoris, sexo oral…) sin que unas sean mejores que otras y que, como he mencionado arriba, los orgasmos de cada una en comparación con las demás pueden tener diferente intensidad y duración, sin ser, tampoco, unos orgasmos mejores que otros.

¿Cuáles son los diferentes tipos de anorgasmia?

Podemos diferenciar 4 categorías de anorgasmia:

  • Anorgasmia primaria: mujeres que no han tenido nunca un orgasmo ni a través del coito, ni mediante masturbación, ni estimulación directa por parte de otra persona ya sea con la mano, boca, juguete sexual o, cualquier combinación de lo anterior.
  • Anorgasmia secundaria: mujeres que, tras una época de haber experimentado orgasmos con normalidad, dejan de hacerlo.
  • Anorgasmia situacional: cuando solamente alcanza el orgasmo con determinados tipos de estimulación, persona o situación, pero no en todas las ocasiones.
  • Anorgasmia generalizada: la mujer no alcanza en orgasmo en ningún caso, independientemente de los factores y circunstancias que intervengan.

 

¿A qué se debe la anorgasmia?

Esta dificultad sexual es debida mayoritariamente a factores psicológicos, tal y como dicen Masters, Johnson y Kolodny (1987) el 95% de los casos se deben a dichos factores, estando tan solo un 5% desencadenados por factores orgánicos.

Causas orgánicas

  • Enfermedades crónicas (tales como la diabetes)
  • Estados de carencia hormonal
  • Lesiones o infecciones pélvicas
  • Trastornos neurológicos (como lesiones medulares)
  • Desgarros
  • Consumo de drogas o fármacos tales como alcohol o antihipertensivos.

Causas psicológicas

  • Falta de experiencia o práctica sexual
  • Ausencia o estilo de masturbación
  • Actitudes y creencias negativas hacia el sexo
  • Experiencias sexuales traumáticas, miedos y fobias sexuales
  • Rol pasivo de las relaciones sexuales
  • Culpabilidad por mantener relaciones eróticas
  • Baja autoestima e inseguridades respecto a la imagen corporal
  • Ansiedad excesiva asociada a la conducta sexual
  • Depresión, ansiedad o alteraciones de la personalidad
  • Comunicación ineficaz y hostilidad hacia la pareja sexual
  • Aburrimiento o monotonía en las prácticas sexuales
  • Disfunciones sexuales del compañero/compañera sexual como, por ejemplo, la eyaculación precoz
  • Miedo a perder el control (a gritar descontroladamente, a desmayarse o a perder el control de alguna de sus funciones corporales)

¿Cómo solucionarlo?

Aquí te vamos a dar algunas claves de cómo abordar esta dificultad desde el punto de vista psicológico, ya que, si sospechas que puede deberse a una causa orgánica, te aconsejo que acudas a tú médico para que evalué tú caso en particular. Algunas de nuestras propuestas son:

  1. Conócete. Es muy importante tener un buen conocimiento de nuestro cuerpo y genitales para poder saber lo que nos gusta y lo que no. Un primer paso puede ser la estimulación sensorial de diferentes zonas de nuestro cuerpo que no impliquen las zonas genitales, explorando y acariciando diferentes partes y atendiendo a que zonas nos resultan más gratas y placenteras. Puedes hacer esta actividad mientras te das una ducha. Sin prisas, olvidándote del reloj y de las preocupaciones, atenta solo a las sensaciones.
  2. Conócela. Si, efectivamente me refiero a la vulva. Es importante que realices una exploración igual que la anterior pero esta vez, centrada en las zonas genitales. Te invito a coger un espejo, que lo pongas entre tus piernas y observes cada rincón de tú vulva con calma, acariciando diferentes zonas de la misma y permitiéndote descubrir y sentir nuevas y placenteras sensaciones. Conoce también a ese compañero llamado clítoris y juega con él.
  3. Céntrate en ti. Cuando estés acompañada, es importante que te sitúes en tus necesidades, gustos, sensaciones y no únicamente estés pendiente del disfrute de la otra persona, ya que, si te centras demasiado en el otro/otra, corres el riesgo de desconectar de tus sensaciones y de tú disfrute.
  4. Comunícate. Otra de las claves es la comunicación, no dudes en indicarle a tu pareja sexual que tipos y formas de estimulación te resultan más agradables y placenteras.
  5. Relájate y date el permiso de disfrutar. Para disfrutar es fundamental prestar atención a tus sensaciones, excitación, deseo. Por lo que, si sientes que comienzas a pensar en otras cosas, puedes centrarte en tú respiración y en fantasías que te reporten placer y excitación. Si estas acompañada, una vez que te centres en tú respiración, puedes atender a la de tú pareja sexual, en su jadeo, en los besos, las caricias…
  6. Tócate durante el coito. Si te apetece conseguir el orgasmo durante la penetración puedes usar la técnica de apuntalamiento, que consiste en estimular el clítoris durante la misma. Se puede acompañar esta técnica con movimientos de empuje para favorecer también la estimulación de este.
  7. Ejercita tú suelo pélvico. Esto puedes conseguirlo a través de los ejercicios de Kegel, los cuales fortalecen los músculos del suelo pélvico que sostienen el útero, la vejiga y una porción del intestino. Ya que, muchas veces, una debilidad del suelo pélvico puede dar lugar a la disminución de la sensibilidad e intensidad del orgasmo.
  8. Utiliza juguetes sexuales. Otra opción es la incorporación a tú vida sexual de dildos que te ayuden a disfrutar de nuevas sensaciones placenteras.
  9. Juega en pareja. Si tienes pareja o un compañero/compañera sexual, podéis jugar a que los genitales están prohibidos, tocando y estimulando otras partes del cuerpo pero no los genitales. De esta manera, podréis experimentar sensaciones o descubrir nuevas zonas placenteras de las que anteriormente no os habíais percatado.

Estos son algunos de los consejos que puedes seguir, sin embargo, no debes olvidar que el objetivo primordial es disfrutar y no lograr nada concreto como podría ser el orgasmo.

El orgasmo es una parte más del placer, y se pueden tener relaciones eróticas altamente satisfactorias a pesar de no tenerlo o tenerlo con baja asiduidad. De hecho, muchas mujeres que rara vez o nunca experimentan orgasmos refieren un alto grado de placer en sus relaciones sexuales.  Al fin y al cabo, el orgasmo tiene el valor que nosotras le demos y hay mundo más allá de él.

Referencias bibliográficas:

American Psychiatric Association. (2015). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. DSM 5. Madrid: Panamericana.

Belloch, A., Sandín, B., y Ramos f. (2008). Manual de Psicopatología. Volumen I. Madrid: Mc Graw Hill.

Outeiriño, J. P., Pérez, A. R., Duarte, A. V., Navarro, S. M., & Blasco, J. L. (2007). Tratamiento de la disfunción del suelo pélvico. Actas Urológicas Españolas31(7), 719-731.

Vallejo, M.A. (2016). Manual de terapia de conducta. Tomo I. Madrid: Dykinson.

 


Mónica Álvarez

Nº Col. O-03091

¿Quieres estudiar Psicología?

 

Psicología es una carrera universitaria muy demandada en la actualidad. Aunque es una de las carreras y, a la postre, una de las profesiones más bellas que existen, hay gente que fija unas expectativas poco realistas antes de decantarse por esta carrera.

Los mitos de la carrera de Psicología

La Psicología cuenta con más visibilidad que hace unas décadas. Aun con ello, el desconocimiento que aún se tiene sobre esta formación y sobre esta profesión hace que se formen determinadas creencias que no se corresponden con la realidad. Aquí van algunas de ellas:

  • «Voy a estudiar Psicología para encontrarme a mí mismo/a«. No es que no lo hagas estudiando Psicología. El asunto es que es posible que lo hagas estudiando ingeniería aeronáutica, filología, biomedicina, higiene bucodental o auxiliar de enfermería. La mejor forma de «encontrarse» es elegir una formación que te guste, que te ayude a desarrollarte como persona y que te haga feliz.
  • «Doy buenos consejos, así que esta es mi carrera«. Si realmente ese es el criterio por el cual eliges Psicología como carrera, tal vez deberías no cerrarte a otras. Los psicólogos y las psicólogas no damos consejos. De hecho, nuestra profesión es tan sumamente complicada porque hemos de llevar a cabo intervenciones a través de diálogos socráticos (diálogos guiados con el objetivo de que las personas lleguen a conclusiones que le hagan evocar cambios a varios niveles). Lo fácil, de hecho, es dar consejos, pero los consejos llevan implícito algo que no se nos permite, y es que no podemos ni debemos imponer nuestro criterio al de cualquier persona, aunque sea con la mejor de las intenciones.
  • «Me gusta ayudar a la gente y soy de letras; esta es mi carrera«. No cabe duda de que la Psicología, como el resto de ciencias de la salud, es una disciplina humana, que requiere de cierta vocación. Pero a pesar de lo que mucha gente se cree, Psicología no es una carrera de letras. Emana de la Filosofía, por supuesto, pero la carrera como tal tiene asignaturas de anatomía, fisiología o estadística. De hecho, la distinción entre «ciencias y letras» creo que es algo que empieza, por suerte, a quedar atrás.
  • «No soy nada sociable, así que la carrera me hará serlo». Por desgracia, esto no funciona así. Una cosa es que el paso por la carrera, como experiencia de vida, como un tiempo y un lugar en el que conoces a mucha gente, con muchos puntos de vista, en el que vas a sitios nuevos, etc. y otra, que el propio contenido de la carrera haga cambiar la base de tu personalidad.

Lo que sí te vas encontrar en la carrera de Psicología

Vistos los mitos y las creencias poco fieles a la realidad, la carrera de Psicología te va a aportar otras muchas cosas positivas, como estas:

  • La importancia del objeto de estudio. Esta ciencia estudia la conducta humana, que es tan sumamente amplia que ni estudiando toda nuestra vida podríamos comprender la conducta en todas las situaciones ni desde todos los prismas. Si estudias esta carrera vas a poder comprender muchos fenómenos de la condición humana que antes ni tan siquiera te habías planteado.
  • Aplicabilidad inmediata. Lo que estudies en la mayoría de materias vas a poder observarlo al salir a la calle, observando a la gente. Todo el mundo emite conductas, en un contexto lleno de estímulos, y la interacción entre las primeras y los segundos es algo que solo comprenderán quienes la hayan estudiado a fondo, es decir, los psicólogos y las psicólogas.
  • Curiosidad saciada a diario. Durante la carrera, es difícil que tengas un día en el que no aprendas algo nuevo, curioso e interesante. Eso es difícil en otras muchas carreras. Sin duda, es un potentísimo motivador más allá de calificaciones y exámenes.
  • Mucho donde elegir. Volviendo a aludir a la extensión del conocimiento psicológico, vas a ir estudiando materias que te van a empezar a llamar la atención y otras que vas a ir descartando. Lo bueno es que, probablemente pases por muchas fases en las que te apasione un ámbito concreto… hasta que descubres otro… y después otro… De tal manera que cuando decides que quieres ser psicólogo/a social, descubres la neuropsicología, y después la psicología del deporte, la psicología judicial…

Lo que te vas a encontrar cuando termines la carrera de Psicología

Se necesitan muchos psicólogos y muchas psicólogas. El estilo de vida occidental, junto con el modelo socioeconómico actual, amén de otras muchas circunstancias, hacen del profesional de la psicología una figura del todo necesaria.

Pero ahora, volvamos a la realidad. Por desgracia, esta carrera no goza de un prestigio, un recorrido o un reconocimiento social suficientes como para ser tenida en cuenta de la misma forma que otras. A modo de efecto dominó, el no ser una carrera muy reconocida hace que no sea considerada por las administraciones públicas como prioritaria a la hora de invertir en ella para desarrollar proyectos con los que mejorar la calidad de vida de las personas, al menos en relación a otras disciplinas o ámbitos.

Este contraste se traduce en que cada año miles de estudiantes de psicología se convierten en titulados/as. El nivel de competencia es muy alto, y además, para poder ejercer la psicología en el ámbito clínico (o general sanitario) no basta con la carrera, sino que has de hacer el Máster de Psicología General Sanitaria o, en su caso, obtener plaza para realizar la residencia de cuatro años del PIR (Psicólogo/a Interno/a Residente). Si no tienes ninguna de las dos, no puedes realizar las funciones propias de un psicólogo en consulta, tal como el 85% de los y las estudiantes de la carrera pretenden.

Pero existen muchísimas formaciones complementarias que, si bien no están encuadradas en las actividades de ámbito más clínico, también te permiten desarrollarte como psicólogo/a en un ámbito determinado. La psicología forense, la psicología del deporte o la psicología social son algunos ejemplos.

A pesar de que el panorama no es muy alentador, conviene no desistir si tienes claro el ámbito de la psicología al que quieres dedicar tu trabajo. De hecho, lo bueno de tener obstáculos es que te van a permitir evaluar tu motivación por conseguir tus objetivos.

Finalmente, a pesar de todo, te invito a que estudies esta preciosa carrera. No porque te vaya a hacer cambiar, ni ser mejor persona, ni leer la mente de nadie, sino porque es una de las profesiones que más puede ayudar a las personas, y que más responsabilidad conlleva.

 


Alberto Álamo
Nº Col. AN08736

Psicología Infanto-juvenil desde la terapia Gestalt

Qué es la Terapia Gestalt

Antes de comenzar a hablar de la psicología infanto-juvenil desde esta orientación psicológica vamos a conocer en qué consiste la Terapia Gestalt.

Según la Asociación Española de Terapia Gestalt “se encuadra dentro de las terapias humanistas, y participa por tanto de todos los principios de las mismas. Esta llamada “tercera vía de la Psicología” hace especial hincapié en el desarrollo del potencial del ser humano y pone el acento en reforzar las cualidades positivas de la persona”

Desde esta orientación, es necesario tener en cuenta que el paciente no viene a terapia a ser interpretado o a modificar su conducta mediante una serie de ítems a realizar, sino que viene a “confrontar su neurosis”, a darse cuenta de lo que hace y como lo hace, por eso ha de ser especialmente activo y responsable. Va a aprender a descubrir y lograr sus objetivos y satisfacer sus necesidades a través de sus propios esfuerzos. La persona es tratada como una totalidad. Además, un terapeuta gestáltico no interpreta ni condiciona, sino que acompaña. Es activo, atiende a la conducta, al darse cuenta, al aquí y ahora en lugar del allá y entonces. Evita decirle al paciente lo que ha descubierto acerca de él, le enseña a observarse y a experimentar sus conductas.

Como decía Piaget: “Cada vez que le damos a un niño la respuesta le quitamos la posibilidad de encontrar las suyas y de descubrir sus propios recursos” El foco del proceso terapéutico gira en torno a lo que el paciente hace, cómo lo hace y para qué lo hace. El objetivo de la terapia es que la persona logre la mayor integración posible para su desarrollo.

Esta ha sido una breve reseña e introducción para familiarizarnos con la terapia Gestalt, pues podríamos externos mucho más en desarrollar cada punto, pero eso podremos hacerlo en un artículo dedicado tan sólo a esta orientación psicológica, por lo que vamos a centrarnos más en el abordaje de la infancia y adolescencia desde esta perspectiva.

Qué trae a los niños a terapia

Es probable que, en respuesta  esta pregunta, todos en algún momento pensemos, bueno tiene algún trastorno, no les está yendo bien en el colegio, son agresivos o retraídos, han sufrido algún trauma, etc… Todos estos son síntomas y reacciones pero ¿ qué los está causando?

Partimos de dos problemas básicos:

  1. Les cuesta hacer un buen contacto con profesores, padres, pares y libros.
  2. Generalmente tienen un pobre sentido de sí mismos.

Para hacer un buen contacto con el mundo, necesitamos conocer las funciones de contacto que denominamos mirar, escuchar, tocar, saborear, oler, moverse, expresas sentimientos, ideas, pensamientos…Estas resultan ser las mismas modalidades que constituyen nuestro self o sí mismo. Los niños con trastornos emocionales debido a algún trauma u otra razón, tienden a aislarse de alguna manera, anestesian sus sensaciones, restringen su cuerpo, bloquean sus emociones y cierran su mente. Estos actos afectan profundamente su crecimiento sano y agravan más sus problemas. Ellos no pueden hacer un buen contacto y el sí mismo se inhibe aún más.

El bebé llega al mundo como un ser sensorial, su cuerpo está en constante movimiento. El organismo, compuesto por los sentidos, el cuerpo, el intelecto y la capacidad de expresar emociones, está funcionando en una forma integral tal como va creciendo el niño. Pero a cada niño-unos más que a otros- empieza a sucederle algo que interfiere con un sano desarrollo. Los sentidos se anestesian, el cuerpo se restringe, las emociones se bloquean y el intelecto no es lo que podría ser.

¿Por qué sucede esto? Ciertamente varios traumas como el abuso, divorcio, rechazo, abandono, enfermedades, pueden ocasionar que el niño se retraiga de algún modo. Esto lo hace instintivamente para protegerse. Pero hay una serie de etapas del desarrollo y factores sociales en su vida que también hacen que él se restrinja, se bloquee o se inhiba a sí mismo. Estos factores de desarrollo consisten en : confluencia y separación, egocentrismo, introyectos, satisfacción de necesidades, establecimiento de barreras y límites, el efecto de diversos sistemas, expectativas culturales y respuestas de los padres a él, particularmente sus expresiones de rabia.

El proceso terapéutico con niños y adolescentes

  • La relación. Nada sucede sin al menos una hebra de relación. Es algo tenue que requiere cuidado. Es la base del proceso terapéutico y puede, en sí misma, ser poderosamente terapeútica. No nos hacemos expectativas sobre él. Lo aceptamos tal cual es. Respetamos su ritmo y tratamos de unirnos a él, estar presente y conectados. Al relacionarte con él como un ser aparte, le das la oportunidad de experimentar su propio YO, sus propios límites, destacando así su sentido de sí mismo y mejorando y fortaleciendo sus habilidades de contacto.
  • Contacto. Es un asunto vital y existencial en cada sesión. Poco puede suceder sin contacto real. El contacto implica poseer la habilidad de estar completamente presente en una situación específica con todos los aspectos del organismo prestos y disponibles para su uso. Un buen contacto también implica la capacidad de retirarse apropiadamente antes que paralizarse en un espacio supuestamente de contacto. Cuando sucede esto, deja de ser contacto y pasa a ser un falso intento de mantenerse en contacto, por ejemplo, el niño que nunca deja de hablar o que no puede jugar solo y necesita estar acompañado todo el tiempo.
  • Resistencia.Los niños presentan una serie de manifestaciones conductuales,  comúnmente llamadas resistencias, como una manera de intentar lidiar y sobrevivir y hacer contacto con el mundo lo mejor posible. A veces funcionan, pero es más frecuente que al emplear estas conductas, no obtengan lo que necesitan. A medida que adquieren confianza en sí mismos a través de un sentido más fuerte de su yo, las conductas fallidas desaparecen y son reemplazadas por formas de contacto con el  mundo más satisfactorias y eficaces.Casi todos los niños son resistentes, se protegen, en cierta medida, si no hay ninguna resistencia, el yo de ese niño es tan frágil que debe hacer todo lo que le digan para sentir que puede sobrevivir. La resistencia es la aliada del niño, es su manera de protegerse, hay que respetarla.
  • Los sentidos. se trabaja con todos los sentidos, los estimulamos con todo tipo de actividades.
  • El cuerpo. Cada emoción tiene una conexión corporal. Los niños perturbados restringen su cuerpo y se desconectan de él. Hay que ayudarlos a desbloquearse, soltarse, respirar profundo, conocer su cuerpo, sentirse orgullosos de él…Por lo general se empieza con la respiración. Se hacen muchos ejercicios que involucran el cuerpo.
  • Fortalecer el yo. Ayudar al niño a desarrollar un fuerte sentido de sí mismo es un requisito primordial para que exprese sus emociones ocultas. Este sentimiento agudizado del yo suele evocar expresiones emocionales espontáneamente. Reforzar el yo implica, además de experiencias sensoriales corporales: definir el yo, elegir, experimental el dominio, reconocer proyecciones, establecer fronteras y límites, tener la habilidad de ser juguetón y usar la imaginación, experimentar algún poder y control, contactar la propia energía agresiva.
  • Expresión emocional. No es fácil enseñar a los niños a desenterrar sus emociones sepultadas y que aprendan formas sanas de expresar sus emociones en la vida diaria. Diversas técnicas proyectivas ayudan en este trabajo: dibujos, arcilla, fantasía e imaginación, dramatización, música, movimiento, bandeja de arena, fotografía, metáforas, juegos.
  • Autocuidado. Consiste en ayudar al niño a ser más receptivo, comprensivo y activamente nutritivos consigo mismos. Es difícil ya que los niños son  criados con la idea de que es egoísta y malo preocuparse de sí mismo. La aceptación de todas las partes de uno mismo, aun las mas odiosas, es un componente vital de un desarrollo sano y no deteriorado. El primer paso es desenterrar aquellas partes odiadas del yo. La integración empieza a producirse cuando ayudamos al niño a aceptar las partes de sí mismo que él aborrece, y a entender su función y propósito.
  • Procesos inapropiados persistentes. Dado que la terapia gestalt está mas orientada a los procesos que a los contenidos, ayudar a los niños a tomar conciencia de su proceso particular tiene prioridad sobre la modificación de la conducta a través de la resolución de problemas específicos, recompensas, conferencias u otro tipo de intervenciones. El cambio ocurre cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es. Esto se tiene aún más en cuenta cuando después de trabajar con los diversos procesos terapéuticos, ciertas conductas tienden a persistir, por lo que hay que centrarse en ellas y trabajarlas de esta manera.

Para terminar aquí les dejo del libro “Cuentos que curan”, el relato de Robert Bly donde nos explica cómo se produce el nacimiento de la sombra en cada uno de nosotros, algo que nos puede ser ilustrativo y comprender tanto esta orientación y el trabajo que se trata de hacer en la infancia y adolescencia:

“Cuando contábamos con uno o dos años de edad, teníamos lo que podemos visualizar como una personalidad de 360 grados. Irradíabamos energía desde todas las zonas de nuestro cuerpo y de nuestra psique. Un niño corriendo es un globo viviente de energía. Teníamos una bola de energía perfecta, pero un día vimos que a nuestros padres no les gustaban ciertas partes de esa bola. Decían cosas como: ¿ No puedes estarte quiere?; o… No está bien atormentar a tu hermano. Detrás de nosotros tenemos un saco invisible y en él ponemos la parte de nosotros que no gusta a nuestros padres a fin de conservar su amor. Cuando vamos al colegio nuestro saco ya es bastante grande. Entonces los profesores dicen una de las suyas: “Los niños buenos no se enfadan por pequeñeces”. Así que cogemos nuestro enfado y lo ponemos en el saco. Cuando mi hermano y yo teníamos doce años en Madison(Minnesota) nos llamaban “Los amables niños Bly”. Nuestros sacos ya medían un kilómetro.

Luego hacemos un buen relleno del saco en el instituto. Esta vez ya no son los malvados mayores quienes nos presionan, sino gente de nuestra edad. Así que la paranoia estudiantil contra los mayores podría estar fuera de lugar. Durante todos los años de instituto mentí sistemáticamente para intentar parecerme más a los jugadores de baloncesto. Cualquier parte de mí que fuera un poco lenta se iba al saco. Mis hijos están atravesando ese proceso ahora, contemplé cómo lo hacían mis hijas, que son más mayores. Vi consternación cuándo llegan a poner en el saco, pero no hubo nada que su madre ni yo pudiéramos hacer al respecto. A menudo mis hijas parecían decidirse en aras de la moda y de las ideas colectivas de belleza y sufrían tanto a causa de otras chicas como de los hombres. Así que mantengo que de todo un globo redondo de energía a los veinte años nos queda una fina rebanada. Antes de los veinte años nos pasamos la vida decidiendo qué partes de nosotros ponemos en el saco y pasamos el resto de nuestras vidas intentando sacarlas de nuevo. En ocasiones parece imposible recuperarlas, como si el saco estuviera sellado. Supongamos que el saco queda sellado ¿qué ocurre entonces? Un gran relato del siglo diecinueve sabe algo de eso. Una noche Robert LOUIS Stevenson se despertó y contó a su mujer un fragmento del sueño que acababa de tener. Ella le urgió a escribirlo, lo hizo y se convirtió en el Doctor Jekyll y Mister Hyde. El lado boniyo de nuestra personalidad se vuelve, en nuestra cultura idealista, más y más bonito. El hombre occidental, puede ser, por ejemplo, un generoso doctor que siempre piensa en el bien de los demás. Moral y éticamente es maravilloso, pero la sustancia del saco forma una personalidad por su cuenta, que no puede ignorarse. El relato nos dice que la sustancia encerrada en el saco aparece un día en algún otro lugar de la ciudad. La sustancia del saco está enfadada, y cuando la ves tiene forma de simio y se mueve como un simio”.

(Roberto Bly. En Jung y otros, 1994;45-47)

 


Iris Flores
Nº Col. P-02039

Psicología y coaching; ¡Qué no te engañen!

Psicología: según la RAE, se refiere a la ciencia o estudio de la mente y de la conducta en personas o animales. A esta definición se añaden otras, sobre las que me gustaría destacar la siguiente: “manera de sentir de un individuo o de una colectividad”. El diccionario Oxford añade una definición más práctica: “Capacidad para conocer el carácter de las personas y comprender las causas de su comportamiento”.

Y el psicólogo, según la RAE, es el especialista en psicología. O aparece como adjetivo para quienes cuentan con una “especial sensibilidad para el conocimiento del comportamiento humano”.

Por el contrario, cuando nos dirigimos a buscar la palabra Coaching, no aparece en la RAE. De hecho, no aparece en ningún diccionario en español, por lo que para definirlo me basaré en las definiciones que realizan algunos autores relevantes en la materia:

Para T. Gallwey se trata de un arte, “el arte de crear un ambiente a través de la conversación y de la forma de ser, que facilite el proceso por el cual una persona se moviliza de manera exitosa para alcanzar sus metas”.

Para J. Whitmore sería algo así como una técnica para ayudar a una persona a pensar por sí misma, a descubrir su potencial.

Las personas encargadas de realizar coaching son llamados Coach, para esto la RAE si tiene definición (traducida del inglés), “Persona que asesora a otra para impulsar su desarrollo profesional y personal” o también lo define como un entrenador.

Bien, por el momento las diferencias son abismales. La psicología es una ciencia llena de técnicas y el coaching una sola técnica. Vamos a adentrarnos en más aspectos.

Dentro de la psicología, un pilar básico es lo que llamamos la “alianza terapéutica”, ese ambiente inicial que se crea con el paciente, a través de la conversación. No todos los psicólogos consiguen realizar esta alianza adecuadamente con sus pacientes o clientes, esto puede suceder por varios motivos, pero eso no es lo importante. ¿confías en un fisioterapeuta o un médico que no “te cae bien”, que crees “no sabe mucho sobre lo que te ocurre”, o que no te está ayudando a solucionar aquello que te molesta actualmente? La respuesta probablemente es no, con los psicólogos pasa lo mismo.

No todos los psicólogos pueden ayudar a todas las personas, cada uno es especialista en su área y por su forma de ser podrá ayudar o no a una serie de personas.

Otro aspecto clave de la psicología que me gustaría aclarar es que no solo soluciona problemas, las funciones de la psicología son mucho más amplias. Las áreas clínica y sanitaría son las más dedicadas a la solución de problemas, pero muchas otras áreas de psicología, e incluidas las anteriormente mencionadas, trabajan sobre todo para impulsar el desarrollo de las personas, su potencial.

Desde la psicología aplicada, en un gran porcentaje de ocasiones, se trabaja para el aumento del bienestar y el rendimiento de la persona. El desarrollo y el proceso de cambio son fundamentales en la intervención psicológica, es decir, ir al psicólogo no es “malo”, no tiene por qué haber un problema grave.

Ahora mismo siento que en pocos párrafos he desmontado la utilidad del coaching, y tampoco es esa mi intención. Como psicóloga he decidido formarme en coaching, ya que considero que no son enemigos, ni tienen por qué estar reñidos.

Mientras que el coaching es una técnica, una herramienta que facilita el proceso de cambio de la persona, mediante la conversación, las preguntas, la reflexión, y dando gran importancia a las emociones de la persona, la psicología cuenta con cientos de técnicas diferentes. Incluso podríamos decir que el coaching es una de ellas. También existen otras técnicas más tradicionales (y directivas) totalmente en la línea opuesta.

Con esto quiero decir que el coaching no sirve para todo ni para todos, será útil a aquella persona que esté dispuesta a llevar su proceso de cambio guiada por esta técnica. Tampoco todas las técnicas de psicología y todos los psicólogos podrán ayudar a todas las personas, pero si es cierto que, buscando el profesional adecuado, este contará con un mayor elenco de técnicas que podrá utilizar para ayudarnos a mejorar, a cambiar, a solucionar un problema, o a aumentar nuestro bienestar general. Antes de pedir ayuda, busca a la persona más adecuada a tus necesidades, aumentarás las probabilidades de éxito.

Para acabar me gustaría dedicar unas palabras, tanto a aquellos que vienen de otras profesiones y ayudan a algunas personas mediante la técnica del coaching, como a mis colegas de profesión, los psicólogos:  por favor, y por el bien de nuestra profesión, sed responsables con las personas a las que ayudáis, sed coherentes y sabed hasta donde podéis llegar. Es mejor decir “hasta aquí puedo llegar” y derivar a otro profesional, que continuar por miedo o inseguridad y perjudicar a la persona que depositó su confianza en nosotros.

 


Lara Jiménez
Nº Col. CL-4751

La magia del control

La magia existe.

Los elefantes vuelan.

Las matrículas se cuentan.

Los azulejos se saltan.

Y de todo esto, tú, puedes ser el director de orquesta.

En la lógica del Trastorno Obsesivo Compulsivo se puede controlar la existencia.  Esta es la gran trampa a la que se exponen casi el 1,6 por ciento de la población.

El trastorno obsesivo compulsivo es una enfermedad de curso crónico caracterizada por la presencia de obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son ideas no deseadas por la persona que inundan la conciencia y que suponen un estrés continuo; las compulsiones son los actos, las acciones formales diseñadas para neutralizar  o impedir  el malestar o algún acontecimiento temido.

Es fácil si recordamos al gran  Jack Nicholson en Mejor imposible con su juego de cubiertos desechables para no usar los mismos que otros clientes. La obsesión, en este caso, sería contaminarse y la compulsión utilizar siempre los cubiertos dispensables para evitar ser infectado.  Lo veíamos también alineando perfectamente sus zapatillas de andar por casa  y haciendo un gran esfuerzo por no pisar las líneas del suelo.

Un aspecto clave de cómo la mente construye esta prisión es que, en el proceso de desarrollo de un trastorno  obsesivo compulsivo, existen regularidades. Subyace una estructura lógica de pensamiento que en un principio ayuda al sujeto a aliviar la angustia provocada por lo desconocido, o como llamaría Giorgio Nardone en su libro sobre Obsesiones, compulsiones y manías; la tiranía de lo absurdo.

De hecho, entre las motivaciones fundamentales que activarían pensamientos y acciones compulsivos, una de ellas  consiste en la exacerbación de procesos de razonamiento racional hasta hacerlos completamente irracionales. “De lo lógico se llega, por exceso, a lo ilógico “ (Obsesiones, compulsiones, manías de Giorgio Nardone con Claudette Portelli)

El control actúa como una fuerza potente, una forma de combatir la angustia o los síntomas depresivos que frecuentemente acompañan a esta patología. “Si controlo todo, no podrá sucederme nada horrible o peligroso”. Sin embargo,  cada vez supone más esfuerzo y más dedicación y el trastorno acaba siendo uno de los más invalidantes en salud mental. El TOC influye en la vida del paciente y en la de su entono. Las obsesiones tienen un gran impacto negativo en las relaciones interpersonales y en la calidad de vida.  Los pacientes consumen mucho tiempo y esfuerzo en sus rituales y compulsiones para asegurarse de que no sucedan de las temibles consecuencias que imaginan.

La siguiente historia, contenida en el libo El arte de amargarse la vida de Paul Watzlawick, refleja con mucho humor el proceso obsesivo.

En ella, una persona aplaude de forma sistemática para espantar a los elefantes. El compañero, que presencia la escena, le recuerda que es poco probable que aparezcan elefantes en Nueva York a lo que nuestro protagonista contesta, “¿Ves? Porque los he espantado con las palmadas”.

Existen varios tipos de TOCs  ; lavadores, limpiadores, verificadores, somáticos e hipocondríacos. Repetidores, ordenadores, acumuladores, ritualizadores, numerales etc.   A su vez, las obsesiones pueden ser sobre la salud y apariencia física, contaminación, filosóficas y religiosas, de contenido agresivo… Paco León nos muestra algunos en su película TOC TOC, donde él interpreta a un taxista cuya obsesión es contar (toc numeral), Rossy de Palma representa al tipo verificado y repetidor y Alexandra Jimenez al TOC limpiador.

¿Se puede diagnosticar? ¿Se puede tratar?

Sí y Sí.

Pueden existir dificultades para diagnosticar el TOC porque los pacientes guardan secreto sobre sus síntomas o porque tienen una baja conciencia de enfermedad.  Además,  los síntomas obsesivos son, con frecuencia,  muy reforzados en ambientes laborales.  El punto estable de la sociedad reside en las obsesiones. Las personas con TOC pueden ser muy perfeccionistas, trabajadores muy disponibles y excelentes cumplidores. Sin embargo, en el estudio de Hollander y cols se contemplaba  que un cuarenta y  siete por ciento de las personas diagnosticadas con TOC tenían interferencias en el puesto de trabajo y el cuarenta por ciento presentaba una imposibilidad  de trabajar.

El tratamiento psicológico es el de elección  y consistirá en informar al paciente y a sus familiares y enseñar a modificar la respuesta a las obsesiones. Para esto, estamos nosotros.

Por último, y con la promesa de que es la última vez que cito a P. Watzlawick, Lo malo de lo bueno es una obra que versa sobre cómo aceptar la incertidumbre como parte de la vida cotidiana y lo necesario de actuar sin saber todos los detalles.

Y en lo bueno de lo malo, este extracto del  magnífico poema de Neil Hilborn “ OCD”:

“Cuando tienes trastorno obsesivo compulsivo en realidad no tienes momentos callados.

Incluso en la cama, estoy pensando:

¿Cerré las puertas? Sí.

¿Me lavé las manos? Sí.

¿Cerré las puertas? Sí.

¿Me lavé las manos? Sí.

Pero cuando la vi, la única cosa en la que pude pensar fue en la curva de sus labios”.

 


Laura Martínez
Nº Col. AN08993

 

¿Cuándo acudir a un sexólogo?

Actualmente la figura del sexólogo es desconocida para la mayoría de la población. La sexualidad continúa siendo un tema tabú para muchas personas en la sociedad de hoy en día, y es por ello que la gente omite hablar sobre ello si aparece alguna dificultad en ese ámbito, ya sea por vergüenza y pudor, por desconocimiento, etc.

Sin embargo, la sexualidad es un pilar básico en la vida y el bienestar de las personas. Además, la sexualidad no es algo que permanezca estático a lo largo de los años: es dinámica, cambia y evoluciona durante toda la vida, por ello se puede decir que no hay una única sexualidad, ni si quiera dentro de una misma persona. Podemos definir la sexualidad como una capacidad que todos tenemos, que podemos desarrollar y que es el resultado de todo lo que somos: nuestra sexualidad depende de nuestra historia de vida, en ella influyen tanto nuestra biología y nuestra personalidad como nuestra cultura, nuestra educación, etc.

Afortunadamente, los medios de comunicación están empezando a visibilizar esta profesión, pero en muchas ocasiones se muestra al sexólogo como aquel profesional que se dedica exclusivamente a dar consejos para disfrutar más de nuestra sexualidad, es decir, solamente hace hincapié en el placer que se puede obtener mediante la sexualidad. Y aunque esa es una parte importante de nuestro trabajo, un sexólogo sirve para muchas cosas más.

No podemos olvidar que la Sexología es una rama de las ciencias de salud, por lo que los sexólogos son profesionales que velan por la salud sexual de las personas, y esto abarca tanto la esfera física como la mental y emocional.

Para facilitar la accesibilidad de la población a estos servicios es necesario conocer qué ofrece un sexólogo, por lo que continuación se mencionan algunas de las muchas labores que puede desempeñar:

  • Da información adecuada:

“¿Es normal que solo me excite si mi pareja lleva tacones puestos?”

“¿De qué forma me afectará haber llegado a la menopausia?”

“Me han diagnosticado una enfermedad de transmisión sexual, ¿qué es?”

“Siempre me han dicho que si me masturbo me quedaré ciego y me da miedo que ocurra”

En ocasiones hay dudas sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad que nos inquietan y que si no se resuelven a tiempo pueden crear situaciones más complicadas de solucionar.

El profesional de la sexología también puede desmitificar algunas creencias que habitualmente pasan de boca en boca debido al tabú que existe sobre la sexualidad y a que muchas veces se recurre a fuentes poco fiables para resolver las dudas que pueden aparecer y  que no nos atrevemos a preguntar.

 

  • Aconseja y educa en sexualidad:

¿Qué método anticonceptivo sería el adecuado para mí?”

“Mi hijo con discapacidad intelectual se masturba mucho, ¿qué podemos hacer?”

“Ha llegado la hora de hablar con nuestra hija de sexo, ¿cómo lo hacemos?”

“Mis amigos dicen que si cae semen en mi ropa interior me puedo quedar embarazada”

Hay situaciones en las que no tenemos muy claro qué podemos hacer o qué opciones tenemos, generalmente por la falta de información que hay. Un sexólogo puede ayudarnos a resolver todas esas cuestiones en las que no sabemos muy bien cómo actuar.

 

  • Realiza terapia sexual:

“Soy incapaz de llegar al orgasmo”

“Me quitaron un pecho y no me siento atractiva ni deseable, evito el sexo”

“Nací en un cuerpo que siento que no me corresponde”

“Hace unos años sufrí acoso sexual y desde entonces no me atrevo a tener relaciones”

El profesional de la sexología puede realizar terapia cuando aparecen disfunciones sexuales, es decir, aquello que nos impide tener una relación sexual satisfactoria. Las más conocidas son la eyaculación precoz, la disfunción eréctil, un bajo deseo sexual…pero puede ser cualquier cosa que no permita que disfrutemos de las relaciones sexuales (autoestima, culpa…).

La terapia sexual también es útil en casos de adicción al sexo, de acoso o abusos sexuales, puede ser parte de una terapia de pareja, en casos en los que alguna medicación puede interferir en la vida sexual…etc.

Es decir, la terapia sexual es recomendable siempre que haya algo que nos incomode o no nos permita sentirnos satisfechos con nuestra sexualidad, no sólo con aquella que se reduce a los genitales, si no a todas sus dimensiones (emocional, cognitiva, sensorial, biológico, social…).

Esto ha sido solo una presentación muy resumida, estas y muchas otras cosas pueden solucionarse con la ayuda de un profesional de la sexología, que posiblemente también esté formado en psicología o medicina, por lo que brindará una atención adaptada a las necesidades de cada paciente.

Y ahora que conoces esta información….¿podemos ayudarte en algo?

 


Libertadl Clemente
Nº Col. CL-4218

Terapia psicológica vs terapia farmacológica

Que en España el nivel de antidepresivos y ansiolíticos haya llegado a impregnar los ríos (literalmente) hasta el punto de que de un tiempo a esta parte se esté estudiando el impacto de los restos de estas sustancias (que navegan desde las aguas residuales hasta diversos ecosistemas) no es una casualidad, y es que nuestro país es líder en Europa en el consumo de psicofármacos, y uno de los países con la tasa más alta de receta de ansiolíticos -¡atención!- del mundo.

Poca duda cabe de la popularidad, generalización y expansión de este tipo de fármacos, siendo cada vez más frecuente tener un familiar, un/a amigo/a, un/a conocido/a, o ser un/a mismo/a quien hace uso de ellos, a menudo, bajo la receta del médico de cabecera correspondiente. A excepción de algunas ciudades o comunidades autónomas en las que se está incluyendo la figura del/la psicólogo/a en atención primaria lo cierto es que lo más habitual es que no se produzca derivación a un especialista o que en última instancia se llegue a psiquiatría, no siendo todo lo frecuente que debería el poder acceder a otro tipo de soluciones a menudo más efectivas a largo plazo, como la psicoterapia o terapia psicológica.

Lo cierto es que muchas de las personas que reciben este tratamiento con fármacos acuden en algún punto a consulta psicológica, pero ¿porqué estando recibiendo ya un tratamiento precisan de una alternativa?, ¿cuáles son las limitaciones de la psicofarmacología?, ¿cómo tomar una decisión respecto a cuál es la mejor opción para mí si no hay un consenso en la comunidad científica?

Si actualmente tomas o has tomado alguna medicación, quieres dejar de tomarla después de mucho tiempo o si te estás planteando en la actualidad a qué profesional deberías acudir este post te interesa.

 

Psicofármacos: ni la panacea ni el demonio.

La psicofarmacología, en algunos casos, resulta útil, pero no es infalible: una ayuda, un empujón…una pequeña muleta. El problema de las muletas es que no caminan solas, es la persona la que debe recorrer el camino, un antidepresivo puede procurar que mi estado de ánimo esté un poco mejor, pero si nada más cambia en aquello que me ha llevado a la depresión eso no logrará que deje de sentirme deprimida.

La psicofarmacología, en algunos casos, resulta necesaria: existen determinados tipos de problemas para los cuales los fármacos suponen una mejora significativa en la calidad de vida de la persona, es el caso de la esquizofrenia, el trastorno bipolar, algunos tipos de psicosis…la medicación es una gran ayuda para mantener el equilibrio, un equilibrio desde el cual se puede fomentar la salud mental a través de la terapia psicológica, que a menudo se combina con la anterior.

En conclusión, este artículo no pretende demonizar todo aquello referente al consumo de psicofármacos, pues bien es cierto que como se ha apuntado anteriormente puede resultar beneficioso, con la salvedad de que el abuso de los mismos constituye una realidad y por ello es importante considerar que estamos ante un problema de sobremedicación. Muchas personas que no necesitan psicofármacos dependen de ellos en la actualidad.

¿Cómo sé si mi problema debe tratarse con medicación o no?

Consulta siempre a un especialista, los/las psicólogos/as están preparados/as para evaluar la necesidad de una derivación, o el requerimiento de emplear medicación para ser combinada con el tratamiento, si necesitas tomar algún psicofármaco el/ella te lo hará saber y te derivará. Al igual que ante una dolencia cardíaca acudimos al cardiólogo la recomendación es que deposites tu salud mental en profesionales que se dediquen a ello.

 

¿Puede la psicofarmacología solucionar mis problemas?

La psicofarmacología, en muchos casos, no es una solución, sino una medida paliativa.

Para la ejemplificación de esta cuestión hagamos un paralelismo con el colesterol, algo bastante frecuente en nuestra población.

A menudo las personas con el colesterol elevado utilizan medicación para reducir sus niveles, pero el colesterol alto, por muchas pastillas para ello que consuma la persona, no va a bajar “para siempre” si no se produce un cambio en el estilo de vida de la persona (mejora de sus hábitos de alimentación y actividad). A menos que ese cambio se produzca necesitará la medicación de por vida, y su problema no se habrá solucionado, sino que se estará “mantenido a raya” por algo externo, si retiramos la medicación el colesterol saldrá disparado.

Con la salud mental ocurre lo mismo, por ejemplo, en personas que padecen un Trastorno Obesivo Compulsivo es habitual que se receten ansiolíticos, y estos a su vez pueden disminuir la activación. Un descenso en ese nivel de activación per se no va a hacer que la persona, imaginemos el caso, deje de comprobar 30 veces si ha cerrado la llave del gas, porque los pensamientos, las creencias, el origen del problema, el mantenimiento del problema o cómo se ha reforzado esa conducta a lo largo del tiempo no tienen una relación causa-efecto con el nivel de activación, y por lo tanto no va a desaparecer con el consumo de una pastilla.

La recaída.

La terapia psicofarmacológica tiene una tasa de recaída significativamente superior a la de las terapias psicológicas (existiendo en este caso diferencias según el modelo), ¿a qué puede deberse este efecto?

Ciertamente si nos paramos a pensarlo es bastante lógico: si por las noches no puedo dormir, o me cuesta mucho conciliar el sueño porque estoy atravesando una situación difícil, porque mi trabajo es muy estresante, porque tengo dificultades en la relación con los demás y cuando llego a la cama no dejo de darle vueltas a lo que ocurre con mi pareja o por ejemplo si soy extremadamente autocrítico/a y vivo bajo un machaque tal que cuando llego a dormir me siento lo peor de la faz de la tierra es muy posible que ante la desesperación decida acudir al médico y pedir que me recete algo que me deje “kao” por las noches para poder dormir. ¿he aprendido a gestionar el estrés laboral?, ¿sé ahora cómo relacionarme mejor con mis seres queridos?, ¿se ha resuelto mi crisis de pareja? En efecto, la respuesta es no, puedo dormir y evidentemente esta cuestión no es baladí, pero nos quedamos en el corto plazo. ¿Cuál será el camino?

El camino al que lleva esta cuestión se bifurca:

– Por un lado, si quiero seguir durmiendo tomando la pastilla mi destino es la dependencia, con las implicaciones que puede tener en mi organismo a nivel de efectos secundarios. Además, la cronificación del tratamiento puede (y suele) conducir al fenómeno de la tolerancia: esto es que cada vez necesito una dosis mayor para lograr conciliar el sueño porque mi cuerpo se ha “acostumbrado” al efecto.

– De otro lado, puedo dejar la medicación. Ciertamente, este es el camino que en ocasiones lleva a la recaída: “no hay como no cambiar nada para que nada cambie”, si todo lo que hasta la fecha producía insomnio continúa presente al retirar lo que me hacía dormir la situación volverá al inicio. Es importante que en caso de querer abandonar la medicación siempre sea de forma pautada por tu psiquiatra, ya que lo contrario podría poner en riesgo tu salud.

Cuando los síntomas que padezco son mi sistema de alarma o cuando necesito sentirme así.

En una sociedad como la nuestra, en la que se fomenta de forma abusiva la importancia (y necesidad) de “ser feliz” de tal forma que lo que se escapa a esta premisa supone poco menos que el mayor de los fracasos, es cada vez más frecuente que determinadas emociones o estados emocionales se consideren “patológicos” y queramos “quitarnos eso de encima”.

El hecho es que, por ejemplo, la rabia o el enfado son emociones a menudo mal consideradas como “negativas”, cuando gracias a ellas logramos separarnos de algunas personas que nos dañan: si por ejemplo mi pareja me engaña mi rabia hacia ella favorece que me aleje, surge para ayudarme a salir de una situación dolorosa, si por contra sintiese alegría esa emoción no serviría de nada para el propósito de que yo sea capaz de separarme si ese es mi deseo. Las emociones tienen una función, si medicamos para no sentir en cierta medida nos estamos “desprotegiendo” e incluso podemos generar que los problemas empeoren o se cronifiquen.

Cuando las personas atraviesan un duelo la expresión de la tristeza o de las emociones vinculadas a esa pérdida de un ser querido es absolutamente necesaria para elaborar esa pérdida, si al poco tiempo de fallecer la persona pretendemos no estar tristes o deprimidos y recurrimos a la psicofarmacología para paliar un evento natural para el ser humano convertimos algo que simplemente sigue su curso en un problema, o puede que incluso nuestro duelo se complique porque queremos “evitar” la aceptación y/o el reconocimiento de la pérdida.

Las personas sentimos porque necesitamos los sentimientos, como el hambre o la sed, para avisarnos de que una necesidad no está cubierta, no todo son síntomas que debemos eliminar.

¿Es la psicoterapia una alternativa? ¿Cuáles son sus ventajas?

  • Utilizando la psicoterapia se puede ayudar a las personas a manejar los pensamientos, emociones o conductas que son de hecho las que les acaban llevando al consumo de psicofármacos.
  • La psicoterapia no sólo es una alternativa, sino que en muchos casos sus resultados son más satisfactorios y duraderos, siendo menos frecuente la recaída.
  • La psicoterapia no tiene los efectos secundarios nocivos para la persona ni su salud física que tienen los fármacos.
  • La psicoterapia, incluso aunque sea desde el ámbito privado, es más económica que toda una vida consumiendo fármacos.
  • Tiene propuestas de solución para problemas que la psicofarmacología no puede abarcar: desde la terapia se puede trabajar la autoestima, o las habilidades sociales, el conflicto de pareja… a día de hoy no hay ninguna pastilla para eso.
  • El autoconocimiento y el análisis de las causas de los problemas es lo único que puede probabilizar que ante la misma dificultad futura pueda actuar de forma diferente, de lo contrario puedo tender a la repetición y por ello tarde o temprano encontrarme en la misma situación indeseada.
  • Escuchar tus emociones y ser consciente de tus necesidades es el primer paso para cubrir la necesidad.
  • Muchas dificultades en las que tu psicólogo/a puede ayudarte no necesitan medicación, y si fuera necesario te lo hará saber.
  • Mediante la terapia psicológica tú tienes el control, no precisas de algo externo porque tú eres quien maneja tu mundo interno.
  • La terapia fomenta la aceptación frente a la patologización.
  • En ocasiones va a ser necesario que tomes medicación, también en combinación con la terapia, consulta siempre a un/a especialista tanto para comenzar el tratamiento como para su retirada.

En definitiva, desde la psicología se alza la propuesta de abogar por el crecimiento personal, la aceptación de las emociones, la resolución de problemas y la consecución de “la salud” como un concepto amplio al que le son transversales diferentes factores: la salud a nivel mental, físico, social o afectivo.

“La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”. – Sigmund Freud.

 


Pilar Rico
Nº Col. M-31466