¿Por qué los hombres no acuden a Terapia?

Según la encuesta Europea de Salud en España (2014) casi 1.800.000 personas acudieron a un psicólogo.

Tradicionalmente, asistir al psicólogo ha estado acompañado de estereotipos si bien estos han ido cambiando con el paso del tiempo. En una mayoría de países, hemos conseguido desligar la figura del psicólogo con los antiguos manicomios de paredes blancas y camisas de fuerzas que el cine nos ofrecía.

Pese a que todavía persisten algunas ideas preconcebidas que presentan a la persona demandante de ayuda como débil, desequilibrado o incapaz de gobernar su propia vida, estamos ante un evidente proceso de normalización  donde los jóvenes y las nuevas tecnologías han tenido un papel clave.

Sin embargo, en este proceso encontramos una diferencia importante en cuanto a género. Sólo un tercio de las personas que acuden a terapia son hombres.

 

¿Por qué los hombres no acuden a consulta?

La construcción cultural de género  ha descrito  y clasificado los roles de géneros de forma binaria: lo masculino y lo femenino.  Se ha dotado a cada uno de los grupos de unas características definitorias  creyendo que esta era la forma natural.

Hemos recibido un decálogo de cómo comportarnos, como sentir, como pensar e incluso que color llevar.

Entre los rasgos de la masculinidad tradicional se incluían la independencia, la asertividad, la fortaleza y  la censura de las emociones. El mundo emocional de los hombres se asociaba con debilidad y con una falta de autosuficiencia.  Porque si el hombre tenía problemas estaba en la obligación de resolverlos solo, o en el peor de los casos con ayuda de otros hombres.

De hecho, existe una clara proporción mayor de mujeres que se dedican al desempeño de la psicología y  sin embargo la imagen mental del psicólogo es siempre un hombre. En un recorrido cinematográfico, es  fácil recordar a Bruce Willis como el Dr. Malcolm en el Sexto sentido o a Robin Williams como S. Maguire en el indomable Will Hunting.

En cambio, la mujer ha sido tradicionalmente la proveedora de cuidados.  Esta obligación implícita de hacer que los demás se sintieran bien ha sobrecargado a las mujeres con la idea de que el cuidado de los demás era más importante que el suyo propio. Pero a su vez, ha acercado al género femenino a los cuidados emocionales, a tener una mayor responsividad emocional y ser más empáticas con el sufrimiento (al menos con el ajeno).

Otro factor que ha podido contribuir, en mayor o menor medida, ha sido el uso de sustancias. En los trastornos afectivos, el número de mujeres  dobla al de hombres. La depresión y el trastorno bipolar en hombres, han sido enmascarados con patologías relacionadas con el uso de sustancias, sobretodo el alcohol. Otros síntomas asociados al género masculino como trabajar en exceso pueden disfrazar los síntomas. En las depresiones en hombres pueden aparecer con mayor frecuencia  síntomas como irritabilidad o ira en lugar de sentimientos de desesperanza.

La Alexitimia (incapacidad para describir, identificar, expresar las emociones) también se presenta más en hombres.

En nuestra época, donde hombres y mujeres estamos luchando por un reparto más equitativo de los papeles en la sociedad, ha llegado la hora de que los hombres se puedan sentir cómodos con sus emociones, comunicarlas y  pedir ayuda.

Es hora de recuperar el derecho que nunca debieron perder, el de llorar.

 


Laura Martínez

Nº Col. AN08893

Ejercicio físico: ese gran aliado contra la depresión

Los efectos beneficiosos del ejercicio físico, tanto a nivel físico como a nivel psicológico, son un hecho cada vez más evidente. Numerosos estudios han puesto de manifiesto que la práctica regular de EF supone un aumento de la sensación de bienestar, autoconfianza y un mejor funcionamiento intelectual. Además de ser una buena estrategia para prevenir la hipertensión, diabetes, obesidad y otras enfermedades.

Por otro lado, también se ha visto que tiene múltiples beneficios para trastornos psicológicos tales como la ansiedad, depresión, el estrés e insomnio entre otros.

El EF se puede usar como tratamiento complementario en diferentes problemas psicológicos, como, por ejemplo, en la depresión, donde se puede utilizar junto con la farmacoterapia convencional, para llenar el desfase de 3 a 4 semanas que requieren los antidepresivos para mostrar efectos terapéuticos. Por otro lado, también sería útil en aquellos sujetos que no responden a los antidepresivos (aproximadamente un 30%).

De igual modo, se puede usar como método preventivo para las enfermedades mentales, ya que permite que las personas sean menos susceptibles a los factores que pueden desencadenar las mismas. De hecho, se ha comprobado que puede ayudar a prevenir una recaída después del tratamiento en el caso de la depresión y la ansiedad. En la línea preventiva, también reduce las probabilidades de sufrir algunos tipos de cáncer, como por ejemplo, el cáncer de colón, cáncer de próstata, cáncer de pulmón y cáncer de mama.

¿Cuál es la relación entre la depresión y el ejercicio físico?

Se ha visto, que tienen una relación negativa ya que, las personas con síntomas depresivos, tienden a tener bajos niveles de actividad física debido a su baja motivación y falta de interés en el mismo llevando un estilo de vida sedentario. Dicho estilo de vida sedentario, lejos de disminuir el malestar, puede incrementarlo. En esta línea,diferentes autores indican que las probabilidades de presentar síntomas depresivos son mayores en personas sedentarias que en aquellas que realizan algún tipo de EF. Podemos ver entonces como se da un círculo vicioso:

¿Qué características tiene que tener mi programa de ejercicio físico?

Se ha demostrado que los efectos antidepresivos del ejercicio físico se dan cuando se realiza con una frecuencia de 3 a 5 veces por semana. Donde, por debajo de 3 veces por semana no tendríamos un aumento del estado de ánimo, y más de 5 veces por semana, no produciría mayores aumentos del estado de ánimo, por lo que, con realizar actividad física 3 días a la semana ya aumentaremos de manera significativa nuestro ánimo. La duración tiene que ser mayor de 30 minutos en cada sesión y a una intensidad modera-alta. Si bien esta intensidad sería la más eficaz en la reducción de la depresión, una intensidad baja también tendría efectos positivos en el ánimo, por ejemplo, subir escaleras en lugar de usar el ascensor, ha resultado útil para mejorar el ánimo a corto plazo.

En cuanto al tipo de ejercicio físico a realizar, las investigaciones sugieren que tanto el ejercicio físico aeróbico (correr, caminar, nadar…) como no- anaeróbico (pesas) reducen la depresión, y además, lo hacen con independencia de la gravedad del cuadro depresivo. Es decir, se trate de depresión leve, moderada o grave, el ejercicio físico va a producir una disminución de la sintomatología depresiva.

¿Cómo produce cambios el ejercicio físico en el estado de ánimo?

Los investigadores afirman que realizar ejercicio físico con regularidad provoca cambios tanto en la mente como en el cuerpo. Y estos cambios, los realiza a través de mecanismos biológicos y psicológicos. Algunos de los mecanismos biológicos que median entre el EF y la salud mental son:

  • Incremento de la temperatura corporal que, de forma inmediata, produce un efecto tranquilizante.
  • Facilita la transmisión neuronal a través de la noradrenalina, serotonina y dopamina que mejora el estado de ánimo.
  • Provoca la liberaciónde sustancias químicas endógenas del cerebro similares a la morfina que favorecen la sensación de bienestar.
  • Reduce la tensión muscular después de su práctica, este período de relajación postejercicio dura, aproximadamente, unas cuatro horas y después retorna a los niveles previos de activación dentro de las 24 horas siguientes a su finalización.

En cuanto a los mecanismos psicológicos que explican la relación positiva entre EF y la mejora del estado de ánimo destacamos:

  • El EF proporciona una sensación de control, capacidad y autosuficiencia. Posibilita una sensación de logro ya nos permite conseguir metas y cambios, aunque sean pequeños. También puede hacernos sentir más satisfechos con nuestro aspecto y mejorar nuestra autoestima.
  • El EF es una forma de distracción y diversión. Cuando uno padece depresión es fácil recrearse en lo mal que uno se siente, rumiar una y otra vez pensamientos negativos y tener una preocupación excesiva sobre los sentimientos depresivos, todo esto, puede dificultar el afrontamiento adecuado de las situaciones y la resolución de los problemas que se nos van planteando o que pueden haber precipitado la depresión. El EF desvía la atención de los pensamientos y emociones desagradables a algo más placentero, como el entorno, la música que escuchamos mientras o los movimientos que estamos realizando.
  • El EF facilita la interacción social y el que nos relacionemos con otras personas pudiendo esto dar lugar a situaciones placenteras y mejorando nuestro estado de ánimo.
  • Mejora la función cognitiva tal como la memoria, la resolución  de problemas, el razonamiento y la conciencia espacial.
  • Actúa como un amortiguador disminuyendo la tensión causada por los acontecimientos estresantes.
  • Reduce el estrés y la ansiedad.
  • Mejora el sueño.Las personas que se mantienen activas tienden a dormirse antes, durante más tiempo y más profundamente.
  • Permite un afrontamiento saludable de la situación depresiva a diferencia de otros métodos que podemos utilizar para hacernos sentir mejor como puede ser, beber alcohol en exceso, comer ultraprocesados, fumar en exceso o simplemente esperar a que la depresión desaparezca sola.

Consejos para empezar a realizar ejercicio físico

Aún sabiendo todos los beneficios del ejercicio físico, la tarea de comenzar a hacerlo puede resultar bastante dura cuando se padece depresión. Por lo que algunas tácticas que podemos utilizar para que se haga el camino más fácil son:

  • Conseguir ayuda del profesional de la salud para que nos guíe y apoye con el programa de ejercicio físico.
  • Hacer una lista con aquellos deportes o actividades que nos pueden resultar más agradables o nos pueden gustar.
  • Establecer metas realistas y alcanzables. El objetivo no es empezar haciendo una cantidad de ejercicio muy grande, quedar exhaustos y no volver a realizar actividad física en un tiempo, sino establecer unas metas acordes a lo que somos capaces de hacer, mantener y aumentar progresivamente con el paso de los días. Por ejemplo, si solo somos capaces de andar 10 minutos al día, empezaremos por ahí, e iremos aumentando esa cantidad poco a poco.
  • Establecer un horario. Organizar en qué momento del día vamos a realizar el ejercicio e ir apuntando los días que realizamos ejercicio y el tiempo invertido. Esto nos permitirá ver nuestros avances y poder establecer nuevas metas conforme vamos mejorando.
  • Considerar el ejercicio físico como una herramienta más que le hará sentirse mejor pero NO como una obligación.

¿Cuándo hacer ejercicio físico?

Lo ideal es hacer ejercicio físico de la manera más regular posible.Aunque habrá días en los que no nos apetece realizar actividad física porque nos encontramos cansados, ansiosos o con demasiadas preocupaciones, precisamente en estos días, es cuando mejor nos vendrá el ejercicio por diferentes razones: Uno, porque el ejercicio físico nos va a dar energía y nos va a activar para poder realizar aquellas tareas del día a día que tengamos planificadas. Dos, porque nos va a permitir desconectar de esas preocupaciones que nos producen ansiedad durante unos minutos y,tres, porque después de realizarlo nos producirá un efecto calmante y tranquilizador como ya hemos comentado.

En cuanto a la hora del día en la que mejor es realizarlo. Si eres una persona ansiosa igual te beneficias más del ejercicio físico durante las primeras horas de la mañana, sin embargo, si padeces insomnio, sería mejor realizarlo a media tarde ya que la práctica por la noche dificultará la entrada en el sueño.

En aquellos casos donde sea imposible realizar la rutina de ejercicio físico que teníamos planificada, no debemos estresarnos por no cumplirla, sino buscar alternativas a esta situación. Puede ser que no podamos, por ejemplo, ir al gimnasio, pero si salir a andar unos 20 minutos, los cuales, nos puede ayudar a desconectar y relajarnos. Mientras hacemos ejercicio físico también puede servirnos de ayuda escuchar música.

Finalmente, recordemos que el objetivo no es cumplir grandes metas ni ser expertos atletas, sino cumplir metas realistas adaptadas a nuestras características y mantener dichas metas en el tiempo.

Por último, decir que si practica ejercicio físico regularmente pero la depresión o la ansiedad siguen afectándole, debería buscar ayuda profesional. El ejercicio físico no puede reemplazar al tratamiento médico de la depresión o ansiedad en casos moderados o graves.

 

Referencias bibliográficas:

Amigo, I. (2012). Manual de psicología de la salud. Madrid: Pirámide.

García-Herrera, J., & Nogueras, N. (2013). Guía de Autoayuda para la Depresión y los Trastornos de Ansiedad: Aprenda a controlar los pensamientos negativos.

Márquez, S. (1995). Beneficios psicológicos de la actividad física. Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología48(1), 185-206.

 


Mónica Álvarez

Nº Col. O-03091

Claves para no dejarlo todo para después

¿Eres de los que aplazas las tareas pendientes bajo el propósito de “lo haré mañana”? ¿Acumulas retrasos y a veces te sientes paralizado y/o abrumado? En primer lugar, debes saber que es algo que todos en algún momento hemos podido hacer pero que, mantenido en el tiempo, puede ocasionarnos cierto malestar. Cuando te ocurre esto, te estás viendo expuesto a la famosa postergación o procrastinación, un hábito que cada vez cobra más adeptos y que pese al “alivio” que a corto plazo nos pueda reportar, en muchas ocasiones, nos impide conseguir nuestros objetivos a largo plazo, así como, incluso,deteriorar nuestra percepción de valía.

Hablemos de la postergación: en qué consiste, cuáles son los beneficios de dejar de hacerlo y sobretodo y lo más importante: ¡Qué cosas podemos hacer para solventar esta situación!

Por qué postergamos y qué miedos hay detrás

Pese a que el refranero popular aconseja:no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy; lo cierto es que a muchas personas les cuesta cumplir con esto.

Postergación o procrastinación es el término que se emplea para referirse a la acción de retrasar actividades y/o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras, más irrelevantes o agradables. En ocasiones, se trata de tareas triviales, como puede ser: limpiar la casa o poner una lavadora, pasando por aspectos más de cuidado personal y/o hábitos saludables, como: ir al gimnasio, dejar de fumar, llevar una dieta equilibrada; también pueden ser cuestiones laborales: como fechas de entrega de informes o aspectos de relación interpersonal, como: compromisos sociales, cuidado al otro y/o, un largo etcétera.

Pese a que en unos casos u otros las consecuencias no son las mismas, la percepción de caos y de frustración suele ser compartida. Tras esta conducta de aplazamiento se pueden esconder ciertos miedos a los que la persona evita hacer frente. Entre los más habituales encontramos:

1. El miedo a la evaluación negativa y/o a ser juzgado: Las personas con una base más insegura y /o un autoconcepto algo deteriorado sienten pavor ante la evaluación negativa y evitan, en todo momento, verse expuestos a ella.

2. El miedo a la imperfección: Las personas con un perfil altamente exigente y/o perfeccionista que no toleran la frustración ni los errores, pueden llevarlos a bloquearse y dejar de actuar.

3. El miedo a lo desconocido: Esto ocurre ante determinadas situaciones que nunca hemos realizado y puedan suponer un reto para nosotros. En estos casos, en vez de actuar como aliciente, pueden bloquearnos por miedo a no conocer los resultados,lo que lleva a la persona, a evitar verse expuesta a situaciones nuevas.

Además, podemos añadir también, ciertas creencias erróneas como puede ser:  autoconvencernos de que somos personas que actuamos mejor bajo presión.Lo cierto es que ante un determinado umbral de estrés la competencia disminuye, así que hay que tener cierto cuidado con esto.Si te fijas, en todos los casos encontramos la evitación como respuesta en un primer momento a la situación. Esto, a corto plazo nos reporta cierto “alivio” pero en realidad estamos manteniendo el problema, porque tarde o temprano y más, si se trata de tareas laborales, vamos a tener que exponernos a ellas. Veamos ahora qué beneficios nos reporta hacer las cosas a tiempo.

Beneficios de hacer las cosas a tiempo

El hecho de cumplir con las tareas asignadas en el plazo de tiempo estipulado, no sólo nos supone una vivencia menos caótica y estresante de las situaciones, sino que también, dota de mayor sensación de gestión, control y organización del tiempo, así como, de la propia competencia, sentido de responsabilidad y valía. La persona se encuentra más estable con sus emociones y el autoconcepto que tiene sobre sí misma se vuelve más positivo. Además, logrando sus objetivos en el tiempo establecido, se hace más consciente de sus fortalezas y de su capacidad.Como beneficios secundarios tenemos que las relaciones sociales, posiblemente se vean más fortalecidas, si aprendemos a cumplir con los plazos, ya que estas personas muchas veces tienden a recluirse y a no relacionarse, justamente por su mala gestión del tiempo. Además, evitando la procrastinación adquieren también una mayor consideración en el trabajo y sentimiento de seriedad.

Cómo ves,tiene múltiples beneficios. ¡Veamos ahora cómo podemos dejar de postergar!  La clave estará en aprender a gestionar mejor nuestro tiempo para no dejar de lado otras esferas, no menos interesantes.

Cómo dejar de postergar

El primer paso es reconocerlo, asumir que nos estamos viendo expuestos a ello y tener una voluntad real de cambiar. Para intentar cumplir con las tareas del día a día es necesario que empieces a aplicar una serie de cambios.¡Ya verás como con ciertas pautas pequeñas puedes encontrar grandes resultados!

1. Asigna tiempos para las diferentes tareas: Es importante que aprendas a estipular un tiempo determinado para cada tarea pendiente, que sea ajustado y razonable, es decir, que te resulte fácil de cumplir. En un primer momento, puede pasarte que te pases por arriba o por abajo, no te preocupes, el ser humano aprende por ensayo y error.  Te aconsejo que distribuyas las mismas por bloques y, valores el nivel de relevancia, tal como explicamos en el punto siguiente.

2. Establece una lista de prioridades: Aprender a diferenciar lo urgente de lo prioritario y tenerlo presente, te será de gran ayuda para llevar a cabo las tareas de forma óptima.  De este modo tendrás presente qué tareas realizar en un primer momento, cuáles realizar después y qué tareas, puedes dejar de hacer, sin sentimientos de culpa.

3. Planificación diaria: El día anterior, dedica un tiempo a planificar tu día siguiente, haz una lista diaria de las tareas que tengas que realizar por orden de relevancia y/o tiempos.

4. Evita distracciones: Es importante que el tiempo que dediques a las tareas, seas capaz de focalizar tu atención en la tarea pertinente, libre de otros estímulos perturbadores que puedan desconectarte. Para ello deberás adaptar el ambiente, libre de distractores.

5. Trabaja la tolerancia a la frustración: Entiende que a veces las cosas no salen como quieres, que puedes cometer errores y que deberás saber gestionarlo para tener una mejor relación contigo mismo.

6. Asume que no puedes gustar a todos: Pretender hacerlo sería agotador, esfuérzate mejor en ser como quieres tú. E intenta dar la mejor versión de ti mismo.

7. No te olvides del ocio: No confundas el hecho de cumplir con plazos, con por ello prescindir de esta esfera tan importante y necesaria en tu vida. Conservar una parcela para tu ocio, diaria, te reporta bienestar y en consecuencia una mayor felicidad.

8. Prémiate por tus logros: Concédete permisos para reforzarse y felicitarte por todo aquello con lo que cumplas. Si conoces de antemano tu recompensa, puede actuar como aliciente y resultar tu motor de acción cuando te encuentres estancado.

Si aún y así no te ves con las herramientas para hacer frente a esta situación, desde PSIKO disponemos de un equipo altamente cualificado que puede ayudarte a que adquieras esta competencia y mejores tu calidad de vida. ¡No temas pedir ayuda si la necesitas! Nosotros estaremos encantados de poder acompañarte en tu proceso de cambio.

 


Verónica Vivero

COPC-19212

 

El pasado no vuelve, y el futuro es incierto… ¡Me quedo en el presente!

“El Mindfulness es la conciencia que emerge de prestar atención al momento presente, con un propósito y sin juzgar. No hay un por qué, todo esto se hace al servicio de la sabiduría y de la compasión, para vivir y llevar una vida plena de sentido” Jon Kabat-Zinn.

Podríamos decir que esta corriente se compone de un conjunto de técnicas de amplia eficacia demostrada para mejorar la concentración, el estado de ánimo, y la calidad de vida entre otros aspectos; aunque en realidad es una filosofía de vida, que nos permite fluir con el presente.

Dentro del Mindfulness, el programa más estudiado a nivel científico es el MBSR, Reducción del Estrés Basado en la Conciencia Plena, de Jon Kabat-Zinn. Dicho programa consta de 8 semanas en las que el paciente aprende a aplicar estas técnicas en su vida diaria y obteniendo así numerosos beneficios.

El principio fundamental del Mindfulness consiste en la atención plena al momento presente, es decir, centrarnos en el aquí y ahora manteniendo la consciencia al 100% en aquella actividad que estamos realizando; recordemos que el pasado ya no existe y el futuro aún no ha llegado, sólo podemos vivir el presente, así que vamos a intentar conseguir un estado de “Flow”, manteniéndonos totalmente concentrados y absortos en él.

OTROS PRINCIPIOS DEL MINDFUNESS

 

Apertura a la experiencia: ser capaces de observar todo lo que ocurre, como si fuese la primera vez que tenemos esa experiencia, sentimiento, o realizamos esa actividad. Tener curiosidad, tanto para lo agradable, como para lo desagradable.Da igual si lo que está ocurriendo es bueno, malo, regular o genial, la claves es no hacer valoraciones de lo que ocurre; sólo centrarse en lo que está ocurriendo. Observar nuestras sensaciones corporales (desde la cabeza a los pies), nuestras emociones, nuestros pensamientos y algo fundamental… NUESTRA RESPIRACIÓN.

Dejar pasar: no engancharnos con ningún tipo de pensamiento o emoción que haga suya nuestra atención. Todo en el mundo de lo material dura un cierto tiempo y desaparece después.

Aceptación: NO JUZGAR pensamientos, sentimientos o percepciones, ser capaces de fluir tanto con las experiencias agradables, como con las que no lo son tanto, y aceptar que son limitadas en el tiempo. Es imprescindible ser conscientes de lo que nos llega, capaces de adaptarnos a las diferentes situaciones y aceptar que hay cosas que son inevitables, como por ejemplo cometer un error. El dolor, las equivocaciones y la incertidumbre son naturales, si las aceptamos, aprenderemos a gestionarlas mejor y a utilizarlas para nuestro beneficio; por el contrario, si nos resistimos a ellas, nos producirán sufrimiento y problemas graves.

No tener intención: la práctica del Mindfulness no lleva a ningún propósito concreto, simplemente se practica la conciencia plena en aquella actividad que estamos realizando; siendo necesarias la motivación, la disciplina y la constancia para esa práctica continuada, ese es el propósito.

 

Estas técnicas tienen numerosos beneficios para nosotros y, a priori, son sencillas. Sin embargo, no vamos a engañar a nadie, no son una “pastilla mágica”, ni son rápidas ni fáciles al inicio; es necesario que seamos persistentes y constantes en su práctica, entrenando a diario, para comenzar a notar esos beneficios, convirtiendo esta habilidad en un hábito más dentro de nuestro estilo de vida.

Algunos de estos beneficios del mindfulness se traducen en:

  • Reducción del estés.
  • Aumento de la capacidad de atención y concentración.
  • Ayuda a cambiar de perspectiva.
  • Ayuda a controlar el “ruido” de nuestra mente.
  • Mejora la calidad de vida en enfermedades crónicas como el cáncer o dolor crónico.
  • Reducción de síntomas de ansiedad y depresión.
  • Ayuda a conciliar el sueño.
  • Mejora el estado de ánimo.

EN RESUMEN:

Para poder crear estos hábitos Mindfulness podemos usar varias técnicas diferentes como los anclajes a la respiración, los escaneos corporales, la atención a los sentimientos y pensamientos, etc. Siempre al inicio, es recomendable que estén supervisadas por un especialista, un psicólogo con experiencia en estas técnicas.

Lo que sí es básico, y sin ello no conseguiremos desarrollar el hábito del Mindfulness, es el entrenamiento de la respiración, nos ayuda a anclaros al momento presente y así evitar pensar en “que tengo que hacer mañana o que me faltó por hacer ayer”.

Ser capaz de atender a aquello que está ocurriendo en este momento de manera abierta y consciente, aquí y ahora, independientemente de que sea algo positivo, negativo, o neutro, y estar abiertos a la experiencia actual con curiosidad e interés; eso es Mindfulness.

Para saber más:

  • Kabat-Zinn, J. (2009). Mindfulness en la vida cotidiana. Donde quiera que vayas ahí estás. Paidós.
  • Kabat-Zinn, J. (2012). Mindfulness para principiantes. Kairós.
  • Siegel, R. D. (2011). La solución Mindfulness. Soluciones prácticas para problemas cotidianos. Desclée de brouwer.

 


Lara Jiménez Martín

Nº. Col. CL-4751

Hoy pueden pasar cosas espectaculares… O no

Es probable que la primera frase del título del post te sea familiar. Cada vez son más los productos que vienen acompañados de este tipo de mensajes. Artículos de papelería, textil, objetos de decoración, tazas, llaveros y un largo etcétera. Llevamos unos años en los que la felicidad está de moda y se está convirtiendo en un objeto de consumo. Y sí, reconozco que yo, alguna que otra vez, caigo con este tipo de productos porque sí, son muy monos.

Lo cierto es que me imagino llegando a casa después de un día duro, de esos en los que se alinean los astros en tu contra y te pasa de todo (lo peor) desde que pones un pie fuera de la cama y creo que no me sentiría reconfortada leyendo ese tipo de cosas. Haciendo un ejercicio de memoria, recuerdo cómo en ocasiones me ha sentado hasta mal leer esto en ese tipo de momentos.

En contraposición a estas marcas predicadoras de la felicidad, están apareciendo otras que ofrecen grandes dosis de realismo. Aunque, sinceramente, no me imagino recién levantada desayunando en una taza que diga “Hoy puede ser un día de mierda”, por muy probable que sea.

Lo que pretendo transmitir con los párrafos anteriores es que nos paremos a pensar cómo nos sentimos obligados a estar felices. La alegría es una emoción primaria que nos llena de entusiasmo y resulta tremendamente placentera, ¿cómo no íbamos a querer estar alegres? Aquí llega el problema, y cada vez estoy más convencida de que es un verdadero problema, es que a las emociones que no nos resultan agradables las llamamos negativas. ¿Realmente es negativo sentirse triste? Si una persona tiene problemas personales o se encuentra en un duelo, por ejemplo, ¿no sería algo poco común que estuviera feliz? Ojo, que con esto no quiero decir que no pueda ser así.

Lo cierto es que la vida no es de blanco y negro, sino que hay un inmenso arco iris repleto de colores. Tan normal es que nos podamos sentir alegres como que nos inunde la tristeza, sintamos ansiedad o melancolía, experimentemos miedo ante algo que nos asuste, o nos relajemos en unos días de descanso y que, incluso, nos enfademos. Y así, podría ocupar párrafos y párrafos describiendo y enumerando emociones. También nos puede pasar que no sepamos qué nombre tiene eso que nos ocurre.

De lo que se trata es de reconocer lo que nos pasa y aceptarlo. Cuando negamos lo que nos pasa, estamos reprimiendo emociones y eso es muy nocivo para nuestra salud, no solo a nivel mental, también físico. Es muy importante otorgarle el espacio que necesitan esas emociones y escuchar lo que nos quieren decir. Todo esto es lo que llamamos Inteligencia Emocional (¡casi nada!) y es una capacidad que podemos desarrollar a lo largo de nuestra vida.

 


Alejandra Muñoz

Nº Col. AN09995

Cómo elegir bien a tu Psicólogo

Cuando una persona está sufriendo, pasando por un momento difícil o bien quiere realizar un cambio en su vida y no sabe cómo, el paso más importante y a veces el más complicado es decidir acudir a terapia psicológica. Diversos son los motivos que actúan como barreras que dificultan dar ese paso, como por ejemplo tener que hablar de temas privados y sensibles para la persona o el temor a  lo que puedan pensar los demás si se enteran de que uno va a consulta.

Una vez que se toma esta decisión nos puede surgir la siguiente pregunta: ¿y cómo puedo elegir a un psicólogo/a que sea adecuado/a para mí? No hace falta buscar demasiado para encontrar una amplia oferta de psicoterapeutas, terapeutas o diferentes “profesionales” que afirman poder ayudar a cualquiera que lo necesite.

El objetivo de este artículo es que cualquiera pueda diferenciar entre un profesional cualificado con un mínimo de garantía respecto a aquellos que no pueden ofrecer eso.

Por este motivo y en primer lugar, se enumeran a continuación una serie de requisitos que debería tener el o la psicoterapeuta elegido/a. Estos datos básicos deberían ser visibles en la información de cada profesional, por lo que si no figuran conviene ser precavido.

Condiciones a valorar

Tener el título de Psicología. Puede parecer algo obvio que si estamos buscando un/a psicoterapeuta debería estar en posesión de la Licenciatura o Grado en Psicología, pero esto no siempre es así. Hay personas que se denominan psicoterapeutas o bien utilizan otros términos más “imaginativos” que carecen de este título. Es importante indagar en el currículum del profesional para verificar que presente esos estudios.

Estar colegiado. Cualquier psicólogo/a que ejerza como tal tiene la obligación de estar colegiado. La colegiación consiste en un registro en el Colegio Oficial de Psicólogos, preferiblemente donde se lleve a cabo la actividad, que regula el ejercicio profesional. Como bien dice el Colegio Oficial de Psicólogos la colegiación constituye una garantía básica de calidad de los servicios psicológicos. Este registro garantiza, entre otras cosas, que se posea la titulación adecuada y obliga al cumplimiento de unas normas éticas.

Ser profesional sanitario. El tratamiento de los diferentes problemas psicológicos está considerada una actividad sanitaria, por lo cual el/la psicoterapeuta deberá ser profesional sanitario. Esto solo se consigue a través de tres formas diferentes: 1. Poseer la habilitación sanitaria, 2. Tener el título de Psicología General Sanitaria, o 3. Poseer el título de Psicólogo/a especialista en Psicología Clínica.

Formación especializada. Este requisito no es esencial ni obligatorio, aunque deseable. Durante la formación de un/a psicólogo/a, sea cual sea el camino que haya elegido, se estudia cualquier problema psicológico que pueda sufrir una persona. Aun así sería recomendable acudir a un/a psicoterapeuta que posea formación especializada en la temática que nos interesa debido a que hay problemas con gran complejidad o muy específicos. Por ejemplo, si alguien tuviera un problema  sexual sería recomendable que acudiera a un especialista en terapia sexual, o bien si elegimos un/a psicoterapeuta para nuestro hijo que sea especialista en terapia infantil.

Si a la hora de buscar un profesional ves que alguien cumple estas recomendaciones puedes tenerlo en cuenta para la elección.

¿Pero esto es suficiente para garantizarme que es el adecuado?

Estas recomendaciones son lo primero en lo conviene fijarse, pero no es lo único a tener en cuenta.

Una vez se encuentre a alguien con estas características y se empiece la terapia, una de las cosas más importantes y a valorar para saber si esa persona es la adecuada es ver si hay conexión entre los dos.

Según mi opinión, es muy positivo que tanto terapeuta y paciente encajen dentro del contexto de relación terapéutica. La terapia es un proceso intenso donde se tocan a veces temáticas muy personales y sensibles, o bien se tienen que realizar cambios muy difíciles en la vida de una persona, por lo que ayuda de forma significativa que haya buena sintonía entre ambos.

La persona debería poder sentirse cómoda, entendida y validada con su terapeuta. Esa es una de las mejores formas para comprobar que la elección ha sido la acertada.

En resumen, para encontrar a un/a psicoterapeuta adecuado/a hay que tener en cuenta principalmente dos cosas. La primera es la que corresponde al profesional y que está relacionada con su formación y características, y la segunda es la que atañe a la relación entre psicólogo/a y paciente.

Si has dado con un profesional debidamente acreditado y además te sientes cómodo/a y acogido/a estas en el lugar correcto.

 


Jesús M. Calderón

Nº Col. M-31505

La Psicología Online

¿Es fiable? ¿Es segura? ¿Funciona? ¿Es legal? … Son solo algunas de las dudas que suscita esta forma de hacer terapia psicológica. Por ello, sería interesante empezar a aclarar esas y otras posibles dudas que puedan surgir.

Situémonos. La Psicología Online nace de la mano de las nuevas formas de comunicación entre personas que predomina en el mundo actual. La vertiginosa evolución de esta manera de relacionarse ha hecho cambiar nuestra conducta en prácticamente todas las esferas de nuestra vida. El uso de las redes sociales es la manifestación más visible de este fenómeno, que ha permitido, entre otras muchas cosas, eliminar las distancias entre personas, independientemente de cuán lejos estén unas de otras.

Pero no sólo se ha eliminado la distancia entre las personas a la hora de establecer una comunicación instantánea de carácter informal, sino que esta comunicación se ha extrapolado a ámbitos como el trabajo, la educación y la sanidad. La Psicología, en tanto que disciplina sanitaria reconocida, se ha adaptado a las nuevas formas de comunicación, incorporando la opción de tratar a las personas realizando los procesos terapéuticos sin requerir presencia física, a través de las diferentes opciones que ofrece la comunicación online.

Otras disciplinas como la medicina, ya ha incorporado medios online que facilitan la comunicación entre profesionales y pacientes. La Psicología es una disciplina sanitaria que no requiere un contacto directo con el paciente, en tanto que opera con los planos conductual, emocional y cognitivo del mismo. Por este motivo, la adaptación de la Psicología a los formatos online ha sido más fácil, aunque tardío, si echamos un vistazo a países como Estados Unidos y descubrimos que este tipo de formatos están asentados y perfectamente normalizados desde hace más de diez años.

¿Es fiable la Psicología Online? Sí (si se hace bien). Y la pregunta lógica tras esto es “¿Qué es hacerlo bien?”. La respuesta a esta última pregunta no dista mucho de la respuesta que se daría a la misma pregunta, pero refiriéndose al formato tradicional, a la terapia psicológica de toda la vida. En primera lugar, que el profesional tenga la formación adecuada para poder tratar a los pacientes; es decir, que cuente con la titulación de Graduado/a en Psicología, o Licenciado/a en Psicología, un Máster de Psicología General Sanitaria y/o la habilitación sanitaria por parte del Ministerio de Sanidad (para el ejercicio de la terapia psicológica es obligatorio contar con el máster o la habilitación). En segundo lugar, que el profesional actúe de forma ética. Los psicólogos y psicólogas que ejercen a través del formato online han de regirse por el código deontológico, al igual que han de hacerlo los que realizan la terapia de forma presencial.  Finalmente, es importante aclarar que existen varios formatos online, y no todos son igual de eficaces y recomendables; el formato online que más se asemeja a la terapia presencial y que más fiabilidad transmite es el formato de terapia a través de videollamada, ya que permite que los y las terapeutas perciban la comunicación no verbal, así como una serie de claves que en otro formatos no sería posible (tales como la terapia por chat, o la terapia a través de correo electrónico, que también están contemplados para realizar la terapia psicológica).

¿Es segura? Sí, siempre que se pongan los medios adecuados. Si nos centramos en la videollamada, existen programas que permiten este tipo de comunicación, y algunos tienen más seguridad que otros. Pero, además, es muy importante tener en cuenta que a día de hoy muchas de las aplicaciones que utilizamos en nuestra vida diaria nos conectan con otras personas que cuentan con la misma aplicación y que además están en nuestra agenda de contactos. Por lo que estas aplicaciones pueden llegar a actuar a modo de redes sociales en algunas ocasiones. A la hora de establecer una terapia a través de videollamada, los límites entre paciente y terapeuta han de quedar perfectamente fijados y no pueden producirse invasiones en la intimidad por parte de una u otra parte. Lo recomendable para estos casos es que cada terapeuta cree una cuenta profesional para registrarse en las aplicaciones con las que se trabaje, no aportando más datos personales de los estrictamente necesarios. Con lo cual, la seguridad de la videollamada va a depender del nivel de responsabilidad que tenga la clínica online.

¿Funciona? Sí, funciona. La terapia online es un tema que está siendo estudiado con mucho interés, y los resultados que hasta ahora se tienen muestran como la eficacia de la terapia online es similar a la de la terapia presencial. Es decir, la terapia online es capaz de evocar los cambios necesarios para que una persona supere una dificultad, problema o trastorno psicológico en prácticamente el mismo grado en el que una terapia presencial es capaz de hacerlo.

¿Es legal? Sí, es legal. El Consejo General de la Psicología de España ha definido a la tele-psicología como “la prestación de servicios psicológicos empleando tecnologías de la información y de la telecomunicación, mediante el procesamiento de la información por medios eléctricos, electromagnéticos, electromecánicos, electro-ópticos o electrónicos. Dentro de estos medios podemos incluir los dispositivos móviles, los ordenadores personales, los teléfonos, las videoconferencias, el correo electrónico, webs de autoayuda, blogs, redes sociales, etc. La información puede ser transmitida tanto por vía oral como escrita, así como por imágenes, sonidos u otros tipos de datos. La comunicación puede ser síncrona (videoconferencia interactiva, llamada telefónica) o asíncrona (e-mail)” (fuente: http://www.cop.es/pdf/telepsicologia2017.pdf).

El Consejo General de la Psicología en España es la institución que engloba todos los Colegios profesionales de Psicología que hay en todo el territorio nacional, y que reconoce explícitamente el uso de las técnicas online para las intervenciones psicológicas.

Finalmente, PSIKO nace como la primera clínica de Psicología Online en España, con equipo propio, compuesto por integrantes muy formados, conectados entre sí, y con experiencia terapéutica tanto presencial como online, para ofrecer el mejor servicio de terapia psicológica y acercar la terapia donde los formatos tradicionales no llegan, con las máximas garantías de legalidad, seguridad y ética.

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Alberto Álamo

Nº Col. AN08736